La Genizah del Cairo - Intelecto Hebreo

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27/09/2017
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La Genizah del Cairo

Colección y Consulta

Clara voz de un enorme coro...

La Genizah del Cairo


Por: Tzila Chelminsky (Israel)

Al escribir estas líneas están teniendo lugar en Israel cambios drásticos: a pesar de que la intifada y los bombazos continúan y los muertos en ambos campos se incrementan, el gobierno renunció al deshacerse la coalición nacional, y vamos a elecciones próximas. Para evitar caer en pronósticos innecesarios, prefiero concentrarme sobre un tema que desde hace tiempo se me ha quedado en el tinterillo: la Genizah del Cairo.
Muchos turistas que llegan a El Cairo y tienen interés judío, visitan la antigua sinagoga Ezra de esa ciudad, sin ser conscientes del enorme tesoro histórico y bibliográfico que durante siglos almacenó ese lugar. Los manuscritos ahí encontrados contienen material en temas tan diversos como política, finanzas, crímenes, vida familiar y educación, cultura y literatura, comunidades, forma de vida y hasta moda y gastronomía.



Como en muchos casos, acontecimientos importantes dependen de una simple racha de suerte. Un día a fines del siglo XIX (1897), dos damas escocesas se presentaron ante el Prof. Solomón Schechter, investigador y maestro de literatura rabínica en la Universidad de Cambridge. Inglaterra, pidiéndole que identificara un manuscrito que habían comprado en El Cairo durante su viaje al Oriente. Schechter, con gran excitación, se percató de que las dos damas habían traído en su equipaje nada menos que un fragmento original hebreo del "Ecclesiasticus" compuesto por Shimón Ben Yehoshua Ben Sira cerca de 240 años antes de la destrucción del Segundo Templo, y que no fue incluido en el canón bíblico judaico. Parte de este libro era conocido por citas ocasionales en fuentes hebreas, pero se había conservado primordialmente en la iglesia católica, en versiones griegas y cirílicas. Schechter entendió inmediatamente que existía una enorme probabilidad de encontrar fragmentos adicionales en el lugar de donde procedía éste: el ático de la sinagoga Ezra en El Cairo, que ya desde principio del primer milenio había sido usada como depósito de textos hebreos desechados.
Habían ya circulado rumores de escondidos tesoros en esa ciudad, pero este nuevo descubrimiento apresuró el viaje de Schechter a El Cairo, misión no fácil en aquella época. Schechter encontró allí casi un cuarto de millón de textos (250.000) almacenados durante más de 1.000 años y maravillosamente conservados por el clima seco de la región.
Europa preservó gran parte de sus antiguos bienes espirituales en rollos de pergamino, trabajo de hábiles escribas, en su mayoría monjes especializados. Estos manuscritos fueron preservados en bibliotecas, en conventos y en castillos, y en muchos casos fueron destruidos por incendios, pillaje o el efecto de la humedad. El archivar los manuscritos tenía como objeto preservarlos y conservarlos. Por su parte, la costumbre judía ordena no destruir textos que contienen la palabra de Dios, o que merecen respeto por las letras sagradas (hebreo) en que están escritos. La palabra "genizah" viene del verbo hebreo "lignoz" que significa archivar, guardar o alejar de la circulación.
A principios del siglo XX, la mayor parte de los manuscritos de la Genizah de El Cairo fueron transferidos a la Universidad de Cambridge. Esta institución no fue la primera en obtenerlos: la precedió la colección del Archimandrita Antonin, de la Iglesia Ortodoxa de Jerusalem; los fragmentos de pergaminos que compró a comerciantes en El Cairo fueron transferidos a lo que posteriormente se convertiría en la Biblioteca Nacional Rusa de San Petesburgo. Otros fragmentos fueron adquiridos por el viajero judío Elkanan N Adler, quien las donó al Seminario Teológico Judío en Nueva York.
La colección de Cambridge vale más que su peso en oro. Incluye fragmentos de nuestra labor creativa en las áreas culturales y espirituales, así como un enorme cúmulo de documentos que reflejan la cultura material y costumbres de la antigua comunidad de la Tierra de Israel, que se refugió en El Cairo cuando se vieron imposibilitados de continuar viviendo en su propia tierra. La vida de esta comunidad se vio afectada no sólo por las persecuciones cristianas y las conquistas musulmanas sino también por frecuentes rivalidades entre diversas ramas del judaísmo.
En la segunda parte del primer siglo de nuestra era, la comunidad de Babilonia empezó a alcanzar enorme poder y posición debido a la creación en sus escuelas rabínicas de la ""Halajá" (ley religiosa judía). Esta obra quedó plasmada para la posteridad en el Talmud, usado como fuente legal indiscutible hasta nuestros días. Pero este desarrollo actuó en detrimento del legado de poesía, liturgia, cantos y leyendas generados por los judíos provenientes de la Tierra de Israel. Esta comunidad de refugiados continuó manteniendo en El Cairo su forma de vida y sus tradiciones poéticas, que no tuvieron continuidad a pesar de que la poesía y la liturgia eran conocidas por todos, porque la expansión de la influencia y la supremacía de la Ley Oral Babilónica acalló su voz. La poesía de la comunidad de la Tierra de Israel ha llegado hasta nosotros a través de la Genizah de El Cairo con la clara voz de un coro enorme, con cientos de miles de textos, los únicos sobrevivientes de los miles de manuscritos perdidos y de cientos de composiciones de escritores cuyas voces fueron silenciadas.
Schechter hizo rápidamente famoso en el mundo el nombre de la Genizah. En 1910 publicó lo que se conoce como "El Pacto de Damasco", una serie de leyes de un grupo judío separatista durante la época del Segundo Templo. Otros manuscritos de este grupo fueron posteriormente encontrados en recipientes de cerámica en las cuevas de Qumran en el Mar Muerto. En el estudio de los orígenes del cristianismo, los documentos de la Genizah han permitido descifrar los Rollos del Mar Muerto, ayudando a la reconstrucción del texto y a la comprensión del trasfondo de su escritura en Israel; los datos allí revelados sobre el culto de los fariseos y su forma de vida permiten hacer comparaciones y paralelos importantes con el material medieval proveniente de la Genizah.
También el material musulmán proveniente de esa fuente es muy importante. Durante 450 años, del 638D.C., cuando cayó el imperio bizantino, hasta 1099, al iniciarse el período cruzado, la Tierra de Israel estuvo bajo dominio musulmán; este fue un período de enorme florecimiento de la cultura árabe. En esta época se incluyeron en el judaísmo grandes obras de filosofía, ética y ciencia y continuaron los trabajos sobre Halajá y sus comentarios. Estas obras generalmente escritas en árabe con caracteres hebreos, pasaron al olvido al declinar la hegemonía árabe. Nuevamente, el respeto a los caracteres hebraicos hizo que se preservaran fragmentos de obras perdidas, en beneficio de la cultura judía.  
La lista del material de la Genizah en bibliotecas privadas muestra el enorme bagaje cultural de los judíos de esos períodos. Los textos de medicina constituyen un capítulo especial. Recordemos que tanto Maimónides como Nahmánides y Yehuda Haleví eran médicos y se ganaban la vida con esa profesión.
Hace varios años se presentó en el Museo Israel una exposición con documentos provenientes de la Genizah de El Cairo. Pudimos disfrutar de auténticas cartas de Maimónides, Yosef Caro (el autor del Shuljan Aruj), Yehuda Haleví. Entre esos formidables documentos había también textos de la vida diaria, como la carta de una mujer de Jerusalem cuyo marido había pasado ya dos años en Alejandría y planeaba una vacación en Turquía mientras había en Jerusalem una hija casadera para la que era urgente una dote (actual ¿no?). También figuraban documentos sobre la comunidad karaíta en Jerusalem y sus costumbres; cartas de emigrantes provenientes de Ashkenaz, escritas con caracteres hebraicos en un idioma al que los árabes llamaron "allamand" (idish); cartas del rey judío Khazaro a Hasdai Ibn Shaprut en la España del siglo XI. Una mujer de negocios en Alejandría relata con gran franqueza que tuvo un hijo extramatrimonial e hizo lo necesario para que la gente se percatara quién era el padre, a fin de que ese hijo no tuviese problemas para casarse con una judía; también cuenta que fue expulsada de la sinagoga babilónica en Yom Kipur, lo cual no le impediría legarle una jugosa contribución en su testamento (¡adelantada la señora!).
La biblioteca de la Universidad Hebrea de Jerusalem estableció un centro para reunir en fotografías las decenas de miles de fragmentos esparcidos por todo el mundo; de ese modo el archivo de cultura y vida espiritual de las comunidades diaspóricas es conservada en su propia tierra; si no en castillos y palacios, por lo menos en fortalezas del espíritu; si no en el original, por lo menos en fotocopias; si no en manuscritos iluminados, por lo menos en restos y fragmentos. Dada la importancia de estos manuscritos para el desarrollo de nuestra cultura, es importante que sea en Israel y no en la diáspora donde se conserve este testimonio de nuestra creatividad y se escuchen las voces del espléndido coro de la judeidad.

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