Todo lo que Zolá pudo decir... - Intelecto Hebreo

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27/09/2017
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Todo lo que Zolá pudo decir...

3er Lustro Rev. Foro

Todo lo que Zolá pudo decir,
pero no dijo, para desligarse del asunto Dreyfus


(Un pequeño homenaje al autor de "Yo Acuso", a 100 años de su publicación)


Por: Luis Gottdiener                              
Este artículo se publicó originalmente en: revista Foro, enero 1998, núm. 10, p. 618.

En enero de 1998 se cumplen 100 años de uno de los hechos sobresalientes dentro del Caso Dreyfus, la publicación en el periódico "L’Aurore" del famoso manifiesto "Yo Acuso", de Emilio Zolá, y he querido recordar en "Foro" este aniversario. No pretendo aquí comentar la importancia histórica del hecho, de la que mucho se ha escrito ya, sino ubicar éste en un contexto más general y más frecuente, a saber, el de un hombre de cierta fama o reputación confrontado con una injusticia que afecta a otra persona. Cuando eso ocurre, puede planteársele al personaje un dilema moral, en cuanto a si debe intervenir o no en el asunto. Lo más cómodo, desde luego, es no hacerlo, pero, si algún amigo o familiar del afectado acude a él para pedirle su apoyo, éste se verá precisado a justificar de alguna forma su negativa.
Las razones básicas para no intervenir son, por lo general, pocas y sencillas: "¿por qué yo?", "me tiene sin cuidado", "tengo miedo", y otras similares. Hay quienes con sinceridad mencionarán algunas de ellas como los motivos reales de su negativa. Muchos otros, sin embargo, no desearán revelarlas pues quizá suenen poco dignas y, para proteger su imagen, tratarán de darles una apariencia más respetable. Presentarán el temor o el desinterés tras la fachada del patriotismo, la neutralidad, el pacifismo, o el respeto a la legalidad, y ofrecerán como "argumentos" puerilidades, falacias, o mezclas de verdades con falsedades, argumentos que no son sino excusas para desligarse del caso. Por todo ello, le será difícil al peticionario rebatirlos, no por su consistencia, sino por la futilidad de convencer al personaje de cambiar de actitud.


En el caso de Zolá, sabemos que el escritor Bernard Lazare, uno de los primeros defensores de Dreyfus, fue a verlo en 1896 para pedirle su apoyo, aunque no logró convencerlo en ese momento. Quizá se realizaron reuniones subsiguientes entre algunos defensores de Dreyfus y Zolá. Podemos entonces imaginar una escena, tal vez no totalmente desconectada de la realidad, en la que alguno de ellos le dice a este último: "Creemos que el Capitán Dreyfus ha sido víctima de una injusticia y pensamos que usted podría ayudarnos…" Lo que sigue, dentro de esta situación imaginaria, son algunas de las muchas razones que el famoso escritor pudo dar, pero no dio, para negar su apoyo. Después de cada una de ellas se presentan algunos comentarios que se refieren, no sólo a esta escena hipotética, sino a la situación más general que he mencionado.
"¿Y yo qué tengo que ver con eso?
(O: "A mí eso no me afecta"). Esta "razón" y la siguiente se fundamentan en la falta de solidaridad, y denotan poca calidad humana.
"¿Qué obligación tengo yo con esa persona?"
La gente que así se expresa invoca el término "obligación" maliciosamente, refiriéndose a una ley escrita que saben inexistente. Sin embargo, sí hay una obligación moral de apoyar al afectado.
"Quisiera ayudarlos, pero no puedo exponer mi reputación en estos escándalos".
Precisamente por su reputación es que va a verse a esta persona, y no a un desconocido, que en poco podría ayudar. Por otra parte, quien así habla olvida que intervenir pudiera incrementar su reputación (como sucedió en el caso de Zolá) y no hacerlo, disminuirla.
"Si los apoyo, me voy a meter en muchos problemas".
Esta razón, que también denota temor, es difícil de rebatir, porque puede existir un riesgo real por intervenir, aunque a veces se exagera éste. Zolá hubiera acertado al suponer que le iba a ocasionar problemas apoyar a Dreyfus, al menos en la forma en que lo hizo.
"No me gustan los pleitos".
Esta contestación, aunque pueril, es muy usada y una de las preferidas de quienes son "buenas gentes", y les gusta "llevarse bien con todos".
"Considero que lo más indicado es esperar y ver cómo se desenvuelve este asunto".
Esperar es una opción muy popular, aunque hacerlo no siempre resuelve el problema, y a veces lo empeora. El atractivo de esta respuesta reside en que el peticionado no niega su apoyo rotundamente.
"Yo creo que lo mejor es no mover mucho el asunto para que no se haga más escándalo".
Este razonamiento, que puede tener mérito en ciertos casos, tiene la ventaja, al igual que el anterior, de que quien lo utiliza se presenta como prudente. La misma familia Dreyfus y gran parte de la comunidad judía francesa optaron por este camino en un principio.
"Simpatizo con su causa, pero no puedo hacer nada por ustedes".
Puede significar un genuino convencimiento de que es inútil intervenir, pero generalmente es una variante de "no quiero" y es difícil de rebatir.
"¿Por qué mejor no hablan con el Sr. X? Tal vez él pueda ayudarles. Pueden decirle que van de mi parte".
"Pasar el paquete" a otra persona siempre es muy popular, con la ventaja para el peticionado de que aparenta apoyar en pequeño grado al solicitante.
"Este es un asunto político y yo soy un hombre de letras y no un político".

Argumento muy usado, con una lógica al parecer impecable, según la cual una vez que un asunto es calificado de "político", quienes no son "políticos" deben abstenerse de involucrarse en él. En realidad es otra forma de decir: "no quiero intervenir".






"Lo siento, los tribunales ya han dado su veredicto y no puedo poner en entredicho el sistema judicial".
(O: "El tribunal habrá tenido sus razones para resolver así"). Quien habla así se ostenta como respetuoso de la legalidad y de las instituciones, por lo que el argumento es difícil de refutar.
"Yo no puedo intervenir en esto, pues es un asunto del ejército y los militares se rigen por sus propias leyes".
Este razonamiento, muy utilizado también, es el del respeto a la autonomía, trátese de otro departamento, de otra comunidad, de otra institución o, en este caso, del ejército, en el cual resulta especialmente imponente, lo que explica que haya sido asumido por gran parte de la opinión pública francesa durante el Caso Dreyfus.
Las respuestas anteriores, aunque hipotéticas en el caso de Zolá, son reales en muchos otros, y probablemente fueron utilizadas por otros personajes de esa época. Si alguno de los lectores alguna vez ha pedido a alguien su apoyo para enfrentarse a alguna injusticia, o simplemente su firma para una petición, sabrá que estas respuestas no están tan alejadas de la realidad.
En el caso de Zolá, su primer mérito fue no haberse quedado con toda tranquilidad, y usando la amplia variedad de excusas disponibles, a contemplar cómo la justicia y la víctima eran pisoteadas, como lo hubiera hecho la mayoría de los individuos. Zolá pudo también, como lo hicieron algunos, haber rebasado este nivel y apoyado a la víctima en forma moderada, mediante, por ejemplo, la firma de una petición. Pero Zolá superó también, con mucho, esta posición. Defendió una causa justa en forma decidida, sin vaguedades, sin esperar a que "se juntaran más firmas", ni intentar pasar el problema a otro. Sin tener relación ni amistad con Dreyfus o su familia, sin amilanarse ante el peligro, exponiendo su reputación, se enfrentó al ejército, al gobierno, a la mayor parte de la prensa y al poderoso movimiento antisemita, en lo que el líder socialista Jules Guesde calificó como "el mayor acto revolucionario del siglo".
¿De qué sirve, hoy, hablar sobre ese acto, del que tanto se ha dicho ya? Sirve, por una parte, para reflexionar sobre la falta de liderazgo moral en nuestra sociedad, e incluso en nuestra comunidad, en la actualidad. Por otra, para recordarnos, y en especial a aquellos que poseen cierta reputación o prestigio, que no debemos mantenernos sistemáticamente al margen de asuntos conflictivos o etiquetados como "políticos". Esto no significa que deba actuarse en todos los casos como lo hizo Zolá pues, por su estridencia, su método puede no ser recomendable en todas las situaciones. En un contexto social más amplio, y sobre todo en ciertos países, puede resultar demasiado peligroso, y tampoco tiene sentido crear mártires innecesariamente.
Por otra parte, podría argumentarse que sólo una celebridad puede hacer lo que hizo Zolá. Sin embargo, no es necesario incursionar en el contexto de la sociedad en general, ni ser un hombre ilustre, para seguir su ejemplo. Existen medios más limitados en los cuales se puede actuar sin serlo, tales como escuelas, centros de trabajo, clubes e, incluso, nuestra misma comunidad, en la que se producen bastantes injusticias, por ejemplo, en relación con los conversos y las conversiones.
De manera que no nos limitemos a recordar a Zolá; aprendamos de él. Confrontados con una injusticia, no digamos: "yo no puedo hacer nada", o "eso no es cosa mía", o alguna frase similar, sino "¿en qué puedo ayudar?

Si no podemos ser, como fue Zolá, un "momento de grandeza de la conciencia humana" (palabras de Anatole France), tratemos al menos, ocasionalmente, de despertar esa conciencia.




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