Louis B. Mayer - Intelecto Hebreo

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27/09/2017
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Louis B. Mayer

Colección y Consulta
Louis B. Mayer
 
Por. Manuel Levinsky
 
La empresa más poderosa y popularmente conocida en el mundo cinematográfico ha sido, sin duda alguna, la Metro Goldwyn Mayer. Sus iniciales MGM con el logo de un león en medio, han dado la vuelta al planeta y puede decirse que centenares de millones de personas en todos los puntos cardinales del globo terráqueo los siguen viendo en las grandes pantallas de las salas de exhibición y las electrónicas de la televisión.
Pues bien el magnate que llevó hasta la cumbre a este gigantesco consorcio mundial fue el judío Louis B. Mayer. Él nació en Rusia en el año 1885 y como dato curioso diremos que nunca quiso informar la fecha exacta de su nacimiento sino que, para demostrar su patriotismo a Estados Unidos, el país que lo acogió desde muy pequeño, celebró siempre su cumpleaños el 4 de julio, Día de la Independencia de la gran nación del norte. Su fidelidad a Norteamérica quedó ampliamente demostrada por el gran apoyo que dio a las causas derechistas del Partido Republicano y figuras de la talla del magnate periodista William Randolph Hearst y del político y senador Joseph McCarthy en la década de los cincuenta, cuando se formó la lista negra de simpatizantes del comunismo de Hollywood.
Nuestro personaje fue hijo de Jacobo y Sara Mayer. Su padre se dedicaba a la venta de chatarra de metal en un pequeño pueblo de New Brunswick, Canadá, país que abandonó cuando era adolescente para buscar fortuna en Boston. Louis B. Mayer perdió a su madre cuando era muy joven y su recuerdo fue para él casi una fascinación, al grado de influir en varias de las películas que produjo en las que aparecían madres sufridas, bondadosas y abnegadas.
A la edad de 19 años contrajo matrimonio con la hija de un Jazán y comenzó a trabajar en diferentes empleos hasta terminar comprando y renovando un pequeño teatro burlesque en Haverhill, un poblado al norte de Boston. Su vocación por la industria cinematográfica se manifestó desde un principio cambiando el nombre al teatro para exhibir películas mudas. Sus utilidades le produjeron lo bastante para comprar otras salas que pronto formaron una cadena que le dieron el dinero suficiente para volverse un distribuidor de películas.
 
Sumamente hábil en los negocios, adquirió en 1915 los derechos de distribución para toda Nueva Inglaterra de la famosa película Nacimiento de una Nación de D.W. Griff'ith. El éxito fue tal que obtuvo utilidades diez veces superiores a la inversión inicial, lo cual le permitió producir algunas obras de teatro que, por cierto, no tuvieron el resultado que esperaba, por lo que tomó la decisión de viajar a Los Ángeles y llegar a la meca del cine de Hollywood. Esto ocurrió en 1918, cuando nuestro personaje cumplía los 33 años de edad.
En aquella época las películas mudas se hacían de una manera rústica en parajes cercanos a Los Ángeles, con bajos costos invertidos por unas setenta compañías fílmicas que compartían la atención del público. Dedicado ya por entero a esta naciente y gran industria, llevó al estrellato a su primera gran actriz, Anita Stewart, que aparecía en películas que le dieron importancia a su pequeña compañía llamada "Metro Pictures".
En 1924, el poderosos dueño de salas cinematográficas Marcos Loew le compró la "Metro Pictures", pero Mayer se hizo su socio como vicepresidente ejecutivo de dicha empresa, la cual se fusionó con "Goldwyn Pictures" fundada por el también judío Samuel Goldwyn. De esta fusión emergió en 1926, la célebre "Metro Goldwyn Mayer con Louis B. Mayer como su presidente.
El ascenso de nuestro personaje fue notable y la MGM tuvo como lema hacer arte por el arte mismo, realizando películas de calidad con estrellas de la talla de Greta Garbo, Clark Gable, Joan Crawford, Robert Taylor, William Powel, Jean Harlow, Mirna Loy, Melwyn Douglas y entre ellos el singular Spencer Tracy.
Las décadas de los años cuarenta y cincuenta, fueron de un auge extraordinario para la MGM que realizó películas musicales llevando las obras de Broadway a la pantalla cinematográfica en increíbles composiciones de bailes, música y color, popularizando canciones que se cantaban y bailaban en todo el mundo.
La hija de Mayer, Edith, se casó con David O. Selznick cuyo matrimonio en un principio no fue visto con buenos ojos por nuestro personaje, en vista de que David era hijo de Lewis Selznick antiguo empleado suyo, y él deseaba para su hija un partido de altura de la posición social cumbre en que se encontraba. Nunca se imaginó en ese entonces que su yerno sería el creador y realizador de la película más famosa de todos los tiempos, nada menos ni nada más que “Lo que el viento se llevó”
Louis B. Mayer siempre hizo gala de su origen judío y supo llevar su apellido con gran orgullo ante toda la sociedad que lo rodeaba. Su empresa le dio al mundo entero una imagen de grandeza de los Estados Unidos, de sus valores, de su cultura. De su vida rural y urbana, de sus pasajes históricos y de la forma de ser del ciudadano norteamericano. La Metro Goldwyn Mayer ha sido la embajadora más eficaz de la gran nación del norte y a través de ella Louis B. Mayer, quien falleció en 1957, supo inmortalizar su nombre.

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