René Cassin - Intelecto Hebreo

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27/09/2017
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René Cassin

Colección y Consulta

Por: Manuel Levinsky

Nos narra Itzhak Pougatch que el 5 de octubre de 1968, Rene Cassin cumplía 81 años. Los amigos del gran jurista judío-francés, mundialmente conocido, le habían organizado una gran fiesta.
A las felicitaciones y expresiones de buenos deseos que le eran dirigidas, el animoso anciano, defensor de los derechos humanos, más vivaz que nunca y siempre optimista respondía:

"La humanidad que ha logrado tan grandes adelantos científicos, hace mal en dudar de sí misma en cuanto al logro de la paz. Yo sería un desertor si abandonara ese propósito".

Menos de una semana más tarde, al regresar a pie -como era su costumbre- de una sesión del Comité Constitucional, tuvo dificultad para abrirse camino hacia su domicilio en el Quai de Béthume, aristocrático rincón del viejo París. Los vehículos de la prensa ocupaban casi totalmente la calzada y los fotógrafos asaltaban al venerable jurista de blanca barba, notablemente parecido a Víctor Hugo.

Sucedía que acababa de llegar un telegrama procedente de Oslo, remitido por el Storting (Parlamento) noruego y redactado en esos términos: "Tengo el honor de informarle que el Comité Nobel del Parlamento Noruego en el día de hoy le ha otorgado el Premio Nobel de la Paz, e invitóle a concurrir a Oslo para recibir la distinción el próximo 10 de diciembre".

Ametrallado por los fogonazos de los fotógrafos, apretujado por los cronistas, abrumado a preguntas, el laureado, que jamás abandonaba su buen humor, logró abrirse camino y llegar a su hogar, donde le entregaron el famoso telegrama: "¡Qué honor! -exclamó-. Me siento orgulloso que el premio me haya sido otorgado por mi defensa de los Derechos Humanos. Otros tantos como yo, han trabajado por la misma causa, pero me siento feliz y orgulloso de haber sido elegido, ya que por mi intermedio es Francia la honrada con él".

Al designar a Rene Cassin como laureado por la paz, el jurado noruego hacía luz sobre uno de los problemas más trágicos de nuestro tiempo; el derecho de los hombres y de los pueblos a la paz, contra la que atenta una ola de racismo, persecuciones, terrorismo y tantas monstruosidades que han alarmado a aquellos que aspiran a la verdadera democracia.

Es curioso que hasta la prensa española reivindica su parte de gloria. He aquí lo que dice el diario “Ya” de Madrid de fecha 11 de octubre de 1968: “El Premio Nobel de la Paz, René Cassin, es de origen hispánico. Cassin es el primer Premio Nobel de la Paz vinculado a España por claros lazos de origen. Miembro de una familia destacada sefardita de Bayona, Cassin siempre hizo gala de este origen judeo-español”.

De 1924 a 1938, René Cassin, fue representante de Francia en la Sociedad de Naciones. Fue profesor de Derecho Civil en la Sorbona y de Derecho Internacional en la Academia de La Haya y miembro de la Comisión de Crímenes de Guerra de las Naciones Unidas. De 1943 a 1945, lo fue de la UNESCO. Publicó varias obras sobre Derecho Civil e Internacional.

René Cassin es el hombre que, en plena guerra mundial, prepara el porvenir. Sienta las bases de la futura Carta Universal de los Derechos Humanos. Y en 1942, en Londres escribiría- “Tuvimos la ocasión de afirmar que la paz es inconcebible si no reposa en el respeto de los derechos humanos. Es necesario construir un mundo aceptable para todos. Los derechos humanos son una fuente de vida y concordia. Su manantial puede nutrirnos para toda la eternidad, siempre que nosotros queramos beber de él”.

Entre otros ilustres personajes como el licenciado Miguel Alemán Valdés, ex presidente de la República Mexicana y el doctor Jorge Carpizo McGregor, ex rector de la Universidad Nacional Autónoma de México, se hicieron acreedores al Premio Rene Cassin que otorga Tribuna Israelita a personalidades de nuestro país al distinguirse por su labor en pro de la Defensa de los Derechos Humanos.

Cabe señalar el importante hecho de que actualmente el doctor Carpizo ocupa el distincargo de Presidente de la Comisión Nade los Derechos Humanos.

El gran jurista y Premio Nobel de la Paz, Rene Cassin dijo un día: "En todo el mundo hay fuerzas invisibles que sostendrán los derechos humanos". Esta gran luminaria que tanto sintió el judaísmo en su ser interno, este luchador infatipor los derechos humanos, este hombre que se entregó íntegramente a la causa de la paz, nos ha dejado una herencia de máximo valor, porque nos ha enseñado cuales son los cimientos de una vida armoniosa y constructiva de la humanidad. Su recuerdo es bandera de lucha por los ideales más altos que pueda haber en la tierra. Él vivió para la humanidad y la humanidad vivirá con él para siempre.


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