Magda. Auge y caída - Intelecto Hebreo

Son las:
27/09/2017
Vaya al Contenido

Menu Principal:

Magda. Auge y caída

Colección y Consulta

Magda. Auge y caída


Por: José Brito (Tenerife, Esp.)

Al irresistible Sr. Wolf le gustaba jactarse de que habían sido las mujeres alemanas quienes acuñaron la expresión "Mein führer".
Helene Bechstein (2), llevada de su admiración y arrobo, le regaló un Mercedes valorado en 26.000 marcos de aquella época. Todo era poco para halagarle y ganarse la amistad y cercanía del "héroe".
Las mujeres, sin lugar a dudas, fueron las mejores propagandistas del NSDAP (3). Singularmente, era el único partido político en Alemania que las despreciaba e ignoraba olímpicamente.
Muchas veces me he preguntado si la tan conocida expresión "detrás de un gran hombre hay siempre una gran mujer" tiene algo que ver con la realidad, o si, simplemente, todo queda en una frase hecha, de contenido un tanto amorfo y poco clarificador.
La anterior reflexión viene a cuento en base a una serie de artículos que he tenido la oportunidad de leer últimamente y que intentaban perfilar cómo era la vida cotidiana de las mujeres alemanas inmediatamente antes y después de que Adolf Hitler tomara el poder.
De entre los capitostes y gerifaltes encumbrados en el universo nazi, Joseph Goebbels y Martin Bormann podrían perfectamente corroborar, cada uno en un sentido diferente, que no tiene por qué ser verdad la expresión coloquial antes mencionada.
Joseph y Magda Goebbels. Inteligentes ambos. Ella le ayudó en su ilimitada ascensión hacia el poder.
Martin y Gerda Bormann. Astuto y perspicaz él. Sumisa y obediente ella. Totalmente carente de iniciativa propia no significó nada en la vida política de su marido. (De acuerdo a los biógrafos de la pareja, tampoco en lo personal era sensiblemente apreciada por su cónyuge.)
Cara y cruz de una misma moneda. Personalmente, y a efectos de retratar de la forma más nítida posible una época determinada, prefiero centrarme en Magda, en quien confluyen ambición por el poder y subyugación hacia un hombre ciertamente anodino e impersonal pero con mucho carisma.
La vida de Magda fue agitada desde su nacimiento. Hija ilegítima de una criada, fue bautizada con el apellido Behrend. Posteriormente, su madre se casaría con el padre de la niña, el industrial Oskar Ritschel. La unión no fue duradera y a los tres años acabó en divorcio. Auguste Behrend, madre de Magda, tenía una marcada inclinación hacia el matrimonio y al poco de su divorcio volvió a casarse con un próspero fabricante de pieles apellidado Friedländer. Nada tendrían de extraño estas segundas nupcias si no fuera por el hecho de que el señor Friedländer era judío.
La infancia y adolescencia de Magda transcurrió sin problemas de ningún tipo. Padre y padrastro se desvivían por complacerla y consentirla. Era el vivo retrato de una niña malcriada.
Cuando el tándem Friedländer-Behrend llegó a su fin, Magda agradeció todas las atenciones recibidas de su padrastro adoptando su apellido.
La educación de la futura señora Goebbels fue elitista. Una deslumbrante presencia y la estancia en caros y exclusivos internados la prepararon para ser una perfecta Lady. Saber estar, sex-appeal y exquisitez se conjugaban singularmente en esta mujer que llegó a impresionar al mismísimo Sr. Wolf.
En enero de 1.921 tocaron campanas de boda para la bella Magda. El elegido fue Günther Quandt, una de las fortunas más colosales de Alemania. Todo transcurrió como en un cuento: el multimillonario y la "pobre y malcriada niña rica". A última hora y por expreso deseo de su futuro esposo, Magda cambió el apellido de su padrastro, Friedländer, que despedía cierto "tufillo" judaico, por el suyo verdadero, es decir, Ritschel.
El idílico ensueño duró, desgraciadamente, muy poco. Aparte de una diferencia de edad exageradamente dispar entre ambos cónyuges (algo más de 20 años), el señor Quandt resultó ser un auténtico "aguafiestas" poco dado a los eventos sociales y "vida palaciega" que tanto entusiasmaban a su esposa. Además, era muy frugal en sus gastos y no admitía el menor despilfarro. El ideal de vida disipada con una ilimitada cuenta corriente a su disposición y a la que acudir a su antojo pronto se esfumó y lo que al principio sólo eran virtudes se transformaron en insalvables defectos.
Quandt quería a su lado una bella figura femenina a la que exhibir en sus viajes de negocios por todo el mundo. Magda cumplió con su papel a la perfección durante un tiempo pero, más temprano que tarde, sobrevino el ya esperado choque frontal entre esta pantomima de matrimonio y la señora Quandt se lanzó a un intempestivo amorío con un amigo de su época estudiantil.

Regreso al contenido | Regreso al menu principal