Umberto Treves - Intelecto Hebreo

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27/09/2017
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Umberto Treves

Colección y Consulta

Don Umberto Treves
El Hombre... Su Banco


Por: Julio Algazi

El apellido Treves se remonta en los tiempos a familias judías originarias de Tréveria. Estas familias produjeron un número significativo de rabinos y eruditos desde el Siglo XIV. El primero de esta dinastía que se menciona en la historia fue Josef ben Yojanan Treves rabino de París. El hijo de éste, Matatia ben Josef (1325-87) fue a su vez rabino de París y uno de los sabios rabínicos más eminentes de su tiempo. Algunos miembros de esta familia se destacaron posteriormente como escritores, políticos y filántropos en diversas partes de Italia.

En varias ocasiones he tenido la oportunidad de encontrarme con Don Umberto Treves, Presidente del REPUBLIC NATIONAL BANK OF NEW YORK (MEXICO). En estos encuentros, informales por cierto, he podido fomentar lazos de estimación personal, y en cada oportunidad yo le insistía a Don Umberto que me permitiera una «entrevista» especial para publicarla en la Revista «FORO» porque opino que el relato de algunas de sus vivencias serán de muy especial interés para muchos de nuestros lectores.
Y fue así que, venciendo cierta reticencia de su parte, puedo traer a las páginas de «FORO» parte sustancial de la charla que sostuve con un hombre que como Don Umberto Treves llegó «a pulso» a la Presidencia en México de uno de los bancos más importantes del mundo. En su charla, podemos encontrar reflejado al hombre sencillo, afable y caballeroso que, a pesar de sus éxitos personales, no olvida sus orígenes.
Al entrar en sus oficinas, después de saludarnos cordialmente, me dice Don Umberto: «vea Julio, en estas paredes están las fotografías de los inicios de nuestro Banco en la Ciudad de New York y con cierto tono de añoranza, me va señalando a los protagonistas de esas viejas fotos. Y sigue explicando: «Por los años de 1966 a 1968 fuimos adquiriendo los edificios que abarcan hoy toda la manzana de las calles 39 y 40 de la Quinta Avenida, justamente frente donde se encuentra la Biblioteca Pública».
Y tornándome del brazo me dice «en esta fotografía puede Ud. ver, entre otros, al -Presidente John F. Kennedy, quien nos honró con su asistencia a la inauguración de nuestras oficinas. A su lado me encuentro yo y también está, por su importancia, el Sr. Edmond J. Safra, Chairman Honorario del Consejo de Directores de la corporación y del Banco Republic. Recorrimos juntos las fotos de su oficina que nos lleva gráficamente a conocer hechos de la historia del Banco.
Regresamos a su escritorio y con su habitual cordialidad me dice: «adelante, Julio, ¿de que quiere ?» Y aprovechando la apertura le pregunto: Dígame Don Umberto, ¿dónde nació Ud.?, háblenos de su infancia, de sus primeros años. De sus estudios, en fin de algunos aspectos de su vida familiar.
«Mi familia era originaria de Trieste, pero cuando se percibió la proximidad de la guerra, estoy hablando de la Primera Guerra mundial, mis padres se trasladaron a la ciudad de Milano donde yo nací. Esto sucedió en 1914. Así que ahora Ud. sabe que cuento con 84 años ¿qué le parece'?».
«Entre las ciudades de Milano y Roma transcurrieron mis primeros años de infancia y juventud. Después de cursar, como es natural mi Primaria, estudié lo que ahora se denomina Administración de Empresas. Ya en aquel entonces mis padres y yo deseábamos que fuera a Londres para proseguir mis estudios, pero a causa de las sanciones contra Italia por la invasión de Etiopía, estos planes quedaron truncos.
«Permanecí con mi familia en Italia prosiguiendo con algunos estudios y realizando uno que otro trabajo. Cuando ya parecía inminente el estallido de la Segunda Guerra Mundial en 1939, mis padres me aconsejaron salir de Italia. En aquel tiempo yo tenía muy estrechas relaciones de amistad con el Cónsul Honorario de Bolivia en Milano y gracias a él obtuve la visa necesaria para entrar en Bolivia.»
«Ya con mi visado en mano, pude salir de Italia. Me despedí de mis padres y con mis 23 años a cuesta, embarqué con destino a Bolivia. Llegué a ese país sin conocer a nadie y se convirtió por casi 14 años en el lugar de mi residencia. Sí, cuando llegué a La Paz llevaba conmigo mi juventud y muy grandes deseos de abrirme paso en la vida».
«Me instalé, no sin grandes problemas porque ni siguiera hablaba el Español. Todo fue como un sueño pero en realidad fue muy agobiante. Desde luego superé los obstáculos con esfuerzo y privaciones, pero para mi buena SUERTE ENTABLÉ AMISTAD CON UN SEÑOR Italiano de origen, que en aquel entonces era Director de Obras Públicas del Gobierno de Bolivia. Gracias a su amistad obtuve el trabajo como «ingeniero» (eso de «ingeniero me resultó por mis labores en la construcción de caminos, puentes, y hasta el aeropuerto de La Paz, ya que en realidad yo no soy Ingeniero más que por la práctica que adquirí durante esos años en Bolivia). Ahora puedo decir que con este trabajo conseguí seguridad económica y además me hice de muy buenas relaciones. En mi memoria quizás magnifiqué los hechos, pero realmente fueron años muy felices. Agregue a todo eso que fue en Bolivia donde me casé con Carlota, la magia convertida en esposa y con la que, gracias a Dios, sigo casado».
«Terminada la guerra, mis padres me pidieron que me regresara a Italia. Fui de los primeros que, embarcando en Buenos Aires llegué a Burdeos y, siempre acompañado de mi esposa, regresé a Milano donde residían mis padres».
Bien, Don Umberto, hasta que ya vimos algo del niño y del hombre, pero ¿dónde empieza el Banquero?
«Ya instalados en Italia, en cierta ocasión fui a Ginebra a visitar a mi hermano Máximo, que era Médico y ya falleció. Mi hermano durante la guerra se refugió en Suiza y después obtuvo la residencia en ese país. Pues bien, durante esa visita fui invitado a una reunión social y allí tuve la muy buena fortuna de conocer al Sr. Edmond Safra, Presidente del Trade Development Bank establecido en Ginebra y, como suceden las cosas, sin pensarlo siquiera (porque nunca antes soñé con ser banquero) me ofreció trabajar en el Banco».
«Mi primera misión fue que me trasladara a Sao Paulo, Brasil, para establecer la BANCA SAFRA. Primero como Compañía Financiera y seis meses después de mi llegada nos constituimos formalmente como Banco. Puedo aseverar que desde entonces hemos llegado a ser uno de los bancos más prestigiosos en Brasil, con sucursales en muchas ciudades del país».
«Permanecí en Brasil por casi 14 años para después pasar a New York donde ya se había constituido el REPUBLIC NATIONAL BANK OF NEW YORK, como Banco americano».
«Actualmente, sólo en la Ciudad de New York contamos con aproximadamente 40 filiales. También, nuestro Banco opera directamente en numerosos países tanto en Sur América, Europa, el Lejano Oriente, como en Hong Kong, Singapur, Beijing. También en Israel y en Moscú, para citar sólo algunas de las muchas ciudades y países donde está presente nuestro Banco».
«Llegué a México en el año 1970 para instalar la Oficina de Representación. Ya para el año 1996, venturosamente, el Gobierno de México nos otorgó la autorización para constituirnos en Banca Múltiple y a partir de entonces compramos a IBM el edificio donde ahora nos encontramos».
«Deseo agregar que, aparte de que como banqueros buscamos los beneficios para nuestra Institución, nunca nos alejamos de lo que también consideramos es nuestra obligación como parte de la Sociedad. Por ello nos preocupamos de actuar en cambios de bienestar social. De manera amplia pero silenciosa, sobre todo los Sres. Safra, filantrópicamente han contribuido al sostenimiento de escuelas, orfanatorios y ayuda humanitaria. Son múltiples sus acciones en favor de los desposeídos en todo el mundo. Sostienen programas de Becas y patrocinan fervientemente obras de carácter social, artístico y cultural. Somos banqueros, claro está, pero bien sabemos que debemos compartir con la Sociedad y que como tales debemos siempre actuar por el bien general».
Fue esta para mí, una charla sumamente agradable e inspiradora. Platicamos por casi dos horas. No todo lo he podido transmitir, espero que en este resumen se haya reflejado un poco de lo mucho del Hombre y del Banquero que es Don Umberto Treves, quien a sus 84 años permanece, cual los viejos capitanes, tras el timón de su nave.


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