Pasteur, La Rabia y El Talmud - Intelecto Hebreo

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27/09/2017
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Pasteur, La Rabia y El Talmud

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Pasteur, La Rabia y El Talmud
 
 
Por:  Zvi Avigdor, New York, E.U.  
 
 
La Mishná, primera parte del Talmud editada alrededor del año 200 de la Era Común (e.c), es un recopilado de las leyes y costumbres judías de la antigüedad. Hasta ese entonces, éstas, eran transmitidas en forma oral de generación en generación; pero a raíz de la expulsión de los judíos de Israel por los romanos, en el siglo I e.c, los rabinos temieron que esta rica cultura verbal fuera a perderse para siempre en la vasta dispersión judía de la Diáspora. Así, los sabios se sentaron a documentar cuanto más pudieron, los hábitos y tradiciones hebreas anteriores a la destrucción del Templo de Jerusalén (70 e.c). La segunda parte del Talmud es llamada Guemará, la cual interpreta a la Mishná, y fue terminada aproximadamente en 500 e.c
 
Los tratados talmúdicos no sólo tratan de religión y estatutos, sino contienen filosofía, medicina, matemáticas, astrología, etc; un sin número de temas que señalan el pensamiento y conductas judías en casi todos los aspectos de su vida cotidiana de antaño, documento que quedó como fundamento de la identidad judía actual.
 
Desde el punto de vista de nutrición e higiene, el Talmud demostró ser extremadamente eficiente en lo que respecta a la prevención de enfermedades infecciosas y parasitarias. Los ejemplos son muchos y no se discutirán en el presente ensayo; pero con respecto a tratamiento de enfermedades, presentaremos un párrafo muy peculiar que se encuentra en la página 83-A del tratado talmúdico de nombre Yoma. Allí dice la Mishná: "Si a alguien lo mordió un perro rabioso, no se le permite comer el lóbulo de su hígado [de ese perro], pero Rabí Matia Ben Jeresh si lo permite".
 
Tal declaración, el comer el hígado de un animal enfermo con el fin de ser curado parece ser, a primera vista, un disparate; pero analizando a fondo el contexto, descubriremos con gran sorpresa que tal razonamiento es asiento de ciertas nociones terapéuticas de la inmunología moderna.
 
Como podemos deducir del enunciado, en el Israel de antaño, donde seguramente se sabía que la rabia era mortal, el tratamiento de una mordida por perro rabioso, era el matar al perro e ingerir su hígado. Pero la discusión presentada en el versículo, no tiene que ver con la práctica misma de esa época de alimentar a un mordido con el hígado del animal mordedor, el cual era el tratamiento aceptado por los médicos en esa situación, sino la cuestión planteada era, si está permitido comer el órgano de un animal prohibido por la Biblia (en este caso, el perro), cuando se sabe que el tratamiento no es completamente efectivo. Vemos que la discusión indica en forma indirecta que los sabios sabían de la poca eficacia de este tratamiento, pues de otra manera, la ley de Pikuaj Nefesh (el permiso -y obligación- de hacer cualquier cosa para salvar la vida de una persona) no permitiría tal discusión. La decisión final fue, que sí se permite, pues el pikuaj nefesh es aplicable siempre que exista posibilidad alguna de evitar la muerte, por mínima que fuera.
 
Dejando la cuestión religiosa y volviendo a las bases científicas de tal conducta terapéutica, tomemos un instante para analizar el razonamiento de la vacunación actual: ésta no es más que la introducción -inocua- al cuerpo, del mismo germen que queremos evitar, con el fin de estimular al organismo a que produzca anticuerpos contra él. A propósito, el tragar gérmenes para la producción de anticuerpos no es hoy sorpresa alguna; el ejemplo más conocido es la vacuna oral Sabin contra la polio. Parece ser, que los judíos de antaño concebían esa idea, pues pensaban, que al ingerir el hígado de un animal rabioso, "el causante" de la rabia (hoy sabemos que es un virus) penetraría al organismo en forma inocua a través del estómago, formándose así protección contra la rabia antes de que ella apareciera, hecho que ocurre varias semanas después de la mordida.
 
Si este tratamiento fue alguna vez efectivo o no, no lo sabemos, y no concebimos que lo haya sido, pero eso es insignificante. El caso es que la hipótesis y el concepto, fueron los primeros en la historia de la inmunoterapia.
 
No fue sino hasta fines del siglo XIX que Luis Pasteur comienza a experimentar con el virus de la rabia, con el fin de desarrollar una vacuna. Asombrosamente, para tal propósito, disecó hígados, glándulas salivales y médulas espinales de perros y conejos rabiosos. Descubrió que inyectando en un animal cantidades cada vez mayores de esos órganos disecados, se podía inducir inmunidad completa contra la terrible enfermedad.
 
En el año de 1886 se atrevió a darle la vacuna a un ser humano, a un niño llamado José Meister, a quien un perro rabioso había mordido y quien sin duda hubiera muerto en el transcurso de unos meses. Pasteur le dio 13 inyecciones en 10 días, aumentando con cada inoculación la dosis de rabia disecada, salvándole la vida.
 
Pasteur tenía como amigo a un médico judío ortodoxo llamado Israel Rabinowitz. Se cuenta que en una ocasión el Dr. Rabinowitz le tradujo el versículo de la Mishná Yoma a Pasteur, causándole gran asombro. Pasteur exclamó que si la humanidad hubiera puesto atención al oscuro verso, quizá la idea del estímulo inmunológico contra la rabia podría haberse desarrollado con muchos años de anticipación a él.
 
El Talmud; manuscrito misterioso y fascinante, cuyo valor y erudición son reconocidos cada vez más, a medida que pasa el tiempo.
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