Una vivencia más para recordar - Intelecto Hebreo

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27/09/2017
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Una vivencia más para recordar

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Una vivencia más para recordar


Por: Yonatan Landau (Israel)

Eran principios de los años ochenta, cuando veía a mi primo Abraham llegar lodos los shabatot (viernes-sábado) a la casa. El primo Abraham venía reluciendo un traje de color verde militar, que ante mis ojos parecía algo inalcanzable, un mito, un héroe; algo que sólo con la imaginación de un niño se puede explicar. Jayal (soldado), héroe de la patria, símbolo de constante lucha y tenacidad; eso es lo que Abraham era para mí.

Luego de muchos años, uno de mis deseos fue precisamente estar investido con el uniforme de Tzahal (Ejército de defensa de Israel); en el verano de 1996, terminando la secundaria, hice un pequeño viaje a Israel, con ello fui partícipe del programa Gadna (parte de la unidad de educación del Ejército de Defensa de Israel, que se encarga de introducir a los jóvenes israelíes y extranjeros al ejército, unos meses antes de que sean enrolados en las filas, en caso de ser extranjero, para dar una probadita de lo que es el Tzahal). El programa duró una semana, pero no fue suficiente.

Tres años más tarde, habiendo terminado la preparatoria y tendiendo a llevar a cabo el famoso viaje de Ajshará (preparación), entré una vez más a este programa; en esta ocasión en su versión más larga que dura 2 meses y el acercamiento al Ejército es mayor: tampoco fue suficiente.

Como dicen los proverbios: "Lo que pasa dos veces, seguro pasará una tercera vez" o "La tercera es la vencida". Así, siguiendo lo ya mencionado, hice aliyá, y como todo ciudadano Israelí, tuve que enrolarme en las filas del Ejército. Mucho nerviosismo e incertidumbre invadieron mi mente, pero como en toda ocasión... uno se acostumbra al hecho... cualquiera que este sea.

Llegó el día tan esperado, 12 de Diciembre, siete de la mañana, y yo ya estaba en el Bakum (base militar que se encarga de absorber a los nuevos soldados). Luego de estar en la base y pasar por el proceso de convertirse en jayal, subí a un camión con rumbo a Majane Shmonim (Campamento ochenta); ahí, tuve que pasar el entrenamiento básico para conocer los principios fundamentales de cómo es un soldado en Tzahal.

La tironut, en hebreo (entrenamiento militar básico) fue duro, no tanto por el esfuerzo físico, ni por la disciplina, sino que no es lo mismo los tres mosqueteros que veinte años después. Lo anterior lo explico de la siguiente manera: No es fácil estar en un cuadro militar con tanta disciplina y convivir con chavos de 18 años, que lo único que quieren es divertirse y pasar ratos agradables. El 14 de enero terminé la tironut, una etapa más en mi vida, la primera del ejército, pero una más para mi lista de éxitos.

Aún recuerdo aquel día que llegué a Majane Shmonim, noche lluviosa, gritos, escándalo nadie sabía absolutamente cual era nuestro porvenir y que podíamos esperar uno del otro. Ahora a un mes de aquella noche, digo... ¡ah!, valió la pena....

En el evento de clausura, me entregaron un libro... a mi parecer, el libro más conocido por la humanidad, «La Biblia». Que momento aquel, «La Biblia» que recibí tiene impreso en la portada el escudo del Ejército de defensa de Israel (Tzva Haagana LeIsrael). Me sentí muy emocionado, y es que posteriormente cantamos el Hatikva (La Esperanza), que es el himno nacional, no sólo israelí sino también judío.

Yo, vestido con la ropa que ha defendido el pequeño estado en tantas guerras y operaciones... recibiendo una Biblia, parado y habiendo terminado una etapa en el ejército. Me sentí ilusionado, me sentí lleno de vida, me sentí más fuerte que antes, y con más esperanzas para el mañana. Para mí fue un logro muy especial más aun, habiendo crecido en una casa donde la mayoría de las charlas se relacionaban directa o indirectamente con Israel y el holocausto. Y yo acá, aportando a la defensa del país que a mi parecer costó 6 millones de almas en el holocausto, más todas aquellas que fallecieron en todas las guerras de Israel.

Seguramente, por mi rango y experiencia militar, no tengo mucha trascendencia, pero se que el grano de arena que estoy aportando es importante. Ahora, más que nunca veo la importancia de defender algo que es mío, algo que durante 2000 años nos fue negado, algo que desafortunadamente tomó vida luego de una de las etapas más tristes y dolorosas de nuestro pueblo.

Voy caminando por las calles de Tel Aviv y me siento orgulloso de vestir esas ropas con las que recuerdo vi a mi primo Abraham.


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