La gripe de 1918, terrible catástrofe - Intelecto Hebreo

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27/09/2017
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La gripe de 1918, terrible catástrofe

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La gripe de 1918, terrible catástrofe
 
Por: Magdala
 
Esta enfermedad causada por un virus mutante y taimado se conocía como influenza o gripe española; sin embargo aun cuando había asolado España, no se había originado allí. Su primera huella patente indicaba que había salido de los campamentos militares estadounidenses, sobre todo de Fort Riley, Kansas, a los puertos de embarco y de allí a los buques de transporte de tropas. De Fort Riley habían partido dos divisiones después de una epidemia primaveral de gripe que puso en cama a más de 1,100 soldados y mató a 46.
Este brote resultó ser un mero comienzo que se extendió a Francia y Flandes. La gran embestida de la gripe se produjo en el otoño de 1918, justo cuando los aliados comenzaban su última ofensiva en el frente occidental. El general John J. Pershing, comandante de las Fuerzas Expedicionarias estadounidenses solicitó todos los soldados disponibles, pero recibió la noticia de que la conscripción de octubre había sido cancelada debido a los intensos brotes de gripe registrados en los campamentos del ejército y en los puertos.
Pershing ganó la batalla de Argonne -en parte porque también el ejército alemán sucumbía a la gripe- pero a expensas de muchas vidas, tanto por la enfermedad como por la acción del enemigo: entre el lº de septiembre y el 11 de noviembre, murieron 35,000 de sus soldados en el campo de batalla o por causa de heridas, pero 9,000 perecieron debido a la gripe y la pulmonía y a éstos se añadieron 2,000 durante la primavera de 1919. Mientras tanto, cerca de 22,000 soldados morían en los campamentos del ejército o en los puertos al regresar a Estados Unidos.
La epidemia mató a unos 550,000 estadounidenses, casi diez veces más que los muertos en batalla durante la guerra. Aunque parecía que la gripe prefería asesinar a quienes tenían entre 20 y 40 años de edad, no tenía predilección por los soldados, sino que desde los campamentos del ejército y las bases navales se extendía a todos los rincones de Estados Unidos.
Tan atroz como su celeridad para extenderse era su celeridad para matar a los enfermos. En Washington, D.C. una asustada joven telefoneó a las autoridades para informar que dos de sus compañeras de cuarto habían muerto, otra estaba enferma y sólo ella estaba sana; cuando la policía se presentó a investigar, las cuatro estaban muertas. Y en Quincy, Massachusetts, tres hombres cayeron muertos en las calles en una sola tarde.
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