Saúl Chernijovsky - Intelecto Hebreo

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27/09/2017
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Saúl Chernijovsky

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Saúl Chernijovsky


Por: Manuel Levinsky

Saúl Chernijovsky fue uno de los poetas hebreos más ricos en colorido, en formas y en géneros, siendo empero, en todos ellos, así en verso como en prosa, enteramente original, un maestro por excelencia, substancioso y enormemente melódico.

Se le considera el gran poeta universal a diferencia de Bialik a quien se le denominaba el gran poeta nacional. Como un caso curioso, ambos grandes genios de la poesía hebrea fueron contemporáneos, cronológicamente. Chernijovsky nació en Mijailovsky, una pequeña aldea rusa, en 1875. Bialik, nació dos años antes, en 1973. Vivieron en una misma época y se nutrieron de las mismas coordenadas dramáticas de los momentos históricos que hubieron de compartir.
El escritor Jaime Barylko hace referencia al gran crítico literario M. Guil, quien establece magistralmente la comparación de Bialik, al decir que la voz de Bialik irrumpía y emergía de las profundidades de la historia judía, mientras que Chernijovsky expresaba más las modernas aspiraciones humanas y se ocupaba de cuestiones universales. Bialik estaba cercano a la ideología de Ajad Haam, quien abogó por la fidelidad a la tradición nacional, y por un desarrollo evolutivo. Chernijovsky en cambio tendía hacia un cambio de valores. Bialik era por excelencia un lírico, Chernijovsky demostró su fuerza en la épica, el verso. Bialik imitó las antiguas formas bíblicas, como también las de la leyenda y de la poesía popular. Chernijovsky adoptó un caudal de formas poéticas de la literatura universal: la balada, el soneto y el idilio.
Dos poetas nacen en el seno del judaísmo y se nutren con las savias más profundas de la dramática historia de su pueblo. Ambos postulan una renovación. Bialik pretende devolver al Israel Antiguo todo el esplendor de su pisoteada belleza. Chernijovsky aspira a una revitalización de todas las fuerzas humanas. Es el mismo ardor y el mismo amor, pero canalizado por vías distintas y por distintas formas de expresión. El uno apunta al alma, el segundo percibe el cuerpo resucitado. Ambos se complementan en un idéntico afán pero cada uno aplicaba una distinta lente poética y, en consecuencia, reflejaba otra concepción de la realidad.

Chernijovsky no estudió sus primeros años en el jeder, la escuela judía tradicional, ni el opresivo ambiente del ghetto ruso, sino en una aldea en íntimo contacto con la naturaleza y la vida campesina. Nuestro personaje tuvo una infancia feliz, plena de sol, de belleza natural. Si la poesía de Chernijovsky parece tener tonos estrictamente opuestos a la de Bialik, es porque ambos poetas venían de infancias totalmente opuestas. En Bialik descuellan la pobreza, la orfandad, los momentos tristes, el hambre, las horas crepusculares, en cambio Chernijovsky se nutre del paisaje de los días de su niñez. Pertenecía a una familia acomodada, respetada y culta que le proporcionó además de buena instrucción laica, una educación judía. Sus maestros le inspiraron el amor por su pueblo y el entusiasmo tempranero por los ideales del sionismo. Empezó a estudiar el hebreo desde la edad de siete años, y a los 12 lo dominaba lo suficiente para escribir una pieza teatral y un largo poema titulado Urías Hitita. A los 17 años ya publicaba poemas hebreos en revistas literarias.
A los 15 años fue a Odesa, allí se educó en lo más selecto del mundo espiritual, el judío y el universal. Aprendió varios idiomas, se enriqueció con las literaturas, rusa, alemana, inglesa e italiana. En su poema Yo Creo se dan todas las coordenadas de su alma y de sus sueños: la libertad del hombre, la revolución del proletariado, la resurrección del pueblo hebreo en su patria. El tono sionista fluye y refluye en los versos de Chernijovsky. Volver a la tierra patria significa para él, retornar a la naturaleza, a la vida, con todas sus potencias espirituales y corporales.
En Odesa, en esos años benditos de juventud y florecimiento surgió el amor hacia la mitología griega, hacia los clásicos, la de la belleza inmaculada hecha poesía y mármol. La Grecia del Olimpo, de Homero, de Platón, de Venus y de Apolo, cuna de las Musas y de las Artes. En 1889 compone el poema que implicaba una de las revoluciones más trascendentales que sufrió la literatura hebrea moderna: Frente a la estatua de Apolo. Por primera vez un poeta hebreo se planta frente a un ídolo griego para dialogar con él, para admirarlo, para sustraerlo del olvido, pero sin renegar del judaísmo, por el contrario fundir a Apolo en la sangre judía.
Chernijovsky en base a este poema fue denominado el griego. En la profunda realidad, en cambio tal epíteto es vacuo y vano. Chernijovsky es el hebreo, el judío; no del ghetto, ni el de luengas barbas que aguardan pacientemente el Mesías. Es el de la lucha del judío por un lugar en el mundo como ser humano con todos los derechos de justicia e igualdad.
En 1899 nuestro personaje va a estudiar a la famosa universidad alemana de Heidelberg y conoce a la mujer que lo acompañará toda la vida. En 1904 se traslada a Lausana, Suiza y tres años más tarde se recibe con el título de médico. Se dedica a la cirugía y a la pediatría. En 1907 regresó a Rusia y actuó en movimientos políticos de carácter revolucionario, por lo que fue encarcelado un mes y medio.
En la Primera Guerra Mundial actuó como médico. Fue condecorado por el gobierno ruso. A pesar de ello seguía componiendo versos en todos los tonos, y en todas las escalas. Siempre abierto a la vida y al mundo.
Con motivo del 60o. Aniversario de su natalicio son publicados en Eretz Israel diez gruesos volúmenes de sus obras. Se descubre de inmediato la inmensa riqueza que posee este poeta, el caudal que ha introducido en las letras hebreas, la diversidad de géneros, formas, motivos y temas de sus poemas y relatos, así como de sus traducciones, que son otras tantas obras maestras, lo mismo que de sus ensayos y memorias.
Como lírico, ha escrito las mejores canciones de amor e himnos a la naturaleza en la moderna lengua hebrea. El gran épico que hay en Chernijovsky, halló su expresión máxima en sus idilios, que constituyen una nota luminosa a la vida judía en la Rusia meridional. Idilios como: La boda de Elke, La Cuchara rota, La circuncisión, se convirtieron enjoyas épicas en la literatura universal.
Fue precisamente en 1904, cuarenta años antes de la exterminación de 6 millones de judíos, cuando Bialik exclamó en nombre de todos los judíos del mundo ¡Para mi, la tierra entera es una horca! Dos años antes, Chernijovsky, el poeta más genuinamente universal que se haya dado en la literatura hebrea describió en la figura de un judío medieval, víctima de las cruzadas, la locura a que la furia sangrienta del odio antisemita podía arrastrar al hijo de Israel más lúcido y humano.
Nuestro personaje obtuvo un diploma de la Academia Griega de Atenas por su traducción al hebreo de la Odisea de la Ilíada y de obras de Platón. En 1931 se estableció definitivamente en Eretz Israel. En 1935 lo invitó el gobierno finlandés a participar en la celebración del centenario de la epopeya Kalévala, que el poeta había traducido al hebreo, otorgándosele la orden de la Rosa Blanca. Tradujo también obras de Horacio y poemas épicos babilonios, persas, rusos y servios.
El universo poético de Chernijovsky es inmenso, inconmensurable. No hay tema de la vida que en él no tenga lugar. Compleja y completa fusión de judaísmo y humanismo, de lo nacional y de lo universal. Este extraordinario poeta hebreo moderno murió en Tel Aviv en 1943.


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