La Carta de Moussali (1) - Intelecto Hebreo

Son las:
27/09/2017
Vaya al Contenido

Menu Principal:

La Carta de Moussali (1)

Colección y Consulta

La Carta de Moussali


Por: André

SR. DIRECTOR:

De todos los vicios como el alcohol, la gula, las drogas y el sexo; el juego parece el más común entre los judíos. Desde aquellos judíos que asisten a las carreras de caballos, a la gente común que frecuenta las noches de Bingo en las sinagogas, muchos tratan de llevarse un poco de dinero; incluso hay dueños de casinos americanos que organizan juegos en las festividades judías para atraerlos a sus mesas. Según una portavoz voluntaria de Jugadores Anónimos de Nueva York, el "juego es la droga por excelencia".
No es claro si la psicología promedio del judío lo lleva a apostar. Hay teorías que sugieren que esa fijación en el éxito monetario, viene de los problemas de padres muy exigentes; algunas recientes investigaciones concluyen que existe una conexión genética para el juego compulsivo, pero todavía no se ha demostrado.
Elliot Gershon,  que  dirige el departamento de psiquiatría de la Escuela de Medicina de la Universidad de Chicago, dice que el juego incontrolado es uno de los síntomas que exhiben los maniacodepresivos. "Durante la etapa maniática, los maniacodepresivos tienen un sentido de invulnerabilidad de no poder perder. Una forma típica de demostrarlo es al jugar; otro síntoma es exagerar en el sexo.
Durante algunos años que pasó en Jerusalén en los años 70's, Gershon, hizo un fascinante descubrimiento: el porcentaje de los pacientes maniacodepresivos, comparado con aquellos que son maniáticos o depresivos, era el doble en Israel de lo que existe en el mundo; subsecuentemente, dice Gershon: "este porcentaje no se encuentra solamente entre los judíos, sino prevalece entre otros pueblos del área Mediterránea, desde Irak hasta Italia.
Esto podría interpretarse como un indicador de un mal funcionamiento genético, que podría señalar un gen de juego patológico, sin embargo, Gershon no lo asegura, dice que este aspecto podría ser hereditario.
Entre las dos terceras y cuatro quintas partes de la población actual en los países occidentales se dedican a apostar. La mayoría lo hace para divertirse; desde comprar ocasionalmente un billete de lotería, hacia aquellos que juegan póker un día por semana y los visitantes a los casinos que se ponen un límite para jugar sin compensación. Después hay un pequeño número de profesionales que hacen del juego su modus vivendi, buscando minimizar los riesgos en sus apuestas. Y finalmente, hay uno entre cuatro de cada cien adultos, que simplemente no puede parar de jugar, estas son las víctimas de un desorden mental progresivo.
Los jugadores compulsivos combinan una esperanza irracional de ganar, con una mística confianza en la suerte. Estos arriesgan todo: su reputación, sus ahorros, sus familias, su libertad física por un juego de dados, una carta o los resultados de los eventos deportivos. Lo que obtienen no es necesariamente una ganancia, pero si una sobredosis de adrenalina. "¿Cuál es el siguiente paso de jugar y de ganar?", dice un dicho: "jugar y perder".
En 1996, un estudio general sobre el juego efectuado entre 1800 participantes en el Estado de Nueva York, encontró que el 3.2 % de 159 judíos encuestados, tenían una propensión patológica para el juego. "Esto constituye un tercio, el más alto de toda la población en general", dice la Dra. Rashell Goldberg, de un Instituto de Investigación en el Estado de Massachusetts.
Además en 1975, una encuesta de la Universidad de Michigan, encontró que el 77 % de los judíos se dan el gusto en juegos de azar, más del 50 % que los protestantes y un poco menos del 80 % de los católicos.
Una similitud existe en el Estado de Israel donde el juego es ilegal, excepto la lotería, que está patrocinada por el estado y las apuestas sobre los resultados del fútbol. Sin embargo, los israelíes han encontrado muchas opciones: se estima que gastan casi mil millones de dólares al año en juegos ilegales en el país, y cientos de millones más, en los casinos patrocinados por la Autoridad Palestina; incluso en las aguas internacionales fuera de Eilat y en Europa. "Alrededor del 80 % de los israelíes mayores de 18 años apuestan. Y más del 4 % se estima que son jugadores compulsivos", dice Pina Eldar, que tiene una clínica para el tratamiento de los apostadores compulsivos en Israel.
El juego es "una parte integral del desarrollo humano, como el vino, las drogas o la nicotina; pero los judíos lo hacen de una manera más persistente y obsesiva" -opina Eldar-. En su país natal, Argentina, él mismo cuenta que su cuñado perdió todo en los casinos y en las carreras de caballos.
El juego y los problemas que acarrea, han sido parte de la vida judía durante siglos. No hay un mandamiento que diga: "NO DEBES DE JUGAR". Tal vez existiría ese mandamiento, si Moisés se hubiera percatado del juego de azar.
Más recientemente en Inglaterra -observa el londinense Spanier- los judíos son muy afectos al juego, sobre todo a las carreras de caballos y en los casinos, donde han sido prominentes por ser jugadores y dueños de casinos.
En los Estados Unidos, los judíos han sido importantes en el desarrollo de las Vegas. Después de la Segunda Guerra Mundial, Benjamín (Bugsy) Siegel, transformó a las Vegas de un poblado desértico, en la Meca de una industria multimillonaria del juego. Su Casino el Flamingo, fue financiado en parte por el dinero que le fue dado por el tesorero de la mafia Meyer Lansky, que lo convirtió en una máquina para hacer dinero con su director Gus Greenbaum. Otros hoteles y casinos, fueron construidos muchas veces con dinero y manejo de los judíos.
¿Qué hace que los judíos se vuelvan jugadores? Según un psiquiatra, Ron Gaudia, que tiene un centro para tratamiento de los jugadores en Nueva York, dice que: "se debe a que son hombres inteligentes y motivados; alrededor de tres partes de los jugadores patológicos que buscan tratamiento son hombres". Y agrega: "el stress consiste en ganar dinero y tener la habilidad para hacerlo. ¿Cuántas veces se ha oído en la comunidad judía?...¡tiene apenas 32 años y ya es millonario!". Los jugadores patológicos tienen una necesidad intelectual de competir, de brincar obstáculos y controlar sus destinos; "esto parece un común denominador entre los judíos".
Los judíos, en particular los hombres, están bajo mucha presión, por cumplir con las exigencias que les imponen sus padres; incluso existen casos de ataques verbales y hasta físicos, esto conduce a una baja autoestima. Entre gente muy capaz, muchos piensan que ganar les resolvería sus problemas personales.
"El juego parece que va de acuerdo con la imagen personal del judío", dice Spanier. "En los casinos, a los jugadores les dan un trato de rey, se les llama por su primer nombre, son adulados, se les dan todas las comodidades, alojamiento y comida gratuita, se les hace sentir como personas de mucha importancia".
Entre los jugadores no hay que descartar a aquellos ultra ortodoxos, que llenan las mesas de los casinos de Atlantic City y los viejos retirados, que pasan un día entero en las maquinitas cada semana, porque se les da transporte de todos los barrios de Nueva York; un viaje de ida y de regreso hasta Atlantic City, ya que las maquinitas les da una emoción en su vida y una diversión, que la actual sociedad no supo proporcionar.
En México a pesar de que el juego está prohibido, funcionan varios casinos ilegales, pero la comunidad judía no acude a estos lugares por temor. Sin embargo, se juega en las casas particulares, en los clubes y centros sociales. Las cantidades que se apuestan son de poca monta y el que quiere apostar cantidades mayores, se va en los charter que se organizan a la ciudad de las Vegas, donde les dan un trato de rey y se les concede todo gratis con tal de apostar en las mesas de juego.


Regreso al contenido | Regreso al menu principal