Max Nordau - Intelecto Hebreo

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27/09/2017
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Max Nordau

Colección y Consulta


Max Nordau


Por: Manuel Levinsky

Nuestro personaje fue uno de los hombres más polémicos de su tiempo y enconadamente discutido como crítico literario, sociólogo y moralista. También fue violentamente combatido por su espíritu de rebeldía, su independencia moral y la firmeza de su lucha contra las mentiras convencionales.
Toda la obra científica y literaria de Max Nordau giran en torno a esa lucha de raíz profética que parece inspirada en el famoso apotegma del Rey Salomón: El que habla con la verdad, propaga justicia. Max Nordau llegó a la conclusión de que nada hay más detestable que la cobardía, la falta de sinceridad, el empecinamiento en la mentira y el escepticismo moral. En consecuencia, se consagra en cuerpo y alma a la lucha contra esos prejuicios negativos y se erige como apóstol de la verdad y la justicia. Sueña con el advenimiento de una nueva civilización fincada en la verdad, estructurada sobre la base de la moral y aboga por la transformación de la humanidad.
Su verdadero nombre fue Max Simón Südfeld y nació en Budapest, Hungría, el 28 de julio de 1849 en un hogar tradicionalmente judío a orillas del Danubio. De niño, le dio las primeras nociones del hebreo su propio padre, el rabino Gabriel Südfeld, quien le enseñó también el idioma ladino, ya que descendía de la prestigiosa familia Abramavel de España, considerando como un blasón no solo la lengua sino también la tradición y las costumbres de los sefardíes.
Max cursó normalmente la tradicional escuela judía y vivió hondamente la emoción de las festividades hebreas durante toda su vida. Celebró su Bar Mitzva con toda solemnidad. Ingresó al Gymnasium para iniciar los estudios secundarios, sobresaliendo por su inteligencia y su aplicación.
Como desgraciadamente la situación económica de la familia era precaria, desde los 14 años empezó a publicar sus primeros ensayos literarios, cuentos, poemas y críticos de libros, iniciándose luego con éxito en el periodismo, toda vez que tenía un don de observación fabuloso y escribía con agudeza y fino humor. En 1872 falleció el padre de Max quien asumió la jefatura de la familia a los 23 años de edad, estando lejos aún del doctorado de medicina en la Universidad de Pest, ya que lo absorbían las letras y el periodismo.
En 1873 adoptó el nombre de Max Nordau, con el cual ya publicó algunos cuentos y ensayos trasladándose a Viena como corresponsal del periódico Pester Lloyd. Es así como realiza una gira periodística por toda Europa y se incorpora a la redacción del Pester Lloyd como editor de folletines donde publica sus impresiones de su maravilloso viaje por los países europeos. Así gana lo suficiente para subvenir las necesidades de la familia y lograr el doctorado. Después se traslada con su anciana madre y su hermana a París, perfeccionándose en su especialidad médica, la psiquiatría.
De todas maneras conserva su vocación por la literatura y el periodismo, y en 1880 aparece en Leipzig, Alemania, el primero de sus libros importantes: Del Kremlin a la Alhambra que constituye el punto de partida de su carrera literaria. Pero la mente de Max Nordau estaba ocupada ya con otro trabajo de su trascendencia, de orden sociológico, que habría de convertirlo cuatro años después, es decir en 1884, en una de las grandes figuras de la intelectualidad europea.
El libro que fue un auténtico Best Seller escrito en alemán, como la mayoría de sus obras, traducidas después a varios idiomas, inclusive el español, se titula Las Mentiras Convencionales de la Civilización. En los años siguientes publica Paradojas y Degeneración, ambos de resonancia mundial. También da a conocer dos novelas muy representativas: El Mal del Siglo y la Comedia del Sentimiento y una obra de humor El Derecho de Amar. Además escribió piezas para el teatro y cuentos dedicados a su hija Maxa.
El affaire Dreyfus que conmovió al mundo en 1894, llega a estremecerlo. Teodoro Herzl, su colega y también corresponsal de la Naye Fraye Presse austríaca en París, cambia virtualmente el rumbo de su vida. Herzl le presenta su obra El Estado Judío en 1896, y queda profundamente impresionado. De inmediato se identifica con los postulados del movimiento sionista, y desde el Primer Congreso de Basilea donde formuló el célebre Programa de Basilea, se convierte en uno de los líderes más conspicuos, subordinando en gran parte su labor intelectual a las exigencias de su condición judía. Defendió los puntos de vista de Herzl, relegando a veces a los suyos propios.
En el Sexto Congreso Sionista y último de Herzl, defendió el proyecto de Uganda designándolo como (asilo nocturno) para una política territorial transitoria.
Animó a crear asociaciones juveniles judías deportivas pero no entendió cabalmente el significado del renacimiento cultural hebreo y mostró cierto desdén hacia el teórico del sionismo Ajad Haam. El conflicto entre el sionismo occidental y el oriental de Rusia, quedó patente cuando un estudiante ruso intentó matarlo en París. Afortunadamente ninguno de los dos balazos hirió a Nordau.
Con la desaparición de Herzl, desde el Séptimo de dicho Congreso fungió Nordau como presidente de los mismos. En ese lapso surgió cierto antagonismo entre Nordau y los sionistas prácticos que exigían la colonización de Palestina ya que él no quería una colonia judía en el Imperio turco, sino en un país con autonomía legalmente asegurada. No pudo asistir al XI Congreso en 1913 durante la Primera Guerra Mundial, por haber sido detenido a su condición de ciudadano del entonces Imperio Austro-Húngaro, sin embargo logró huir hacia España.
Nordau no aprobó la Declaración Balfour de 1917 por considerarla demasiada débil e insegura. Fue elegido Presidente Honorario del XII Congreso Sionista en Karlbad, Checoslovaquia, pero no logró armonizar su propio punto de vista con la política adoptada. No obstante la rigidez de su criterio, hubo un cambio en él cuando exigió del Ejecutivo Sionista la iniciación del traslado inmediato de 600,000 judíos de Polonia, Ucrania y Rumania a Palestina, para asegurar los éxitos políticos obtenidos en la posguerra. Al ver que sus proposiciones no tenían eco, se retiró del movimiento sionista, muriendo enfermo y pobre en París en 1923. Era demasiado orgulloso para aceptar la ayuda que le ofrecían sus amigos y sionistas.
Max Nordau fue miembro y funcionario de la Academia Francesa, miembro también de la Real Academia Francesa, de la Academia de Medicina de Madrid, así como comandante de la orden griega de San Salvador y miembro de la Academia de Parnaso.
Max Nordau con todas sus luces y sombras ha dejado una huella indeleble en los ámbitos literarios, periodísticos y sionistas.

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