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27/09/2017
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Rashi

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Rashi


Por: Manuel Levinsky



Sin lugar a dudas que Rashi, abreviatura de Rabi Shlomo ben Yitzjak o Yitzjaki, ha sido el más ilustre y popular de los comentaristas del Talmud, el más famoso de los glosadores de la Biblia, el interpretador más célebre de la Sagrada Escritura.
Tres ciudades famosas como centro de la ciencia judía, Lunel, Troyes y Worms se disputaron el honor de haber sido el lugar de su nacimiento. Al cabo de profundas investigaciones se logró establecer que Rashi nació en Troyes, Francia, en el año 1040.
Este singular personaje que fue un erudito, se impregnó desde su más tierna edad del conocimiento de la Torá y creció en una atmósfera de estudio y virtud. Las primeras enseñanzas las recibió el joven Shlomo por conducto de su propio padre, ya que es obligación moral de todo padre judío docto, impartir a su hijo los primeros conocimientos.


Nos comenta el talmudista e investigador José Mendelson que tal vez para cumplir con el precepto talmúdico contrajo nupcias siendo muy joven, a los 18 años de edad, lo cual no fue un impedimento para ausentarse del hogar a fin de seguir estudios superiores en las famosas academias talmúdicas de Worms y Maguncia en Germania, en la célebre academia de Rabenu Guershom.
A los 25 años de edad retornó a Troyes, reintegrándose a su hogar, donde lo aguardaba su esposa, de la que se había separado varios años, movido por el ansia de saber. De este lugar difundió su sabiduría entre los judíos e ilustrados con el ejemplo de su propia vida y de sus virtudes no menos que con sus comentarios. Se quedó allí hasta el final de sus días, un lapso de 40 años. Tuvo dos hijas, Miriam y Yojeved, que casaron con prominentes rabinos. Los yernos de Rashi, llegaron a ser sabios conspicuos, dignos del suegro genial. Puede afirmarse que los yernos y los nietos de Rashi, constituyeron una verdadera dinastía, que pudo gloriarse de la fundación de lo que ha dado en llamarse la Escuela de los Tosafistas. Estos ahondaban en el conocimiento y en la discusión de las leyes talmúdicas. En los siglos XII y XIII alcanzó a 150 el número de tosafistas; sus explicaciones se denominan "tosefot".


A poco de abrir su propia academia en Troyes, empezó a extenderse su fama a todo el mundo judío de aquel tiempo, eclipsando con el correr de los años las academias de Worms y de Maguncia donde él había estudiado. La ciudad natal de Rashi en Francia, se convirtió en un ilustrísimo centro talmúdico que atraía a la juventud estudiosa judía, sedienta de la palabra de Dios.
Rashi escribió los comentarios del Pentateuco. Estos libros sagrados glosados por Rashi, tienen un mérito excepcional. Es una interpretación clara y sencilla del texto sagrado que aclara el sentido de cada uno de los versículos y aún de sus palabras, sobre la base de sus acepciones propias. El hechizo del Pentateuco glosado por Rashi, como dice Mendelson, reside en que supo introducir en el sentido directo del texto, versículo tras versículo, como perlas en un bello trabajo de filigrana, el encanto de las leyendas y de los midrashim esclarecedores. Actualmente la Biblia y Rashi se consideran inseparables y puede afirmarse que después de la Biblia, el comentario de Rashi al Pentateuco es entre los judíos el libro más leído.
Las glosas de Rashi se designan con el nombre de "Perush hacuntres" (Comentario por pliegos). La denominación de cuntres se deriva del vocablo latino "comentarios", el cual viene a ser un apócope hebraico. Se ha dicho con razón que Rashi poseía el secreto de hacer sencillo lo complicado, de iluminar lo obscuro, de introducir en todas partes el orden y la claridad. De ahí que se le llamara "parshandata", que significa literalmente comentarista, sabio en interpretar textos sagrados. No cabe duda que Rashi se convirtió en fundamento principal en la instrucción judía en el hogar y en la escuela junto con la Biblia. El niño aprendía en la escuela el Pentateuco interpretado por Rashi, y hasta el sabio y el erudito no podían prescindir de él cuando estudiaban la Guemará, la parte del Talmud escrita por los amoraítas.
Uno de los mayores méritos que se le conoce a Rashi es que preservó a su pueblo de la ignorancia. En una forma accesible a todo hebreo cuidó y aseguró que ningún judío fuese ignorante. Ha sido en la Edad Media y sigue siendo en el curso de los siglos, el antídoto más agudo, más poderoso, contra la ignorancia.


El comentario de Rashi sobre la Biblia tuvo el honor de ser el primer libro impreso con caracteres hebraicos en 1475, pocos años después de la invención de la imprenta. Fue editado por Abraham ben Isaac, en la ciudad de Reggio, Calabria, en Italia meridional. Rashi tuvo el privilegio de sentir en vida la veneración de que era objeto. Hubo eruditos que afirmaban que si no fuera por él, la Torá habría caído en el olvido en Israel.
Rashi también compuso poemas litúrgicos. Sus estrofas se distinguieron por su sencillez, sentimiento de ternura y estilo hebreo natural y pulido. Los poemas de Rashi constituyen excelentes modelos de preces en verso libre.
En algunas de sus poesías se perciben nítidamente las huellas de las sombrías impresiones que las masacres de la primera Cruzada que se inició en 1096 en Francia, grabaron en el ánimo de Rashi. En ellas hace amargas alusiones a las desgracias y adversidades que aquejaban en esa época al pueblo de Israel. En estos poemas hace referencia a los suicidios en masa de las comunidades judías, que morían antes que vivir bajo el signo de la cruz. Alude también a los doctos que perecieron, a los Rollos de la Ley que fueron profanados, a las academias talmúdicas destrozadas en este trágico año de 1096.


Quiso el destino que al iniciarse la primera Cruzada, el emperador Enrique IV estuviera ocupado en Italia en una guerra. Desgraciadamente en este lapso las turbas en la zona del Rhin, cometían atrocidades contra los judíos.
Al regresar Enrique IV de Italia a Alemania en 1097, enterado de lo que los cruzados habían hecho con los judíos, se encolerizó. No se podía resucitar a los muertos, en cambio se podía corregir el daño y la pena de los millares de marranos, convertidos por temor a la muerte o directamente por violencia. El emperador envió edictos a todos los países de su imperio, a los duques, obispos y gobernadores, autorizando a los judíos retornar al seno del judaísmo, sin impedimento alguno. No prestó la más mínima atención a la protesta del Papa Clemente III, designado pontífice por el mismo Enrique IV.
No obstante el cambio, se creó un problema interno entre comunidades judías. A los marranos se les miraba con enfado y con desprecio. La gente empezó a eludirlos a fin de no contraer con ellos relaciones de familia. No se les quería admitir en la Comunidad.
Rashi compartía los padecimientos de los marranos, y en sus dictámenes rabínicos se percibe cómo le dolía el trato que se daba a aquellos, a quien él consideraba como arrepentidos.
La perla más bella en la corona de inmortalidad de Rashi fue su actitud profundamente humana hacia los marranos. El más grande y el más profundo de los comentaristas de la Biblia y el Talmud, que alcanzara gran prestigio también entre los no judíos, murió en su ciudad natal Troyes, Francia, en el año 1105. Rashi, el gran comentarista de la Ley, fue un hombre excepcional que supo irradiar sus conocimientos a todo el pueblo judío, rebasando incluso la barrera del tiempo para llegar luminoso hasta nosotros.




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