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27/09/2017
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Nuestro más antiguo problema comunitario

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Nuestro más antiguo problema comunitario


Por: José Krauze

Nació normal, sin ser problema aún. A nadie se le ocurrió pensar en él como una posibilidad en el futuro. Sin embargo contenía la semilla que iba a germinar y crecer con los años. Se inició en forma imperceptible y natural en los primeros años del siglo XX con los pioneros de la inmigración judía a México a través de la fundación en 1912, del primer organismo de nuestra comunidad: la "Alianza Monte Sinaí".

El volumen migratorio se fue incrementando principalmente a causa de la invitación que el entonces Presidente de México Plutarco Elías Calles en 1924 formuló a los judíos de Europa a venir a establecerse en el país. La reacción favorable se empezó a sentir especialmente desde Polonia, Rusia y países del Oriente Medio como Siria, Líbano, Grecia, especialmente Salónica; y en menor parte de los que aspiraban llegar a los Estados Unidos, y al encontrar problemas de reglamentos y leyes, decidieron quedarse provisionalmente en México.

Con el tiempo, y a medida que aumentaban los inmigrantes de Europa Oriental, los Balcanes y de Medio Oriente, se fueron formando grupos de su mismo origen en razón de idiomas y costumbres comunes, para celebrar las fiestas religiosas así como matrimonios nuevos, etc. Era esa una forma de convivencia eminentemente social basada en razones de mismo origen.

Esos grupos afines, paulatinamente fueron cristalizando en organismos formales con locales en diferentes áreas de la ciudad, utilizando ya elementos administrativos propios con oficina y empleados. Aún, no se sentía nada fuera de orden. Era evolución normal y natural, donde empezaron a actuar líderes con algún tipo de ideología. Eso empezó a notarse en el famoso y hoy ya legendario "Tacuba 15", el principal punto de reunión de toda la comunidad en los años treinta. De los primeros organismos que empezaron a funcionar con éxito, fue la Organización Sionista, y años después hicieron acto de presencia los primeros así llamados "sectores", esos sí, agrupados en estricta pertenencia a su específico origen migratorio.

Es así, como después de varios intentos previos, en 1938 se funda el Comité Central Israelita de México como producto de la iniciativa de la B'nai B'rith, cuyo objetivo inicial se centró en la defensa del antisemitismo y en 1947, se conformó la fórmula -hasta hoy vigente- en base a los representantes especialmente designados por todos los organismos del yishuv. El Comité Central desde su inicio, se integró al Congreso Judío Mundial, al igual que al Congreso Judío Latinoamericano. Es preciso subrayar que las comunidades de la provincia, también están integradas al Comité Central.

Hasta aquí, "miel sobre hojuelas".
Todo iba "viento en popa" hasta que aparecen los primeros síntomas (llamémosles "no positivos") con motivo de puntos de vista opuestos y sobre interpretaciones distintas de algunos líderes religiosos sobre problemas que otros sectores no compartían. Básicamente eran otras formas de liturgia y costumbres que tenían origen en sus países de origen. En base a ello, eran pocos los matrimonios "intersectoriales", ya que los jóvenes desde pequeños estaban ya influenciados familiarmente y en base a educación también distinta en sus respectivos colegios.

Esto llegó a agudizarse al grado que el autor de estas líneas y muchas docenas de socios del Centro Deportivo Israelita presenciamos -allá por 1970- una muy seria y lamentable agresión física -con rotura de narices y ojos moros- de parte de 4 ó 5 muchachos de uno de los sectores del Medio Oriente, contra otro tanto de origen ashkenazí, por el motivo de que dos de estos últimos cortejaban a dos hermanas de los primeros, a quienes tenían prohibida la continuación del noviazgo. Un triste y simbólico suceso. (Sobre ésto, en esa época publiqué un artículo exponiendo el problema).

Es así, aunado a diferencias entre la gente mayor, que empezaron a aparecer una especie de muros sociales que separaban y acentuaban la incomunicación entre los sectores, al grado que con el correr de los años esos sectores se fueron transformando en una especie de gobierno dentro del gobierno. Cada uno con sus Estatutos rígidos que prácticamente eliminan afiliaciones de distinto origen (desde luego, hay excepciones que confirman la regla).

El profundo origen del problema es que aún hoy día, en nuevas tierras y otros tiempos, bajo nuevas condiciones político sociales, con generaciones con diferente actitud mental, se pretende ser reflejo fiel del sistema social comunitario de hace un siglo imperante en "di alto heim", en los "shtetlaj", pequeñas poblaciones de sus países de origen, donde todos obedecían las disposiciones y mandatos de su único gobierno: sus respectivos líderes religiosos locales. Y esto en nuestra realidad actual, no puede funcionar a imagen y semejanza de entonces, ya que, y ello quedó demostrado en el estudio denominado "Perfil Demográfico Social y Cultural" de la población judía de México que llevó a cabo la Universidad Hebrea de Jerusalem en 1995, donde la aplastante mayoría de las generaciones respondieron a los entrevistadores que primordialmente, y ante todo, SON JUDÍOS DE MEXICO.

Todo ello, nos lleva a considerar que en aras de nuestra subsistencia con armonía y cordialidad, es preciso empezar a derribar esos abismos y muros de separación; hoy día, aparte de dañinos, son definitivamente anacrónicos y obsoletos y esforzarse hacia una composición acorde con los nuevos tiempos de este Tercer Milenio.

Nadie olvide que la vida tanto personal como comunitaria es ante todo evolución y superación;
y a esta evolución es preciso homologarla ¡CON LOS TIEMPOS DE HOY!

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