Tres mujeres admirables - Intelecto Hebreo

Son las:
27/09/2017
Vaya al Contenido

Menu Principal:

Tres mujeres admirables

Colección y Consulta

Tres mujeres admirables


Por: Albert Djemal

Siempre me ha gustado escribir sobre las mujeres; sobre su belleza, su sensibilidad, su sensualidad y por qué no, sobre su superioridad intelectual y también física sobre el hombre, que sin razón alguna nombró a las mujeres como el "Sexo Débil", mientras se autodenominaba fanfarronamente como el "Sexo Fuerte"...


Me acuerdo que el primer artículo que escribí en mi vida, fue sobre una famosa cantante y actriz egipcia llamada Laila Murad, que conocí un día por casualidad en las playas de Beirut y que me concedió una charla muy interesante que un periódico libanes publicó pagándome mi primer sueldo. Tenía yo catorce años.
Años después y en el tiempo que colaboré con la Revista ¡SIEMPRE!, me atreví un día a mandarle al director Don José Pagés Llergo un artículo un poco frívolo sobre las mujeres; Don Pepe no nada más lo publicó, sino también lo ilustró con unas fotografías de muchachas guapas muy poco vestidas y que al verlas, el gran periodista Roberto Blanco Moheno le reclamó a Pagés Llergo en mi presencia:
-Don Pepe, no nada más publicas los artículos de Djemal, sino también los ilustras con estas pornografías que hace aparecer a ¡SIEMPRE! como si fuera Playboy...
Don Pepe Pagés le contestó con su sonrisa pícara:
-Roberto, te aconsejo procurarte unos ejemplares de la revista Playboy. Te aseguro que te harán muy bien.

>>>>><<<<<

También siempre me llamaron la atención las mujeres con temple: mujeres con carácter y personalidad, que saben defender su libertad, sus pensamientos, su individualidad, su autodeterminación, su independencia y en resumen, su dignidad de mujer.
Entre estas muchas mujeres cuyas vidas llenaron las crónicas sociales de todo el mundo, tres de ellas siguen desde hace años, perturbando mis pensamientos por la admiración que tuve por su recia fuerza de carácter y su admirable fuerza de voluntad, que las hicieron destacar en el mundo de la elegancia, el deporte y la diplomacia.
La primera de ellas
Coco Chanel, la famosa modista parisién y reina de la elegancia y del glamour, quien hizo célebre en el mundo entero el perfume que lleva su nombre y que, desde hace años es la ilusión de toda mujer bonita.
Acaso alguien se olvida de la contestación de Marilyn Monroe al periodista que le preguntó sobre que prenda usa para dormir, ¿camisón o pijama?
-Para dormir -contestó la picara Marilyn- yo uso únicamente Chanel número 5.
A pesar de su gran fortuna, Chanel nunca tuvo una casa propia y siempre vivió en una suite de lujo en el famoso Hotel Ritz de París. En una mesa del restaurante del Ritz, entre platos de caviar y copas de Champagne, su gran amigo el Duque de Westminister (primo de la Reina de Inglaterra y en aquellos tiempos el hombre más rico de Gran Bretaña) le propuso matrimonio. La mujer, muy sorprendida, no supo que contestar y le pidió al Duque unos días para reflexionar.
A los pocos días el Duque muy confiado de sí mismo y armado con bonitas rosas y un anillo de diamante cuya piedra era del tamaño de una nuez de castilla, se presentó ante la mujer amada para recibir el sí. Pero grande fue su sorpresa y su decepción al oír a Chanel recordándole sus cuatro matrimonios anteriores:
Querido amigo, existen ya en el mundo varias duquesas de Westminister -le dijo con su famosa sonrisa- pero hay únicamente una sola Coco Chanel. Prefiero seguir siendo Coco Chanel y amiga tuya.
Y así mandó a volar al partido más soñado por todas las mujeres de Europa. Se necesitaba un poco de carácter para hacer esto. ¿O no?

>>>>><<<<<

La segunda es Conchita Cintrón, quien fue durante quince años, la novia de la muerte. Empezando a lidiar toros en Perú, su país natal, cuando apenas tenía catorce años de edad. Conchita entró a la arena pasando por los salones de fiestas de la alta sociedad peruana. Don Ruy de Cámara, cónsul de Portugal en Lima y anciano "caballero en plaza" que había desafiado a los toros montando a caballo y portador de una lanza con un gran penacho, descubrió en la pequeña Conchita, primero una jinete extraordinaria, y luego una sensacional torera, que poco tiempo después habría de conmover y conquistar el mundo entero pasando por Lisboa, Sevilla y México, además de otras ciudades de América Latina, ganando por cada corrida quince mil dólares de aquellos tiempos. Pero más de una docena de veces fue empitonada y pisoteada, y más de una vez arriesgó su vida en las diversas plazas del mundo.
Conchita estaba enamorada del joven Castello Branco, sobrino de su descubridor y que durante quince años anduvo tras de ella en todas las plazas y las ciudades para convencerla de alejarse del peligro y casarse con él. Y aunque una y otra vez fracasó en su intento, el joven Castello nunca se desanimó.
A los veintiocho años Conchita había matado ya setecientos toros. Y aunque siempre tuvo miedo, se habría muerto de aburrimiento al no bajar a los ruedos, una vez a la semana por lo menos. Pero un día sintió un poco de fastidio por los toros y más interés por ver al novio... más sin embargo se dio un plazo de seis meses antes de decidir sobre su matrimonio. Al darse cuenta de que amaba más a su novio que a su oficio, decidió casarse. Casi sin lamentarlo, se convirtió en la señora de Castello Branco en la ciudad de Lisboa, con la presencia de tres Reyes o pretendientes al trono, así como treinta duques, condes y una docena de prelados.

>>>>><<<<<

Y la tercera es Clare Booth Luce, popular dramaturga, directora de Time y Life, miembro del Congreso y que, como embajadora de los Estados Unidos en Roma, fue la primera mujer que encabezara una gran misión diplomática. Tenía fama de hablar claro y decirles a sus interlocutores todo cuanto ella cree que deberían saber.
Se cuenta en Washington que, poco después de su conversión al catolicismo por el obispo auxiliar de Nueva York, monseñor Fulton Sheen, Clare Booth fue recibida por el Papa en una audiencia especial en el Vaticano.
Inmediatamente después de haber besado las manos del Santo Padre, la Señora Booth se entregó a un largo discurso sobre su estado de ánimo y de su alma en el período de su conversión. El tiempo fijado para la entrevista había pasado ya con creces, cuando la dama dio principio a un nuevo discurso sobre la belleza sin par de la religión católica. Y a medida que hablaba, subía su entusiasmo y su tono de voz, de tal modo, que el Santo Padre se vio obligado a detener aquel torrente de palabras con un ademán de la mano. Con voz dulce y una sonrisa en los labios, Su Santidad le dijo:
- Señora, usted no ignora, sin duda alguna, que yo soy ya católico.
La Señora Booth contrariada, miró al Papa con dureza y le contestó sin ninguna pizca de pena:
- Si, su Santidad, no ignoro que usted es católico, pero es católico a fuerza porque nació católico. Yo soy católica porque escogí ser católica y por lo tanto tengo más mérito que usted.
Diciendo esto se levantó y sin despedirse, le dio la espalda al Santo Padre y salió erguida del Vaticano.

Se necesita carácter para enfrentarse a un Papa.
¿No es así?



Regreso al contenido | Regreso al menu principal