Qohelet ¡Vanidad de vanidades! - Intelecto Hebreo

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27/09/2017
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Qohelet ¡Vanidad de vanidades!

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Qohelet ¡Vanidad de vanidades!

"Dice Qohelet - ¡vanidad de vanidades, todo vanidad!" (1:2)


Por: Ierajmiel Barylka


El conocido dicho popular, que nos recuerda que 'todo depende de la suerte, incluso un sefer torá, que se encuentra en el Hejal', puede aplicarse sin dudas al libro de Qohelet-Eclesiastes.
Este breve libro bíblico de 12 capítulos y de apenas 222 versículos, ya fue controvertido desde el debate acerca de su canonización en la época talmúdica, y las discusiones sobre su texto lo acompañan hasta el día de hoy. Como buen clásico de la sabiduría, tiene la ventura de ser citado repetidamente, no siempre en contextos correctos, pero, no la de ser estudiado y enseñado sistemáticamente, y por lo tanto de ser leído. Como casi no aparece en la curricula de las escuelas judías, a su lectura se llega únicamente por recomendación o por casualidad.
Cada vez son menos los que impugnan la autoría del libro y con el tiempo, paradójicamente, se regresa a la primigenia identificación de su texto con el más sabio de todos los hombres, el rey Salomón, llamado también Qohelet y Yedidieh, autor del Cantar de los Cantares y de Proverbios. También las teorías que hacían referencia a una obra donde se notan las plumas de más de un redactor, van perdiendo peso.

El nombre Qohelet, cuyo significado es 'congregación', puede referirse indistintamente, a quien tiene capacidad de congregar; a la reunión de dichos sapienciales o al nombre del autor.
Por lo general, muchas personas, en su primer contacto con el texto piensan que es un libro pesimista, escrito en la vejez de Salomón, pero ya el Talmud, discute el orden de la obra y hay quienes creen que fue compuesta en momentos de su máximo vigor. En segunda y tercer lectura, se puede encontrar un mensaje sapiencial muy distante del pesimismo.
"Yo vi que la sabiduría aventaja a la necedad, como la luz a las tinieblas" (2:13), es un mensaje para los hedonistas y los utilitaristas, enfrascados en la certeza de que "no hay mayor felicidad para el hombre que comer y beber, y disfrutar en medio de sus fatigas" (2:24). Mientras que los políticos reciben el alerta de "yo me volví a considerar todas las violencias perpetradas bajo el sol; vi el llanto de los oprimidos, sin tener quien los consuele; la violencia de sus verdugos, sin tener quien los vengue" (4:1), tantas veces indiferentes al verdadero contenido de su misión. Y como si los conociera (también cada persona es un poco político), dice: "es mejor no hacer votos que hacerlos y no cumplirlos".
Hay versículos que pueden entenderse dedicados a los imitadores de Ícaro, aquel mitológico hijo de Dédalo, que haciéndose alas formadas de plumas de ave pegadas con cera, se acercó al sol, derritió el pegamento y cayó en el mar Egeo, figuras tan conocidas, en toda la geografía y en todos los tiempos. Sobre ellos dice: "veo que no hay para el hombre nada mejor que gozarse en sus obras, pues esa es su paga. Pero ¿quién le guiará a contemplar lo que ha de suceder después de él?" (3:22), quizás para que se le bajen los humos. Para esos amigos, hay otro recordatorio "más vale oír reproche de sabio, que oír alabanza de necios" (7:5), que quizás los salve de más de un error y, "no quieras ser justo en demasía, ni te vuelvas demasiado sabio. ¿A qué destruirte?" (7:18).
Más valen dos que uno solo, pues obtienen mayor ganancia de su esfuerzo" (4:9), es uno de los versos más populares, que puede interpretarse, como todos, de múltiples maneras. Sirve para los egoístas que prefieren la soledad y no desean, muchas veces en aras de las carreras, formar una familia. El miserable que el bienestar de su prójimo va a redundar en el suyo. Al solitario, para que no se engañe pensando que solo podrá lograr las obras que necesitan de dos. Es menester tener un amigo, para estudiar con él; para el cumplimiento de los mandamientos teniendo quien le avise de los errores y las faltas, y para contar con un consejero. Ya aprendemos del folklore, 'un hombre sin el otro, es como la mano derecha sin la izquierda'. Dos son también el cuerpo y el espíritu que deben unirse armoniosamente. "Si atacan a uno, los dos harán frente, la cuerda de tres hilos no es fácil de romper", continúa (4:12), la suma de uno más uno, da en este caso tres, o porque habla de la descendencia o porque simplemente la 'unión hace la fuerza'. Cuando dos se unen preocupados por la continuidad, sus nietos seguirán siendo judíos y podrán definirse como totalmente integrados al pueblo.
El remate de Qohelet es más que claro: "Basta de palabras. Todo está dicho: Teme a D's y guarda sus mandamientos, que eso es ser hombre cabal. Porque toda obra la emplazará D's a juicio también todo lo oculto, a ver si es bueno o malo" (12:13).
En Qohelet encontraremos pensamientos originales y tradicionales sobre temas, dilemas y enigmas humanos que nos preocupan en forma más que universal.
Leer Qohelet en momentos de depresión, nos permitirá enfrentarla e intentar como Salomón lo hizo, sobrevivir a pesar de la devastación y de la ruina, en ello podremos encontrar más que un mensaje de optimismo, un mundo armonioso, hasta un verdadero canto a la vida.
Al identificarnos con el autor a través de su obra, volvemos a experimentar sus propias ansiedades y relaboramos con éxito su duelo interno, restableciendo sus objetos internos y su propio mundo y nos sentimos reintegrados y enriquecidos.
Si penetráramos en su texto con optimismo, sacaríamos el mayor provecho al poder unir a nuestra propia experiencia, la de un consejero que evidentemente nos aventajó con su sabiduría, y en él, hallaríamos la belleza total. A veces resulta más fácil y más práctico contar con un consejero al que podemos recurrir sin pedir cita ni pagar la consulta, y que además garantiza como ninguno el secreto profesional. En ciertos momentos de la vida, Qohelet encuentra respuestas simples al alcance de la mano a cuestiones que nos resultan intrincadas.
El Talmud, lo cita para normar Halajá, libros posteriores y no canonizados como Ben Sirá, el Eclesiástico, demuestran una lectura detenida de parte de su autor. Cosa que nos hace pensar que en otra época gozó de mayor suerte que la que le dedicamos.
Podemos releer Qohelet, una obra bíblica con elementos del verdadero post-modernismo, imbuida profundamente en el pensamiento judío tradicional.


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