Los Vikingos - Intelecto Hebreo

Son las:
27/09/2017
Vaya al Contenido

Menu Principal:

Los Vikingos

3er Lustro Rev. Foro

Los Vikingos


Por: Magdala

"¡De los bárbaros del norte líbranos Señor!" este grito se alzaba de mil iglesias, monasterios y abadías mientras las incursiones vikingas se extendían por Europa, desde Hamburgo en Alemania hasta Burdeos en Francia.

Las aterradoras bandas vikingas aparecieron a finales del siglo VIII y sus navíos largos y bajos, con un dragón rojo en la proa, comenzaron a costear y a remontar ríos y estuarios para llevar el fuego, la violación y el pillaje al interior. En 793 el monasterio de Lindisfarne, frente a la costa noroeste de Inglaterra fue saqueado y sus monjes asesinados. Dos años más tarde los vikingos habían alcanzado la costa de Irlanda, cerca de Dublín, y en 799 la costa occidental de Francia.
En el relato de un fraile francés sobre el sitio de París en 885 llama a los vikingos "bestias salvajes que van a caballo y a pie por campos y montes... matando niños, jóvenes y viejos, padres, hijos y madres. Asolan, despojan, destruyen y queman todo lo que encuentran a su paso". Pero tengamos en cuenta que todos esos relatos provienen de las víctimas y más precisamente de los eclesiásticos, que en aquella época eran los únicos que sabían leer y escribir; incluso tienden a exagerar el número y la ferocidad de sus adversarios.

Para tener una idea más clara de lo que realmente sucedió necesitaríamos remontarnos a textos vikingos, pero desgraciadamente éstos no conocían la escritura, así que debemos confiar en los relatos de fuentes imparciales, especialmente árabes y en la arqueología. Surge entonces una idea muy diferente.
Es verdad que los vikingos saqueaban y destruían -sobre todo iglesias y monasterios- pues desde su punto de vista pagano, los cristianos debieron parecerles increíblemente necios, pues atestaban sus iglesias de ornamentos de oro y plata sin más defensa que frailes y sacerdotes, convirtiéndose así en sus objetivos predilectos, al igual que las ciudades y pueblos sin fortificar.
Los vikingos habían caído sobre una Europa tan asombrada y aterrada por su rapacidad que la imagen pirata-guerrero nórdico ha pasado a ser un estereotipo popular. Sin embargo no dejaban a su paso sólo ruinas humeantes, construían además de destruir. Realmente apenas se les conoce como un pueblo de grandes comerciantes cuyos barcos mercantes recorrían las rutas marítimas europeas desde Groenlandia hasta el mar Caspio y que utilizaban su nueva, y no bien habida, riqueza para adquirir barcos con los que comerciaban con países remotos, o para establecerse con sus familias en tierras más fértiles que los magros suelos escandinavos.
Se conoce el caso de un danés llamado Rorik que, tras saquear varias veces el puerto de Dorestad, en la desembocadura del Rín, acabó por establecerse allí y convertirse en un próspero mercader. Otros, más arriesgados, se aventuraron más lejos y fundaron emplazamientos comerciales que se transformaron en grandes ciudades como Dublín, en Irlanda, o Kiev en Rusia.
Ganado, productos lácteos, ámbar del Báltico y pieles eran cambiados por mercancías de lujo del sur. Hay pocas fuentes históricas de los siglos posteriores, pero los costosos enterramientos en barcos y los tesoros descubiertos revelan que, mientras en gran parte de Europa reinaba el desorden, los pueblos escandinavos seguían comerciando y enriqueciéndose al margen de tales sucesos.
Para el siglo X las incursiones eran cosa del pasado y los vikingos se habían transformado en colonizadores. En 911 se les concedió la región de Francia conocida desde entonces como Normandía, donde pronto adoptaron no sólo la lengua sino la religión de sus vecinos franceses. El duque de Normandía se convirtió en uno de los gobernantes más poderosos de Europa y sus soldados cristianos conquistaron toda Inglaterra en 1066 y, pocos años después, el sur de Italia y Sicilia.
Al norte los noruegos navegaron más allá de las rutas de los antiguos viajeros, sin brújulas ni mapas y con navíos de una vela y de no más de 16 a 23 m. de eslora, explorando grandes extensiones de mar que habían permanecido desconocidas.
En la Islandia hasta entonces desierta, fundaron una república de pescadores y agricultores, con una asamblea única en la que todos los hombres libres tenían voz y voto. Esta democracia, la primera que vio el mundo desde la antigua Grecia, sigue viva como homenaje al genio más bien productor que destructor de los vikingos.
Las crónicas rusas del siglo XII nos cuentan que en 907 e.c. Bizancio (hoy Estambul) tembló ante la cercanía de una enorme flota vikinga al mando de Oleg, soberano sueco de Kiev, más allá del mar Negro. Tras sus triples murallas y sus puertos con barreras Bizancio se sentía segura, pero el ingenio de los vikingos superó sus defensas. Oleg ancló sus barcos en la orilla e hizo ponerles las ruedas que llevaba para ellos; después cuando el viento fue favorable, desplegaron las velas y cayeron sobre la ciudad y los bizantinos se vieron obligados a pedir la paz. En las crónicas se les olvidó comentar que en 942 el hijo de Oleg, Igor, intentó un ataque parecido pero fue derrotado y su flota destruida. A pesar de ello en adelante hubo intensos lazos comerciales y culturales entre la gran ciudad oriental y los dinámicos, pero rudos, príncipes de Rus.
Rus era el nombre que daban a los vikingos sus vecinos fineses y según dicha crónica rusa, en el siglo IX los invasores vikingos fueron invitados por los esclavos a convertirse en señores de su país. La invitación fue enviada a un héroe vikingo llamado Rurik y a sus hermanos y decía: "Nuestro país es rico, pero reina en él el desorden. Venid a gobernarnos".
Ningún vikingo podría resistir tal oferta y Rurik y sus descendientes no tardaron en verse establecidos en Novgorod, Smolensky y sobre todo en Kiev, a la que declararon "madre de las ciudades rusas" y se convirtió en primera capital de ese país eslavo que pronto iba a ser llamado Rusia, por el nombre de sus gobernantes.
Los invasores vikingos no tardaron en prosperar. Al principio -como advirtieron los árabes- eran unos salvajes, pero el contacto con los refinados bizantinos del sur no tardó en civilizarlos.
A finales del siglo X la sangre vikinga se había diluido en la sociedad eslava. Lo que surgió de la mezcla de ambos fue el primer auténtico Estado Ruso.

Regreso al contenido | Regreso al menu principal