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27/09/2017
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Lina Stern

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Lina Stern
 
Por: Manuel Levinsky
 
Se trata de una mujer extraordinaria que supo revivir a moribundos y sobresalir en el ámbito científico como Fisióloga y Bióloga. Sus aportaciones fueron de tal manera importante que sentaron las bases para los asombrosos avances de la ciencia de hoy día.
Lina Stern nació en el seno de una familia judía en Iraní, Lituania, perteneciente a Rusia en 1878. Ella fue educada en la capital de Riga, y cuando todavía era una niña fue llevada a Suiza, habiéndose graduado en la escuela de medicina de la Universidad de Ginebra en el año de 1903.
En la etapa comprendida de 1917 a 1925 Lina trabajó en Ginebra como asistente en Bioquímica. Debido a su esfuerzo e inteligencia se le consideró como una brillante científica. Entabló amistad con varios académicos que visitaban esta ciudad de Suiza.
En 1925 y con un gran prestigio adquirido en el Occidente tomó la decisión de regresar a su país Lituania. Sus colegas suizos sorprendidos por su repentina decisión le preguntaron ¿Por qué abandonar el Occidente donde el medio ambiente para los científicos es tan favorable? Su contestación fue simple: ella tenía la esperanza de que estableciéndose en Moscú, podría dedicarse a la ciencia en una "Sociedad bajo principios científicos" por lo que se convirtió en ciudadana soviética de inmediato.
Ese mismo año fue nombrada profesora en Fisiología en el segundo Instituto Médico de la Universidad de Moscú. Sus amplios conocimientos la llevaron en 1929 a ser designada Directora y Profesora en Jefe del Instituto Científico de Investigación en Fisiología en Moscú y como Directora del Departamento de Fisiología General del Instituto de Medicina experimentada de la propia capital moscovita.
Su ascenso en el ámbito científico siguió adelante y en 1932 Lina fue elegida miembro de la Academia Alemana de Ciencias Naturales. Siete años después se convirtió en la primera mujer en la Academia de Ciencias de la Unión Soviética y ya durante la Segunda Guerra Mundial en 1943 fue galardonada con el "Premio Stalin" y varias Ordenes al Mérito.
Lina se especializó en Fisiología del Cerebro y del Sistema Nervioso Central. Por un prolongado tiempo se dedicó a investigar el problema médico fundamental del por qué ciertas medicinas y sueros inyectados en la corriente sanguínea no penetraban en los centros nerviosos del cerebro. Por ejemplo, inyecciones intravenosas de sueros antitetánicos fallaban en prevenir de que el tétano invadiera dicho sistema nervioso central. Lina concluyó que debería haber una barrera o una membrana que al desarrollarse protegiera los nervios y el fluido espinal de sustancias peligrosas y de la mayoría de los gérmenes. Ella la llamó "La Barrera Hematoencefálica".
En un esfuerzo para evitar esta barrera, Lina se preguntó ¿Por qué no inyectar directamente los medicamentos a los centros nerviosos del cerebro? Esto era un experimento muy peligroso, así que lo probó primero en perros. Obtuvo resultados sorprendentes. Soluciones de calcio inyectadas a la corriente sanguínea en grandes dosis, actuaban como estimulantes. Al aplicar Lina unas pocas gotas de solución de calcio con sal al cerebro del perro, éste se colapsó y pocos minutos después quedó dormido. Cuando ella le inyectó sulfato de potasio, el perro tuvo un ajetreo frenético por 30 minutos.
A pesar de que este experimento sólo se había aplicado en animales, Lina tenía la esperanza de que tal vez pudiera tener éxito en seres humanos. Esta notable científica se preguntaba: ¿Podría una inyección de esta solución en el cerebro revivir a un paciente moribundo con baja presión arterial, pulso débil y dificultades para respirar? Durante la Segunda Guerra Mundial tuvo la oportunidad de probar su teoría. Administró inyecciones al cerebro de víctimas en Shock que habían sido desahuciadas. El tratamiento funcionó increíblemente bien y de los primeros 383 casos 301 se recuperaron.
Al finalizar la guerra, el tratamiento de Lina se convirtió en un procedimiento estándar en muchos hospitales soviéticos. Asimismo empezó a probar inyecciones directas al cerebro de vitaminas, sedantes y otros medicamentos para un gran número de enfermedades, logrando excelentes resultados contra el tétano, úlcera, enfermedades de la piel, inflamaciones cerebrales y desórdenes mentales.
En su afán investigativo ella pensaba que sus descubrimientos podrían explicar incluso la causa de enojo, toda vez que un hombre enojado podría calmarse súbitamente. ¿Por qué era esto? Porque la adrenalina estimulante del enojo, aumentaba su concentración, penetraba la barrera Hematoencefálica hacia el cerebro, revirtiendo su cerebro. La barrera entonces servía como una "válvula de seguridad" previniendo de que explotara en su cabeza.
De 1910 a 1947 Lina escribió más de 400 estudios científicos sobre fisiología y biología en ruso y en alemán.
La revista Time de los Estados Unidos publicó el 3 de marzo de 1947 que eminentes doctores estadounidenses que estudiaron su sólido e imaginativo trabajo estuvieron de acuerdo en sus descubrimientos que podrían significar un cambio total en el tratamiento del shock, tétano, presión sanguínea elevada y varios otros desórdenes del sistema nervioso central.
Después de la Segunda Guerra Mundial y no obstante los innumerables premios y reconocimientos por sus exitosas investigaciones, la brillante científica Lina Stern fue víctima del complot llevado a cabo por el régimen soviético en contra de los doctores judíos. Era la época de la brutal represión del régimen stalinista contra los hombres de ciencia y prominentes escritores judíos.
En 1948, Lina Stern fue acusada por los soviéticos de cosmopolitismo, término que usaban los comunistas para señalar a quienes a su juicio cometían el nefando crimen de ser judíos.
Lina fue removida de todos sus cargos durante las purgas de judíos que siguieron y una vez que le fueron retirados todos los honores que recibió, ella tuvo que esperar hasta la muerte del dictador Joseph Stalin en 1953 para mejorar su estatus personal. Ese mismo año fue reinstalada profesionalmente y todos sus premios y honores le fueron regresados.
La ciencia obtuvo notables adelantos gracias a sus estudios y descubrimientos en áreas importantes de Fisiología y Biología.
Lina Stern, una científica judía de enorme relieve, aunque poco conocida en el Occidente, pero apreciada en los más altos niveles de la ciencia médica mundial, falleció en 1968 a los 90 años de edad dejando con sus amplios trabajos un verdadero tesoro a la humanidad.

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