Los Samaritanos... - Intelecto Hebreo

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27/09/2017
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Los Samaritanos...

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Los Samaritanos...
¿Quiénes son?


Por: Tzila Chelminsky (Israel)

Hace poco tiempo tuvo lugar en el Museo Israel una excelente muestra de pintura titulada "Paisajes de la Tierra Santa". En ella se presentaron obras de los grandes pintores de todas las épocas, como Rembrant, Rubens, Tiziano, el Greco, Veronesse, Van Dyck y otros muchos que pintaron la Tierra Santa como ellos se imaginaban: de paisajes exóticos, tropicales, ricos en flora y fauna, colorido intenso, etc. Un hecho destacado era cuántos de ellos se inspiraron y reprodujeron el tema del "buen samaritano", "la mujer samaritana dando de beber a Jesús", "Jesús en su encuentro con los samaritanos" y otros. ¿Quiénes son estos samaritanos que tanto inspiraron y dieron tema a los grandes pintores?

La historia del "buen samaritano", mencionada en la Epístola de Lucas (X-25-27), ha arraigado profundamente en la conciencia cristiana. La de la mujer samaritana en Sicar desempeña asimismo un importante papel en la tradición del Nuevo Testamento (Juan IV, 1-42). No se trata de meras fábulas; de hecho, esos episodios presentan un específico grupo de antiguos israelitas que ostentan una larga historia como nación y que ha sobrevivido como comunidad religiosa hasta nuestros días. Es interesante que en el Viejo Testamento, los samaritanos estén mencionados una sola vez (Reyes B- XVI1-29), mientras que en la liturgia cristiana aparecen extensos relatos relacionados con ellos tanto en las Epístolas de Juan como en los Evangelios de Mateos y Lucas.
El origen de la secta parece remontarse al fin del siglo IV A.C., cuando, en la época de Alejandro Magno, un grupo de sacerdotes de Jerusalem se separaron de los israelitas y construyeron su templo en el Monte Grizim; Flavio Josefo atribuye el éxodo de los sacerdotes de Jerusalem a Shjem, a su expulsión por tener relaciones matrimoniales con la familia de Sanballat, el gobernador de Samaria, que fue uno de los más fuertes oponentes del plan de Nehemia para reconstruir Jerusalem; posteriormente se dedicaron a la redacción e interpretación diferente de la Tora. Esta comunidad, que se independizó del liderazgo espiritual de Jerusalem, creó un grupo que por cuestiones culturales e históricas se desarrolló alejado de los judíos, impidiéndoles tener con ellos el mínimo contacto o algún tipo de relación fraternal.

Del estudio de los textos se desprende que judíos y samaritanos compartían una herencia común, pero diferían radicalmente con respecto a la santidad de Jerusalem-Sión (el Monte Moria) frente al Monte Grizim. Tenían asimismo diferentes costumbres con respecto a los utensilios para alimentos y evitaban el contacto de unos con otros. Eso explica la práctica seguida por los judíos de evitar el paso por Samaria en sus peregrinaciones a Jerusalem. La actitud negativa de los judíos hacia los samaritanos se refleja en lo dicho por Jesús, tal como aparece en Mateo X,5, donde compara a los samaritanos con los gentiles y coloca a Samaria en una posición intermedia entre Jerusalem-Judea y el mundo gentil; y en las referencias de los adversarios de Jesús quienes despectivamente lo llaman "samaritano" y poseído por el diablo.
Los samaritanos tienen como libro sagrado sólo a la Tora (los 5 libros del Pentateuco), dándoles su distintiva y propia redacción, y nunca aceptaron ni a los Profetas ni a los Hagiógrafos. El error principal de los judíos, según los samaritanos, consiste en haber minimizado en su Biblia la importancia de Grizim, y en haber construido su templo en Jerusalem.

El grupo samaritano más antiguo e históricamente más importante vivía y sigue viviendo en la ciudad de Nablus (Shjem) deformación árabe del nombre romano "Neápolis", entre los montes gemelos Ebal y Grizim, contando esta comunidad con aproximadamente 500 almas; el otro grupo, con casi 400 miembros, vive en Holón, al sur de Tel-Aviv, en un lugar llamado "Shikún Hashomronim" (el complejo samaritano). Hasta la Guerra de los Seis Días, y por razones políticas, estos dos grupos tenían poca comunicación entre sí. Estas 900 personas constituyen, sin duda, la minoría étnica más cerrada del mundo moderno. No hay otro grupo étnico-religioso cuyo desarrollo interno y relaciones externas sean tan rígidas en cuanto al intercambio con el exterior: la endogamia absoluta y el modo de encarar los problemas de aculturación nos muestran la implacable lucha de una minoría religiosa en defensa de su identidad: su vida personal y comunal es modelada por la tradición en su más alto grado. La concentración de todos los miembros del grupo en un pequeño espacio, les permitió mantener su identidad social y religiosa a través de siglos a pesar de su reducido número. Ello también ayudó a cuidar con ternura el mínimo requerido de las instituciones comunitarias: una sinagoga (kinsah), una escuela y un sistema interno de jurisprudencia. Sus costumbres, como un retoño del judaísmo bíblico fosilizado hace 2.000 años, nos ofrecen un vislumbre de los principios y formas de vida del judaísmo pre-rabínico.
El Shabat samaritano empieza el viernes por la tarde y sólo puede ser santificado dentro de su propio grupo. Tomando literalmente el mandamiento del Pentateuco de guardar total descanso en el sábado y no prender fuego, los samaritanos permanecen en sus casas la noche del viernes en completa oscuridad. Ningún alimento puede ser cocinado ni se admite forma alguna para conservar la comida caliente, tal como se permite en la religión judía. Un samaritano abandonará su casa durante el shabat solamente para rezar en la kinsah (su sinagoga). En ella, la mayor parte de las oraciones son cantadas al unísono, y algunas son entonadas a modo de responsa: por turnos, los asistentes cantan un párrafo cada uno, y la comunidad responde. Aparentemente, el rollo de la Tora se parece a los que utilizan los judíos de las comunidades orientales; es guardado en un cilindro, a modo de receptáculo, del que nunca se saca, y está escrito en el antiguo alfabeto hebreo que en el judaísmo fue sustituido por la llamada "escritura cuadrada" durante los últimos siglos antes de la era cristiana. Esa escritura nos es conocida por las inscripciones del hebreo antiguo, del moabita, del fenicio, así como en algunos fragmentos de los Rollos del Mar Muerto.

Para los samaritanos el Monte Grizim es su "tierra santa", y en muchos sentidos el grupo instalado en Holón, es considerado como si viviera en la diáspora. Sostienen que su nombre no se deriva de Samaria, la capital del reino de Efraim, sino de la raíz hebrea "shamar" (guardar, vigilar), y en consecuencia se auto denominan "samrayim", denotando que son los verdaderos guardianes de la ley divina. Los levitas y especialmente los sacerdotes realizan las funciones de la dirección espiritual y comunal, que en el judaísmo pasaron al sabio y al rabino.
En la órbita cultural judeo-cristiana, sólo los samaritanos han mantenido el rito del sacrificio. Su detallada ceremonia en el Monte Grizim en la víspera de la Pascua (Pésaj), que atrae a cientos de visitantes israelíes, refleja aspectos del sacrificio ritual durante el Segundo Templo, ciñéndose estrictamente a las prescripciones de la Tora. Al principio del mes de Nisan, el jefe de cada familia selecciona un cordero para los suyos, que es cuidado y conservado hasta el día del sacrificio. El culto de la Pascua se inicia con una serie de oraciones cantadas por los dirigentes de la comunidad, vestidos con una larga y amplia túnica blanca, mientras los sacerdotes preparan los corderos para el sacrificio. Estos son llevados a la zanja que sirve de altar, y, poco antes de la puesta del sol, según se ordena en el Pentateuco, el sacerdote elegido para esta misión los sacrifica, pasando de uno a otro con un movimiento increíblemente rápido. Después de matarlos, se derrama agua hirviendo sobre los cuerpos, los cuales son despojados de la piel, limpiados y colocados en asadores de madera. Mientras tanto, un fuego de brasas se ha encendido en el fondo de un profundo hoyo, a modo de horno de barro, dentro del cual se colocan los asadores. El hoyo es cubierto con arcilla y se deja asar la carne, mientras se recitan nuevas oraciones. Los miembros de la comunidad se dirigen a sus tiendas o casas para cambiar sus blancas ropas por otras completamente diferentes. Aparecen en una larga procesión, llevando rudos vestidos y pesados zapatos, con palos en sus manos y fardos a sus espaldas, preparados a volver a realizar el éxodo de Egipto.
Exactamente a media noche se abre el hoyo y cada familia retira su cordero, del cual toman precipitadamente trozos de carne que comen con rapidez, al igual que los hijos de Israel al abandonar Egipto. De acuerdo con la ley de la Tora, no se rompe ni un solo hueso del cordero sacrificado: todos los huesos y la carne sobrante, son arrojados al altar para que se quemen, ya que ningún resto debe permanecer hasta la mañana siguiente. Cumplido esto, la comunidad en procesión da vuelta al lugar sagrado, dejando Egipto, para iniciar su viaje a la Tierra Prometida. Después se sirve una cena semejante al "seder" judío.

Hasta la fecha los samaritanos han tenido éxito en mantener su identidad gracias a su persistente afición a un sistema endogámico de matrimonio, que es practicado dentro de los límites de la comunidad, aunque recientemente, debido a la escasez de miembros, ya no se oponen a matrimonios con mujeres judías.
La historia de los samaritanos es un largo relato de sucesos tristes. Todo parece indicar que durante los últimos siglos antes de la era cristiana fueron una vigorosa nación, que contaba con más de un millón de miembros. En esa época pudieron mantener su propia identidad frente al judaísmo e incluso intentaron luchar contra los conquistadores romanos. Pero desde entonces han sido constantemente perseguidos. Millares perecieron durante sucesivas luchas contra los judíos, cristianos y musulmanes. Padecieron opresión política, económica y cultural, y las adversas condiciones procedentes del exterior acrecentaron su obstinado conservadorismo religioso. En el ámbito de su pensamiento y literatura, no produjeron nuevas ideas ni formas durante casi dos milenios.
Visitamos a los samaritanos en Shjem (Nablus) y en el Monte Ibal en el mes de septiembre último, pocos días antes de que estallase la llamada "intifada del Aksa", y nos pudimos percatar de que, atrapados entre una ley ritual petrificada y el proceso histórico, nos ilustran acerca de lo que podía haber sucedido con el judaísmo, si no hubiesen aparecido los rabinos y los líderes fariseos, quienes, desarrollando formas y medios de interpretación de la ley bíblica, la fueron adecuando y amoldando a los cambios sociales y a diferentes situaciones históricas, lo cual permitió la adaptación y supervivencia del pueblo judío a lo largo de siglos diaspóricos.
En la zona de Judea y Samaria, la llamada Margen Occidental, (al igual que en la zona de Gaza), donde se encuentran el mayor número de asentamientos judíos, es donde han tenido lugar los actuales disturbios entre palestinos e israelíes. Debido a que la comunidad samaritana central se halla en Nablus y su ceremonia en el Monte Grizim se encuentra ya bajo control de la Autoridad Palestina; este año por cuestiones de seguridad, los samaritanos de Holón no pudieron festejar la Pascua con sus hermanos, volviéndose a la misma situación que existía antes de la Guerra de los Seis Días. Asimismo, los cientos de visitantes israelíes durante Pésaj, para los cuales es una experiencia histórica conocer formas antiguas de rito judío, no les permitieron cruzar esa área.
Confiamos en que este nuevo aislamiento de los samaritanos sea solucionado pronto, para beneficio de ambos grupos, así como para toda la población de Israel.


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