Moshé Sharet II - Intelecto Hebreo

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27/09/2017
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Moshé Sharet II

Colección y Consulta
Moshé Sharet
 
(Segunda Parte)
 
Por: Manuel Levinsky
 
El Libro Blanco publicado el 17 de mayo de 1939 por el Secretario para las Colonias Malcolm MacDonald, limitaba la aliyá a 75,000 inmigrantes en el curso de los cinco años siguientes y prohibía drásticamente la adquisición de tierras por judíos en el 95 por ciento del territorio del país.
El Hogar Nacional Judío quedaba prácticamente reducido a ser un ghetto. Pero este nuevo golpe, halló al yishuv fortalecido, aguerrido por tres años de resistencia a los ataques árabes. Entonces estalló la Segunda Guerra Mundial. Desde el comienzo de la guerra, Ben Gurión había proclamado: Combatiremos al enemigo alemán como si el Libro Blanco no existiera. Combatiremos al Libro Blanco como si la guerra no existiera. La creación de unidades militarles judías para combatir a los nazis y sus aliados bajo su propia bandera fue obra memorable de Moshé Sharet. Mantuvo incansablemente la presión política sobre Jerusalén, Londres y El Cairo donde residía el Estado Mayor de las Fuerzas Aliadas. Fue en 1944 cuando Winston Churchill anunció al Parlamento la creación de una Brigada judía que combatiría junto a los ejércitos aliados en el frente de Italia. El total de los voluntarios que la Palestina judía había puesto en armas era de 22,000 hombres, a los que se añadían 5,000 mujeres que servían en los servicios auxiliares. No olvidemos las proporciones: el Yishuv contaba en aquella época con 500,000 almas en total. Tal como Sharet no se cansaba en repetirlo, ese era el cumplimiento de un deber elemental de solidaridad judía. La victoria nazi habría significado la destrucción total del judaísmo; una derrota aliada habría puesto fin a todas las esperanzas del pueblo judío.
Cuando los ejércitos de Rommel se acercaban a Alejandría en 1942, Sharet iba de reunión en reunión, para tranquilizar al público que el enemigo no llegaría a tocar las fronteras de Eretz Israel. A la vez exigía redoblar los esfuerzos en el reclutamiento voluntario en las unidades judías, que por esa época ya eran numerosas. Los soldados judíos habían obtenido que las órdenes militares fueran dadas en hebreo, que la bandera azul y blanco fuera reconocida como propia y que se formara un cuerpo de oficiales judíos. La creación de la Brigada y el transporte de unidades judías hacia el teatro de operaciones italiano fue el comienzo de un largo proceso de cristalización de las unidades militares judías.
A medida que la guerra llega a su fin se hacía evidente que el sionismo entraba en la fase de confrontación final. El Libro Blanco aún seguía en vigor. La agitación árabe, mantenida bajo control por las autoridades británicas mientras duró la guerra, de nuevo levantó la cabeza. A los árabes de Palestina se agregarían los dirigentes políticos de los países vecinos: Egipto e Irak ya semiindependientes; Siria y Líbano, ya habían recuperado su soberanía del mandato francés gracias a la presión británica.
En 1945 se fundó en El Cairo la Liga Árabe. Hasta el emir Abldallah de Transjordania que hasta entonces diera pruebas de moderación y en quien Moshé Sharet había mantenido contactos amistosos, debió unirse al nuevo organismo cediendo a la presión.
En un momento dado, cuando las elecciones inglesas llevaron al poder al Partido Laborista, se encendió la esperanza de que Gran Bretaña cambiaría de política en Palestina. Pero Ernest Bevin, el nuevo ministro de Relaciones Exteriores del gobierno de Attlee, acentuó aún más la política antisionista de Gran Bretaña. La negativa británica a admitir a Eretz Israel a los salvados de los campos de la muerte del nazismo de Hitler, las medidas draconianas puestas en práctica para detener la inmigración ilegal, que culminara con la epopeya del Exodus, la prohibición de establecerse en nuevas tierras, provocaron manifestaciones y actos de resistencia de la Haganá, Irgun Tzvai Leumí y demás movimientos de resistencia. Inglaterra debió concentrar en Palestina fuerzas cada vez más numerosas para tratar de reprimir al enfurecido yishuv.
Decidido a dar un gran golpe, el 29 de junio de 1946 el ejército rodeó el edificio de la Agencia Judía y detuvo a los miembros del Ejecutivo con Moshé Sharet a la cabeza. Fueron internados en el campo de Letrún, en el camino a Jerusalén con millares de otros presos detenidos en razzias.
Prisionero, encerrado tras las alambradas de púas del campo de concentración, Moshé Sharet reveló allí toda la fuerza de su carácter, dio conferencias, cursos de árabe y de hebreo. Al mismo tiempo, presentaba constantemente a la administración del campo, quejas de los presos contra el trato que le era infligido. Cuatro meses más tarde fue puesto en libertad con sus compañeros del Ejecutivo a tiempo para participar en el Primer Congreso Sionista que se reunió en Basilea, después de la Segunda Guerra Mundial. La gran asamblea, realizada en la trágica atmósfera del judaísmo europeo en ruinas, estaría destinada a ser la última reunión sionista realizada en el extranjero, porque un año más tarde la Independencia de Israel era un hecho cumplido.
Cuando el gobierno británico decidió en 1947 someter el problema de Palestina a las Naciones Unidas, Moshé Sharet fue el alma de la delegación que representó a la Agencia Judía en la Magna Asamblea. Fue igualmente uno de los primeros testigos en la Comisión Especial designada por la ONU que finalmente decidió la partición de Palestina y la creación de un Estado judío independiente.
Hasta el último momento el Departamento de Estado de los Estados Unidos trató de impedir la proclamación del Estado de Israel. Poco antes del 15 de mayo de 1948, fecha con que expiraba el Mandato Británico, Sharet fue convocado por el general Marshall, Secretario de Estado de los Estados Unidos, quien le describió en términos pesimistas la suerte cruel que esperaba a los judíos de Palestina si proclamaban su independencia. El estadista norteamericano ofreció poner a disposición de Sharet su avión particular para que se trasladara a Tel Aviv con el objeto de persuadir a los dirigentes judíos de ese acto fatal. Sharet rechazó el ofrecimiento y participó en la reunión realizada en Tel Aviv que decidió la proclamación del Estado de Israel. La Declaración de Independencia, la que sirvió de base al texto, fue finalmente aprobado y que David Ben Gurión leyó en la memorable sesión del Museo de Tel Aviv el viernes 14 de mayo de 1948.
En junio de 1956 Sharet presentó su dimisión como ministro de Relaciones Exteriores, cargo en el que formó parte desde la Independencia. Sharet tuvo gran autoridad sobre la masa sionista. Fue un maestro de ella, un líder reconocido. Se dedicó plenamente a las actividades de edición y educación, que le habían atraído toda su vida. Realizó viajes con distintas misiones al extranjero. Durante varios años rehusó volver a la actividad política. Apasionado devoto del movimiento sionista, sin embargo cedió a la instancia de sus amigos y aceptó un puesto activo en la dirección del movimiento. En 1960 fue elegido por el Congreso Sionista presidente del Ejecutivo de la Agencia Judía en Jerusalén y del Ejecutivo de la Organización Sionista Mundial.
En 1963 se le vio ya cansado, con un cuerpo enfermo sentado en una silla de ruedas. Ya lo roía la enfermedad. Debilitado luchó contra la muerte con la misma persistencia y tenacidad de que dio pruebas durante su larga carrera pública. Su vida se extinguió en 1964 a los 70 años y sus funerales se convirtieron en la manifestación de amor y de admiración de toda una nación.
 
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