Julius Popper - Intelecto Hebreo

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27/09/2017
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Julius Popper

Colección y Consulta
Julius Popper
 
Por: Manuel Levinsky
 
La inquietud del ser humano por viajar, por conocer tierras ignotas y comunicarse con sus semejantes de lejanas latitudes, ha sido un afán innato de muchos exploradores como es el caso de Julius Popper, un hombre polémico ciertamente contradictorio pero que tuvo su trayectoria una innegable trascendencia histórica, ya que fue el colonizador de la Tierra de Fuego.
Julius Popper nació en Bucarest, Rumania, en 1857, hijo del director de la primera escuela judía de ese propio país. Él mismo narra esa etapa de su vida, de la que destaca que fue alumno dentro del mismo colegio que dirigía su padre y luego, en su juventud, emigró a Praga donde no faltaba a los rezos de la gran sinagoga de esa capital checoslovaca. Posteriormente dice en su autobiografía que estudió para ingeniero en París y en el año de 1885 arribó a Buenos Aires, Argentina, cuando se registraba una auténtica fiebre de oro, ya que una expedición que había ido a la Tierra de Fuego un año antes, reportó la existencia de ricas vetas del áureo metal.
La Tierra de Fuego es un lejano archipiélago en la punta de América del Sur separada del continente por el Estrecho de Magallanes, que el famoso navegante portugués del mismo nombre descubriera en 1520, sin haberlo conquistado. La República Argentina está ubicada en el extremo sur de ese extenso continente, siendo la Provincia de Tierra de Fuego, con su ciudad capital Ushuaia, la más austral del mundo.
El territorio argentino es tan amplio que sólo su porción emergida del Continente Americano -casi 2,800,000 kilómetros cuadrados- ocupa el octavo lugar en el mundo. La situación geográfica de la Argentina hace que se encuentre alejada del Hemisferio Norte, lugar donde se encuentran los principales centros de decisión económica política y los más importante mercados. Sin embargo, los cambios geopolíticos y tecnológicos ocurridos en la última década del siglo XX relativizan las distancias y permiten hoy en día que lleguen a la Argentina como a su Provincia visitantes de todas las latitudes. Pese a su gran extensión territorial, la Argentina, presenta una de las más bajas densidades demográficas del mundo.
Julius Popper realizó su primera expedición a la Tierra de Fuego a principios de 1886, llevando la representación de una importante compañía minera. Fue así como obtuvo la aprobación del gobierno argentino para encabezar las exploraciones en la parte norte del Archipiélago. Llevó consigo a un grupo de 50 ex presidiarios pero bajo las instrucciones de los ministerios del Interior y de Guerra. Estos hombres iban perfectamente armados para defenderse de cualquier agresión por parte de los nativos.
En su estancia en la Tierra de Fuego, encontró el patíbulo en el que Magallanes ahorcó a varios marineros que se amotinaron durante su célebre vuelta al mundo. Julius Popper, considerando que la horca era un sistema de eliminación excesivamente refinado, lento, apropiado para seres civilizados, útil tan sólo para el trabajo en detalle, individuo a individuo, inició la caza del hombre, ofreciendo oro por cada oreja de indígena que le trajeran. Así exterminó a los onas, los yaghanes y los alakalufes de aquel territorio.
Los yaghanes, como el resto de pueblos vecinos, era una tribu errante, nómadas infatigables que sólo poseían el mínimo de enseres que podían cargar consigo. De ahí que Popper les acusara, ante autoridades y propietarios de ganado del delito de abigeo. Bajos de fuerte constitución, cuadrados, eran muy resistentes al frío y a las duras condiciones de la Tierra de Fuego, hasta el punto de que vivían semidesnudos en aquella latitud, en el límite del círculo polar antártico.
La memoria de este pueblo nos ofrece una muestra insólita del sentimiento de desarraigo de gente acostumbradas al movimiento y a la vida nómada. Su lengua estaba llena de metáforas y referencias al propio suelo, y explicaban los conceptos más profundos con el material que tenían más a mano.
La lengua de los yaghanes se ordenaba como un sistema de navegación. Los objetos designados, nombres y sustantivos, son los puertos, los puntos fijos que permiten que el piloto se oriente y calcule el siguiente movimiento. Pero las conexiones no siempre se articulan por sintagma o procedimiento mecánico, sino que a menudo se formulan con otros métodos, por lo general en clave de metáforas.
Para ellos, holgazán era sinónimo del pingüino austral, cuyo grito se parece al rebuzno de un asno. La figura del adúltero se identifica con el alcotán, una especie de halcón que revolotea de un lado para otro, y se cierne inmóvil sobre su víctima.
Los yaghanes, como los onas y alakalufes, fueron exterminados. Desaparecieron. Los cazadores de indios les cortaron las orejas, porque Julius Popper y los estancieros pagaban por cada oreja de indígena muerto. Claro que es posible que, sencillamente, se estrellaran contra el vacío porque, desplazados, desarraigados, le habían movido el suelo.
Popper fue el primer explorador en ir desde la Bahía Porvenir en el lado oeste de las islas llamadas del Atlántico Sur que son las Malvinas, Georgias, Sándwich, Oreadas e islas menores, hasta las costas atlánticas a través de montañas cubiertas de nieve. La recompensa de esta audaz exploración fue el descubrimiento de oro en la Bahía San Sebastián. Allí puso a trabajar a sus hombres utilizando una ingeniosa máquina, inventada por él mismo para extraer oro. A su regreso a Buenos Aires seis meses después, se convirtió en el centro de atención de la gran capital bonaerense debido en gran parte a su trascendental descubrimiento y, en parte, a la publicidad que él mismo hizo de su propia expedición.
En julio de 1887 fundó Popper la industria de lavadoras de oro y una organización minera en la citada Bahía San Sebastián, cuyas minas le produjeron hasta once libras de oro diarias. Sin embargo, mientras más grande era su éxito, mayor fue la amenaza de indios y aventureros buscadores del precioso metal. Así, entre guardias armados y constantes peligros continuó expandiendo su empresa, construyendo más lavadoras de oro a las que les dio nombres rumanos.
Los ataques a los territorios de su dominio continuaron menudeando hasta convertirse en verdaderas batallas en las que fue triunfador hasta llevarlo a ser el virtual soberano y dictador de la Tierra de Fuego. Emitió sus propias monedas de oro con valor de cinco dólares que mostraban, de un lado, la inscripción “Tierra de Fuego Popper 1889” y del otro lado, "El Páramo", nombre de su campamento, con un pico y una pala cruzados. También imprimió timbres con valor de 10 centavos. Los timbres se cancelaban con un sello que tenían la inscripción "Colonia Popper".
Con posterioridad admitió nuevos inmigrantes y elaboró una Constitución para regir los destinos de la colonia. Dotado de facultades para la literatura, elaboró artículos que describieron pormenorizadamente la Tierra de Fuego, tanto geográfica como geológicamente, diseñando, además, un mapa y escribiendo poemas y cuentos de buena calidad.
Cuando su compañía comenzó a declinar, dejó a su hermano Max al frente de El Páramo y Julius regresó a Buenos Aires dedicándose a trabajos de las áreas intelectual y literaria. Sus negocios continuaron descendiendo por lo que fue objeto de una serie de demandas de sus acreedores quienes le atribuyeron prácticas comerciales arbitrarias. No obstante, todavía tuvo la suficiente fortaleza para elaborar ambiciosos proyectos que, desgraciadamente, no pudo llevar a cabo.
En 1893 falleció el polémico personaje y, aunque el certificado médico constató una falla cardiaca, hubo rumores de que había sido asesinado por alguno de sus enemigos de aquella región donde había gobernado como amo absoluto.

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