Templo Mayor - Intelecto Hebreo

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27/09/2017
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Templo Mayor

Colección y Consulta

Las maravillas de México
Templo Mayor


Por: Paulina Rubio

A principios del año 1978 una cuadrilla de trabajadores de la Compañía de Luz y Fuerza que cavaba una zanja en la calle de Guatemala se topó con una piedra que parecía de gran tamaño y que tenía algo esculpido encima. De inmediato se pararon los trabajos y acudió un arqueólogo. Se trataba del hallazgo de una piedra redonda de gran tamaño con el relieve de partes de un cuerpo femenino que se conoce como la Coyolxauqui.

Todos los habitantes de la Ciudad de México sabemos que donde sea que se excave en la ciudad y sobre todo en lo que hoy en día se llama el Centro Histórico se pueden encontrar restos de las civilizaciones que precedieron a la conquista española. Igual sucedió cuando se construyó el conjunto habitacional en Tlatelolco donde aparecieron un gran número de estatuas y piezas arqueológicas. Desde principios del siglo XX había en la esquina de las calles de Guatemala con Seminario un pequeño museo donde se podía apreciar el perfil de una pirámide y los restos de algunas piezas arqueológicas halladas ahí. Se sabía que había altas probabilidades de que en esa zona estuvieran los restos del Templo Mayor de los aztecas pero no era posible arrasar con las construcciones ya existentes por una mera suposición. El hallazgo de esta pieza en 1978 cambió toda la perspectiva y comenzaron los trabajos para descubrir lo que existía debajo de esos edificios.
En la zona se encontraron los restos de dos oratorios principales. Uno de ellos estaba dedicado al dios del agua y de la agricultura, Tláloc, a quien se reconoce por sus grandes anteojeras. Enfrente de este altar está un Chac-Mool, con sus colores originales, que lleva un recipiente en el vientre donde se depositaban ofrendas. El otro adoratorio es del dios de la guerra Huitzilopochtli, frente al cual está la piedra de los sacrificios donde se extraía el corazón de los prisioneros. Al pie de esta pirámide fue donde se encontró la lápida esculpida de la Coyolxauqui. El mito cuenta que su madre Coatlicue se embarazó por medio de unas plumas y Coyolxauqui y sus hermanos horrorizados por esta afrenta a su honor estaban a punto de matarla cuando nació Huitzilopochtli, ya crecido y totalmente armado. Huitzilopochtli al ver la situación descuartizó a su hermana y enemiga y la arrojó por el cerro de Coatepec.
Además de estos dos templos están partes de las construcciones anteriores, ya que cada 52 años, el siglo azteca, se erigía un nuevo edificio que cubría al anterior. Entre cada una de estas etapas hay unos guardianes que cuidan su zona. Al pie de las alfardas de las pirámides están las cabezas de unas serpientes. Una de las construcciones más impresionantes es el Recinto de los Guerreros Águila donde se encuentran unas banquetas esculpidas en las cuales aún pueden verse los colores originales de los personajes.
El museo de sitio está dividido en dos partes: la del lado derecho está dedicada al dios de la guerra, Huitzilopochtli y la izquierda a Tláloc, dios del agua, exactamente paralelos a la posición en que están en sus templos. Se encontraron una gran cantidad de piezas (cosa de 7000) muy bellas que muestran guerreros, puntas de flecha, animales, máscaras mortuorias y ofrendas, algunas de las cuales se encontraban dentro de cajas de piedra labradas o en el interior de hermosas jarras de barro. En la planta baja hay una maqueta del centro ceremonial azteca que ocupaba una superficie mucho mayor que el Zócalo actual. Abajo hay una zona didáctica donde con pequeños restos de algún hueso o caparazón se puede saber exactamente a que animal pertenecían.
También hay un salón donde se encuentran piedras talladas que fueron usadas por los conquistadores españoles para diversos usos, como bases de columnas, lavaderos, etc. Un gran ventanal permite observar toda la extensión de la zona arqueológica así como su situación geográfica aledaña a la Catedral y a la Plaza de la Constitución. La Coyolxauqui puede verse de cerca o de más arriba para contemplarla en su totalidad.
El conjunto es sumamente impresionante pues con un poco de imaginación se puede apreciar la grandeza del mundo azteca como debe haber sido a la llegada de los españoles. Trozos de las cartas que envió Hernán Cortés al Rey Carlos V describiendo las maravillas con las que se encontró en lo que llegó a ser la Nueva España están escritas en unos muros que miran hacia las ruinas de unos templetes y de este gran Templo Mayor:

Durante 400 años la obra maestra de la Coyolxauqui estuvo escondida en la base del templo.
En nuestro tiempo decidió surgir y mostrarle al mundo la gloria que fue Tenochtitlán.

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