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27/09/2017
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Una Interesante historia

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Una Interesante historia

Por: José Kaminer Tauber

A comienzos del siglo veinte, dos de los hombres más ricos y famosos en América, fueron un par de hermanos judíos llamados Nathan e Isidor Straus. Propietarios de la cadena de tiendas Macy’s y fundadores de la otra cadena A&S (Abraham & Straus), los hermanos eran multimillonarios, reconocidos por su filantropía y su actividad social.
En 1912, los hermanos y sus mujeres estaban recorriendo Europa en viaje de turismo, cuando Nathan, el más ardiente sionista de los dos, dijo impulsivamente un día:
"¿Por qué no damos un brinco a Palestina?

Israel no era entonces el lugar de turismo que es hoy día. Su población estaba devastada por enfermedad, hambre y pobreza; pero los dos tenían un gran sentido de solidaridad con sus hermanos menos afortunados, y ellos también querían ver la riqueza y el bienestar en los centros donde ellos habían donado sus millones.
Sin embargo, después de una semana de turismo, Isidor Straus ya había tenido demasiado.
"¿Cuántos camellos, chozas y yeshivas puede uno ver? Es tiempo de regresar," declaró Isidor con nerviosa impaciencia en su voz. Pero Nathan rehusó escuchar el mandato imperioso de su hermano. No era que él ignorara las privaciones que veía a su alrededor; era precisamente por causa de ellas que él quería quedarse.    

Al tiempo que él absorbía de primera mano la vastedad de desafíos que sus hermanos judíos estaban enfrentando, sentía el ardor de la responsabilidad.
"No podemos partir ahora", protestaba. "Miren cuánto trabajo hace falta hacer aquí. Nosotros tenemos que ayudar. Nosotros tenemos los medios para ayudar. No podemos darles la espalda a nuestra gente. ""Por eso enviaremos más dinero," replicó súbitamente su hermano. "Yo solo quiero salir de aquí."  
Pero Nathan sentía que el dinero simplemente no era suficiente. Sentía que los judíos que vivían bajo tales calamitosas circunstancias en Palestina, necesitaban la inmediata presencia de los hermanos entre ellos: sus iniciativas, sus guías y sus ideas. Isidor no estaba de acuerdo. Ambos discutieron una y otra vez, hasta que finalmente Isidor dijo,
"Si tú insistes, quédate. Ida y yo regresamos a América donde pertenecemos."
Los dos se separaron.  


Isidor y su mujer regresaron a Europa, mientras Nathan y la suya permanecieron en Palestina, viajando por el país y contribuyendo con grandes sumas de dinero al establecimiento de la educación, y programas de bienestar social para beneficio de los necesitados.
Nathan también financió la creación de una nueva ciudad hermana a orillas del Mediterráneo. Y en vista de que su nombre en hebreo era Natán y de que él era el principal benefactor de la ciudad, los fundadores la llamaron después de su muerte… Natanya.  
Entre tanto, de vuelta en Europa, Isidor Straus estaba preparándose para embarcarse a América a bordo de un trasatlántico donde él había hecho reservaciones para su hermano Nathan y su esposa.
"¡Debes dejar Palestina AHORA! Le cablegrafió a su hermano con carácter de urgencia. "Tengo hecha reservaciones para ustedes y si no vienen pronto, perderán el barco". Pero Nathan se demoró.
Había mucho trabajo pendiente y él esperó hasta el último momento posible para hacer la conexión. Cuando llegó a Londres, era el 12 de abril y el trasatlántico ya había zarpado de Southampton con Isidor e Ida a bordo.
Nathan se sintió desconsolado al ver que tal como su hermano le hubo prevenido, "perdió el barco". Porque esta no era una travesía ordinaria, nada común; no era un crucero rutinario el que había perdido, sino que era el viaje más intensamente proclamado del más famoso barco del siglo.
¡Este era… el Titanic!
Nathan Straus, quebrado de dolor y profundamente enlutado por su hermano y su cuñada, no podía sacudirse el sentimiento de que él tenía una cita con la historia.
El reconocimiento de que él había evitado la muerte, saturó su conciencia por el resto de su vida, y hasta su muerte en 1931, él prosiguió sus actividades filantrópicas con una intensidad, que no tuvo rival en su época.  
Hoy día, Natanya es una espectacular ciudad de 200.000 habitantes y  centro del próspero comercio de diamantes – una de las más importantes industrias en el país. Y en casi cada parte de la ciudad, hay algún pequeño recuerdo de la generosidad de Nathan, su humanidad, y su amor por su gente.

Su legado sigue vivo.


 
*** El hijo de Nathan (Nathan Jr., 1889 – 1961) estuvo en la Universidad de Princeton y llegó a la Universidad de Heidelberg en 1908, donde encontró a un joven estudiante de historia del arte llamado Otto Frank.
Otto aceptó un trabajo en Macy’s con Nathan Straus Jr., donde se enamoró de Nueva York y su agresividad.
Pero en 1909 murió el padre de Otto, y él volvió a Alemania donde peleó en la Primera Guerra Mundial y vivió para ver la época cuando él y su familia tuvieron que dejar Alemania debido al anti-semitismo.
Una de las hijas de Otto fue… ¡Ana Frank!  .



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