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27/09/2017
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Mark Spitz

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Mark Spitz

Por: Manuel Levinsky

Un gigante del olimpismo que le ha dado gloria universal a los Estados Unidos de América, es sin duda Mark Spitz, el más grande nadador de todos los tiempos que por siete veces consecutivas subió al podio de los triunfadores para recibir siete medallas de oro, oyendo tocar siete veces el himno de su país.
Como cosa curiosa debemos anotar que el número siete, es, desde luego, un número cabalístico. Es el número de los días de la Creación y de la semana, del año sabático y del año de jubileo, de las siete semanas entre las festividades de Pésaj y Shavuót y de los brazos de la menorá (candelabro). En el séptimo mes se celebra el Año Nuevo judío (Rosh Hashaná). El número siete con sus derivados aparece más de 500 veces en la Biblia y es el número más referido en la vida religiosa y en las observaciones de los judíos. La palabra sheva (siete) se relaciona con shevúa (juramento). El nombre Elisheva significaba originalmente Mi Dios es siete y sólo más tarde Mi Dios es juramento. El número siete es muy frecuente en la literatura apocalíptica, en el Talmud y el Midrash y en el misticismo medieval. Y por siete veces Mark Spitz creó toda una leyenda hasta ahora no superada, al demostrar que en esas siete ocasiones sus facultades asombrosas en el deporte al que le dedicó un esfuerzo casi sobrehumano.


Mark Spitz, este fenómeno increíble del fascinante mundo del deporte de la natación, nació en California en 1950 y a los dos años de edad sus padres cambiaron de residencia a Hawaii, el paraíso de los nadadores. Ya desde pequeño empezó a sentir el placer de flotar en el mar de las famosas playas de Waikiki, como si las olas que hacían balancear su menudo cuerpo fueran su elemento natural.
Pocos años después, la familia Spitz regresó a California donde Mark siguió practicando la natación gracias a que sus padres lo estimularon debido a las cualidades que había demostrado en Hawaii, facilitándole una temprana asistencia de instructores profesionales. A la edad de diez años, Mark Spitz ganó su primer premio en natación. Desde entonces los profesores vieron en él a un futuro campeón.
El asistía a una escuela religiosa donde se le preparó cuando cumplió los 13 años de edad para la solemne ceremonia de la Bar-Mitzvá, habiendo sido calurosamente felicitado por los asistentes, debido a la brillante lectura de la Tora que llevó a cabo. Un año después, el famoso entrenador George Haines, le auguró un gran porvenir en esa disciplina deportiva y le dijo: "Tú serás el más grande nadador de todos los tiempos". La gente que lo veía practicar en la alberca se admiraba de la increíble velocidad que desarrollaba y lo aplaudían con entusiasmo cuando salía del agua murmurando "nunca habíamos visto algo parecido". En 1967, al cumplir los 17 años, la célebre revista "Swiming World" (El Mundo de la Natación) lo nombró El Nadador del Año. En ese mismo año, Mark rompió tres records americanos y cinco mundiales y también ganó cinco medallas en los Juegos Panamericanos que tuvieron lugar en Canadá.
En 1968, en la Olimpiada que se celebró en México ganó dos medallas de oro. Al año siguiente, 1969, nuestro flamante campeón fue a competir a la Macabiada que se celebra cada cuatro años en Israel y en la cual toman parte atletas judíos de todo el mundo representando a sus respectivos países. En esta Olimpiada judía, Mark Spitz ganó cuatro medallas de oro.
Para la tristemente célebre Olimpiada de Münich de 1972, Mark se preparó concienzudamente con el firme propósito de ser el mejor. Una voz interior le decía que esta competencia deportiva mundial podría ser el marco esplendoroso de una culminación de su increíble carrera. Horas enteras, diariamente, fueron dedicadas a su entrenamiento. ¡Cuánta devoción, cuánto esfuerzo puso en todas y cada una de sus brazadas! Su entrenador estaba fascinado. Nunca le había tocado un alumno de tan extraordinarias cualidades. La primera competencia de los 200 metros de nado mariposa le dio a Mark su primera medalla de oro en estos juegos olímpicos de Münich. Al día siguiente tomó parte en los 400 metros nado libre y ganó la segunda medalla de oro. El público que lo contempló directamente o por la televisión estaba asombrado de su porten-losa capacidad y de la serenidad que le acompañaba en cada prueba. En tres días, Mark había acumulado cinco medallas de oro y al término de esta Olimpiada, él había realizado la proeza de ganar siete medallas de oro, cosa jamás vista en juegos olímpicos. Estados Unidos estaba estremecido, y en el mundo entero se comentaba con asombro la hazaña realizada. Mark recibió los máximos honores del mundo deportivo y la Asociated Press lo nombró el Máximo Atleta del Año.
Esta victoria que para Spitz era la cumbre de su existencia y el fruto de años y años de disciplina y entrega absoluta a su deporte, fue empañada por el asesinato de once deportistas que representaban a Israel en esta fiesta olímpica. La masacre perpetrada por terroristas palestinos conmocionó al mundo entero. Cuando la gente que llenaba el estadio se levantó para guardar un minuto de silencio, Mark Spitz, con los ojos llenos de lágrimas, contempló sus siete medallas de oro y sintió que no tenían brillo en ese momento. ¿Por qué tenía que suceder esta masacre de sus correligionarios? ¡Qué paradojas tiene la vida. El triunfo por un lado y por el otro la tragedia!
De regreso a su casa de California, Mark Spitz se vio envuelto por la fama como fruto de los logros alcanzados. Sin embargo, él sintió que debía empezar una nueva vida de actitud más unida a su herencia judía. Aunque seguía amando a la natación, consideró que no nada más zambullirse en el agua y obtener records y medallas era lo único importante que quería hacer en su vida. Al contrario, Spots decidió utilizar su inmenso prestigio para ayudar a causas nobles como la de apoyar al Estado de Israel en sus necesidades. Así fue como se le vio en reuniones y mítines dando conferencias y pronunciando discursos a grupos de estudiantes judíos para que conservaran incólumes sus herencias y tradiciones y respaldaran a Israel.
Únicamente el tiempo dirá si alguien puede ser capaz de igualar o superar el éxito increíble conquistado por Mark Spitz en la Olimpiada de Münich.  



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