Jaim Najman Bialik - Intelecto Hebreo

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27/09/2017
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Jaim Najman Bialik

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Jaim Najman Bialik


Por: Manuel Levinsky

El personaje que hoy nos ocupa, fue luminaria de la literatura hebrea y el exponente más admirado de la cultura judía. Rara vez ha alcanzado un poeta hebreo celebridad tan notable, ni fama tan extensa en tantos países como Jaim Najman Bialik.
Hablar de tan extraordinario poeta, es hablar de la literatura hebrea, que implica hablar prácticamente de toda la historia judía. En la génesis del idioma hebreo nos encontramos con la Biblia, el Libro de los Libros, donde el espíritu alcanza su punto más alto de expresión conceptual y poética.
El hebreo fue siempre considerado lengua litúrgica, aplicado tan sólo a temas santos, por lo que se enseñaba únicamente en las escuelas talmúdicas donde se aprendían las doctrinas y tradiciones. Posteriormente se convierte en idioma del pueblo, y con la creación del Estado de Israel adquiere la categoría de idioma nacional. Al referirse a la moderna literatura hebrea, cierto poeta dijo: En su conjunto, la moderna literatura hebrea es algo sublime en las bellas letras, un retoño de rara floración en un tronco muy antiguo. Según se deduce de las mejores poesías de Bialik, fue la primera parte de su vida, la que dejó más profunda huella en su mente y la que formó en realidad al poeta.
Mucho se ha escrito sobre este singular poeta pero considero que Jaime Barylko supo con su inigualable estilo literario ofrecer a sus lectores el perfil grandioso que tuvo tan excelso exponente de la literatura hebrea por lo que transcribo algunas de sus ideas.
Nuestro personaje nació en la aldea de Radi, provincia de Volhinia, Rusia, en 1873. Era el séptimo hijo de una familia judía muy pobre. Su padre Hirsh Bialik murió cuando el poeta tenía siete años y la madre se vio obligada a encomendar a sus hijos en casa de varios parientes. Jaim Najman fue a casa de su abuelo, hombre acomodado y muy adicto a los estudios. La estancia en el hogar del abuelo, le recordaba sus escapadas a los bosques, donde su alma se empapaba de aquella belleza de la selva y de los campos que había de cantar en años posteriores con inigualada maestría. Sin embargo, el recuerdo de la miseria y el pan agrio y soso que tragaban con lágrimas en casa de su padre en la noche del sábado mientras cantaban con el estómago vacío, inspiró a escribir a Bialik su poema

Mi Padre.
Poco tiempo vi a mi padre, cortos días estuvo conmigo.
Cuando aún era pequeño y estaba sediento de su imagen,
cuando aún apelaban mis ojos a su piedad
y mi cabeza a la protección de su mano,
llevóle la muerte, y nos separó eternamente...

Triste infancia del poeta. La madre viuda, los hijos hambrientos. Pocos recuerdos le quedan de su progenitor. La madre se proyecta sobre la infancia de Bialik con el gris obscuro de su viudez, del hambre y del desamparo desolador. El recuerdo de su madre es una herida abierta. A ella, a su querida madre le escribe:
Mi madre, bendito sea su recuerdo, era una mujer perfectamente piadosa, y en su viudez, pobre y humillada.
Era la víspera del sábado, el sol estaba a punto
de ponerse, y en su casa no había ni velas, ni comida.
Buscó y encontró milagrosamente, dos monedas.
¿Pan o velas? -dubitó.
Corrió v retornó y en sus manos delgadas traía la santa carga: dos velas de la bendición.


La madre decidió por las velas, para bendecir en ellas el santo sábado y lloró delante de Dios y una lágrima cayó y apagó una de las velas. Cayó otra lágrima sobre la misma vela apagada y fue el milagro, la vela tornó a encenderse, porque el espíritu de Dios la había besado.
La permanencia de Bialik en casa de su abuelo, había de serle sumamente útil. La casa estaba llena de libros y Bialik escapándose de sus estudios regulares, podría devorar las obras más diversas que se encontraban al alcance de su mano. Hasta la edad de 13 años estudió bajo la dirección de un maestro, pero en adelante se le permitió estudiar solo. Durante todo el día fue el único estudiante en el Bet Hamidrash, casa de oraciones y estudios talmúdicos adyacente a la sinagoga y que contiene una biblioteca rabínica. En ese recinto muchas veces proseguía sus estudios hasta altas horas de la noche, entregándose a la Tora. A los 18 años ingresa a la Yeshiva de Volozsin. Centenares de alumnos lo acompañan. Siempre estudiando, siempre en contacto con la letra santa. Bialik se vuelve un "Matmid" un estudioso de textos hebreos. A esos años de intensos estudios dedicará su poema que se llama precisamente El Matmid".
Más tarde y bajo la influencia del poeta ruso hebreo Frug, anhelaba trasladarse a un centro donde pudiera estar más cerca de la intelectualidad de la Haskalá (ilustración) y del centro de los Jovevé Sión, (movimiento precursor del sionismo político). El joven Bialik quería ir más lejos, quería beber en la fuente del iluminismo. Quería saciar su sed de conocimientos de la literatura universal. Parte hacia Odesa, gran centro cultural judío de aquel tiempo. En Odesa conoce al filósofo y escritor hebreo Ajad Haam y le muestra su poesía Al Pájaro. Queda impresionado de las facultades de este adolescente desconocido de 19 años. El redactor Ravnitzky de la publicación literaria hebrea "Padres", le publica el poema Al Pájaro. Es la primera obra poética de Bialik escrita en 1892, el medio literario se conmueve con la nueva estrella. Se trata de un pájaro que viene de la tierra del calor, de la tierra de Israel. Su voz es dulce y amable. El poeta dialoga con el pájaro y le pide que le narre de aquella lejana y maravillosa tierra de Israel.

Canta, pájaro hermoso, cuéntame maravillas de los países lejanos ¿Acaso allí, en la tierra templada y hermosa abundan también las penas, las calamidades?
¿Acaso me traes buenas noticias de mis hermanos de Sión?;
de mis hermanos tan alejados y a la vez tan próximos?...
¿Acaso mis hermanos, los que con lágrimas sembraron, pudieron segar sus cantos, sus gavillas?
¡Quien me diera alas y volaría hacia la tierra en la cual florece el almendro y la palma!...


Un año después de la aparición de Al Pájaro, Bialik contrae matrimonio. Con su suegro trabajó tres años en el comercio de maderas, pero Odesa lo esperaba. Ajaad Haam le escribió pidiéndole que regresara a Odesa. Nuestro poeta viajó al hervidero cultural de esa ciudad rusa y vive allí 21años. En Odesa despliega una actividad cultural fecunda. En sociedad con Ravnitzky escribe la obra Sefer Hagada. Bialik dedica a esta obra su ensayo Halajá Ve Agadá (La Ley y la Leyenda). La ley regula, reglamenta y ordena y la leyenda es el espíritu vivo que fluye y refluye, la libertad creadora que rompe moldes aparentemente rotos. Ambas son indispensables. Un judaísmo meramente poético y estético. En Odesa empezaron a aparecer traducciones de Bialik al ruso y al alemán. Publica cuentos y traduce con gran maestría al hebreo entre otras, las obras del Quijote y Guillermo Tell.
El nombre de Bialik se hizo prontamente famoso, hasta ser considerado el poeta máximo de su generación y por tal motivo se le llamó "El Poeta Nacional". Diez años después escribe el poema Los Muertos del Desierto. Se dirige al pueblo que durante siglos dormía en el desierto para decirles Somos la última generación de esclavos y la primera de hombres libres... Es uno de los poemas más sublimes, basado en la leyenda talmúdica que habla de los rebeldes del éxodo bíblico en la península del Sinaí.
El pogrom de Kischinev a principios del siglo XX, inspira a Bialik a escribir En la Ciudad de la Matanza, su poema más grandioso y el más importante en la historia de la poesía hebrea moderna, en una de cuyas estrofas dice:

Levántate y ve a la ciudad de la matanza, a los patios y verás con tus ojos
y palparás en los cercos y sobre los árboles y sobre las piedras y sobre los muros la sangre coagulada y el seso endurecido de los muertos.
Y huiréis de allí, y vendrás a un patio y verás un montículo:
sobre este montículo dos fueron degollados: un judío y su perro.
La misma hacha los despedazó y en una misma basura fueron arrojados
y en la mezcla de sus sangres escarban y se revuelcan los cerdos.
Mañana será la lluvia y arrastrará, la sangre a cualquier arroyuelo,
y ya no gritará más desde las cloacas y desde los desperdicios, y se perderá
en el gran precipicio o alimentará algún pobre arbusto
y todo será como fue, y todo será como si nada hubiera sido...

Con el triunfo de la revolución bolchevique y debido a la intervención de Máximo Gorki, se le permitió abandonar Rusia con varios escritores y poetas hebreos y en 1924 llega a Eretz Israel y se establece en la ciudad de Tel Aviv, en la tierra del pájaro, la añorada Patria. Allí vivirá el resto de su vida. Enfermo se traslada a Viena, donde a raíz de una operación muere el 12 de julio de 1934. Sus restos fueron conducidos y enterrados en el viejo cementerio de Tel Aviv. Su casa y la calle que lleva su nombre, es patrimonio nacional.
Desde los tiempos bíblicos, jamás vibró el idioma hebreo en su máxima pureza, como lo hizo en boca y la pluma de Jaim Najman Bialik. Uno de sus últimos poemas fue precisamente Despedida:

En esta hora de penosa despedida y de fresca aura matinal,
cuando por primera vez deposito mis pies temblorosos en el camino de lo desconocido,
cuan queridos sois todos a mi corazón.
Y este otro poema que el intituló En Después de mi Muerte, cuando vio aproximarse el fin de su vida:
En después de mi muerte lloradme así. Hubo un hombre y ved, ya no está.
Antes de tiempo murió este hombre, y el canto de su vida quedó trunco.
es una pena,
aún quedábale una poesía.
Y he aquí que la poesía se perdió eternamente,
se perdió eternamente.


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