La Alameda - Intelecto Hebreo

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27/09/2017
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La Alameda

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La Alameda


Por: Paulina Rubio

La Alameda es el parque público más antiguo de la Ciudad de México. En el siglo XVI el virrey Luis de Velasco el Segundo decidió crearla frente al Convento de San Hipólito. Pero debido a un pleito con el propietario de una tenería ahí situada se decidió hacerlo de forma cuadrada frente a la ermita de la Santa Veracruz dejando vacíos los espacios a oriente y poniente, donde actualmente está Bellas Artes y en el extremo opuesto donde alguna vez estuvo el quemadero del Santo Tribunal de la Inquisición donde se daba el espectáculo de quemar a herejes y judaizantes.

Este fue el primer paso del estirón de la "traza" de la joven Ciudad de México, aún sin jardines, hacia el poniente. La Alameda fue rodeada por una acequia y se le puso una sola puerta del lado oriente. Se le encargó al español Francisco Vázquez que plantara una arboleda y para 1592 estaban todos los árboles terminados de colocar. Más adelante se puso una barda alrededor del jardín debido a que era frecuentemente invadido por vacas, cerdos y caballos que se deleitaban pastando entre la maleza. A finales del siglo XVII, el virrey Diego Fernández de Córdoba decidió extender la Alameda hacia las dos plazuelas que lo enmarcaban, la de Santa Isabel y la de San Diego para adquirir la forma rectangular que conserva hasta hoy en día. En las cuatro esquinas ochavadas se pusieron puentes para permitir el paso de carruajes, jinetes y peatones. Se colocaron cinco fuentes, la principal de ellas al centro donde cruzaban las dos avenidas principales.

El virrey Bucareli continuó mejorando la Alameda. Se aumentó el número de puertas para peatones. Los domingos y días festivos por la tarde había música para amenizar a la concurrencia. Durante el imperio de Maximiliano y Carlota, ésta se dedicó al cuidado de la Alameda para que fuera despojada de basura y que los prados se tapizaran de pasto además de plantar una rosaleda. Más adelante se cegaron las acequias que la rodeaban, se demolió la barda y se pusieron faroles, primero de gas y más tarde eléctricos.

El parque era el sitio para pasear en carruaje, ver y ser visto. Las mujeres se engalanaban para dar vueltas a bordo de su berlina y disfrutar del aspecto de sus amigas o rivales. Los hombres generalmente paseaban montados en briosos corceles. La Alameda no era permitida para los "léperos", gente que no fuera de la aristocracia.
El Paseo de la Alameda era el lugar de todas las festividades cívicas y patrióticas desde el principio del México independiente. Por ahí pasaron todos los personajes que aún subsisten en el mural que alguna vez estuvo en el Hotel del Prado y que a raíz del temblor de 1985 fue trasladado a un costado de la Alameda al ser demolido el hotel.

El Hemiciclo a Juárez que se encuentra a un costado, sobre la Avenida Juárez, fue inaugurado en septiembre de 1900 durante las fiestas del centenario por Porfirio Díaz. En ese lugar se encontraba el pabellón morisco donde se hacían los sorteos de la Lotería Nacional. El pabellón fue trasladado a la Alameda de Santa María, donde aún se encuentra.

Hoy en día, la Alameda ya no es el lugar aristocrático que solía ser. Hay conciertos de rock, de música popular y de grupos de moda los domingos. A fin de año, lo mismo se puede uno fotografiar con Santa Claus que con los tres Reyes Magos. Los turistas se pasean con la cámara en la mano. Muchas de las esculturas que ahí estaban hasta hace relativamente poco han sido retiradas para ponerse en el Museo Nacional de Arte y copias han sido colocadas en su lugar. Pero con todo y todo, la Alameda tiene un sabor maravilloso y entre semana aún es un remanso de sombra y de paz.




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