Israel: ¿Estado laico o Estado ortodoxo? - Intelecto Hebreo

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27/09/2017
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Israel: ¿Estado laico o Estado ortodoxo?

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Israel: ¿Estado laico o Estado ortodoxo?


Por: Tzila Chelminsky

A pesar de los enormes logros alcanzados por el Estado de Israel durante sus primeros 51 años de existencia, hay problemas no resueltos aún que surgieron de manera violenta en las últimas semanas, y que constituye una clave de identidad del joven Estado:
¿Será éste laico o religioso?

Hace varias semanas, los grupos ortodoxos llevaron a cabo una bien organizada y concurrida demostración (se habla de 250,000 asistentes) atacando de manera directa a la Suprema Corte de Justicia y a las instituciones judiciales, por lo que ellos consideran interferencia en el monopolio ejercido por los organismos religiosos en cuestiones de status personal. En palabras del Rabino Porush, organizador de este "tour de force", ellos aceptan la intervención de las cortes judiciales en lo concerniente a relaciones entre persona y persona, pero cuando éstas intervienen en las relaciones entre hombre y Dios (cuestiones religiosas), la situación es diferente. Por primera vez, grupos que han estado en constante conflicto entre ellos como los jaridim de Poshnovitz, los Gur, los De Belz, los de Vishnitz, y el poderoso partido Shas formado por religiosos de origen sefaradí o de comunidades orientales, presentaron un frente común, unido, en contra del establecimiento democrático judicial.

La lucha está enfocada directamente sobre las relaciones, entre la religión, el Estado y la sociedad, así como la identidad del mismo Estado de Israel: Se trata de una democracia en un país con mayoría judía y gobernado por la ley civil, o se trata de un Estado teológico en el que la "Halajá" o ley judía, es considerada la ley superior tal como lo desea una minoría (un 10% de la población).
Este conflicto político-cultural, constituye uno de los problemas más álgidos de la sociedad israelí, entre la mayoría judía laica y la minoría ortodoxa. La división se ahonda y se vuelve cada vez más conflictiva, al grado que no faltan analistas políticos que advierten que se está gestando la semilla de lo que podría convertirse en una guerra civil.
Estas concepciones del mundo tan diferentes, lleva a preguntarnos en qué forma podrán los judíos israelíes convivir una vez resuelto el conflicto con sus vecinos árabes, que constituye el elemento de coerción más importante de la sociedad israelí.
En esa ocasión, la protesta se enfocó directamente contra la Suprema Corte de Justicia, que recientemente ha fallado una serie de dictámenes que limitan los privilegios y el poder de los ortodoxos. Los judíos liberales, que incluyen virtualmente toda la prensa y una enorme parte del establecimiento político, consideran que el sistema judicial es el símbolo de la democracia, y el baluarte de la ley y la justicia. Para ellos ese ataque contra la Corte tiene lugar en sistemas teocráticos, negando así el orden y la ley civil que constituyen la base de un estado democrático.
¿Cuáles son los dictámenes que tanto han enardecido a los "jaridim" (ortodoxos literalmente "temerosos")? Se ha cuestionado la exención del servicio militar de unos 60,000 jóvenes ortodoxos (cifra que puede ser aún mayor), que no cumplen con el servicio militar como cualquier ciudadano israelí. Esta exención data de los inicios del Estado cuando David Ben Gurión, consciente de la enorme pérdida que el holocausto había causado en las filas ultra-religiosas, permitió eximir a los 600 jóvenes más brillantes e inteligentes para que se dedicaran completamente al estudio de la Torá, y así reponer ese importante sector cultural. Esta cifra ha crecido de manera impresionante. El mismo Ben Gurión permitió a partir de la primera Kneset en 1950, la creación de sistemas educativos paralelos: uno laico y otro religioso, y separó matrimonio, divorcio, entierro, la comida kosher en el ejército y en instituciones públicas, y la preservación del sábado en lugares públicos.
Los religiosos se oponen asimismo a permitir que establecimientos comerciales pertenecientes a kibutzim abran en sábado, violando así el día de descanso religioso. Los rabinos esperan también nerviosamente la resolución de la corte en casos que romperían el monopolio ortodoxo concerniente a las conversiones al judaísmo en Israel. Las cortes de distrito han ordenado al gobierno a reconocer conversiones llevadas a cabo por rabinos conservadores y reformistas.

Llama la atención que esos mismos religiosos no han emprendido una campaña  frontal contra los numerosos y muy populares juegos de foot-ball que tienen lugar en sábado, limitándose a tratar de persuadir a los diferentes clubes a realizar sus juegos en viernes o domingo, inclusive mediante una recompensa financiera.
En la historia judía no es nueva la lucha entre diversos sectores. Recordemos solamente los enfrentamientos entre saduceos y fariseos y entre jaridim y mitnagdim, y ambos contra los iluministas a principios de siglo. Hace 2000 años los romanos separaron en Judea el Estado de la religión, controlando ellos el Estado y permitiendo a los judíos seguir con su ceremonial en el templo. Los romanos llegaron aún más lejos, extendiendo condición extraterritorial al templo permitiendo a los judíos colocar letreros en griego y en latín que impedían a los gentiles la entrada al santuario. Los saduceos, de donde provenían los sacerdotes aceptaron los términos romanos de separación de Estado y religión; fueron los elementos más militantes los que insistieron en pelear por la soberanía judía aduciendo que el poder divino no podía tener competencia, con las consecuencias tan nefastas que trajo la rebelión, terminando con la destrucción del templo.
Lo que vivimos actualmente es una continuación directa del "kulturkampf' del siglo XIX en Europa oriental entre la ortodoxia y el iluminismo, ganada por este último cuando masas de judíos abandonaron el ghetto y se integraron al mundo moderno. No obstante, el sector ortodoxo perduró y se ha incrementado, constituyendo un movimiento activo y fanático.
Sin el campo propicio creado por el iluminismo no hubiese podido surgir el movimiento sionista que condujo a la creación de un moderno Estado libre y democrático, a pesar de la fuerte oposición presentada por grupos ortodoxos.
Los religiosos, como grupo minoritario, tienen garantizados todos sus derechos en este estado democrático. Lo absurdo del caso es que los "jaridim" niegan toda legitimidad a quienes difieren de su posición, y en lugar de mantener un serio debate cultural con grupos como el movimiento conservador que acepta la autoridad de la "Halajá", pero disputan su interpretación, les han declarado la guerra total.
Debido al sistema político vigente en Israel, los grupos religiosos han constituido desde el principio el fiel de la balanza que permite formar coalición gubernamental. Eso les ha dado más poder político del que numéricamente les corresponde, y así han tenido acceso a puestos de gran importancia como el ministerio del Interior y el de Vivienda, y a enormes recursos financieros. De hecho la responsabilidad de esta crisis la tienen los políticos y la misma Kneset que no ha logrado establecer un compromiso entre los diversos sectores de la sociedad y la ultra-ortodoxia. Si el Parlamento hubiese votado por la conscripción de los jóvenes de las yeshivot, les hubiese cortado los subsidios gubernamentales obligándolos a salir a trabajar, y hubiese votado que los conservadores y los reformistas son parte de los consejos religiosos, no se hubiera tenido que recurrir a la Suprema Corte.
El conflicto ha creado en los sectores laicos una profunda sensación de coerción religiosa a la cual se oponen. Estos aspectos son relevantes dentro de la propaganda preelectoral dirigida a las elecciones del 17 de mayo de este año, fecha que ya se habrá rebasado para cuando se editen estas líneas.
En contraposición a la manifestación ortodoxa, también los laicos salieron a la calle pero en menores cantidades. Como escribió una periodista, por cierto religiosa, "los laicos estaban cultivando los campos para que los religiosos pudiesen comer; patrullando las fronteras para que pudiesen dormir seguros; trabajando para ganar su sustento y así ayudar a las yeshivot, y a los subsidios de sus departamentos, de su transporte escolar y de sus tiendas de comestibles".
En estos momentos parecer ser que la solución más viable es una separación de facto entre el Estado y la religión o a un gobierno de coalición nacional sin los ortodoxos. La separación entre religión y Estado no negaría de ninguna manera la libertad de observancia religiosa o la necesidad de rabinos, dándoles todo el apoyo gubernamental necesario. Pero disminuiría la dependencia entre el Estado y el establecimiento religioso, el cual estando fuera de las áreas de poder, dejaría de ejercer el monopolio que, cada vez más, se impone en los actos de la vida de los ciudadanos del país.
En un gobierno así se podría establecer un puente de comunicación, y un intercambio de ideas entre todos los sectores. Un gobierno sin religiosos podría constituir el primer paso para el renacimiento de un judaísmo diferente, tanto religioso como laico. Si para nosotros, los judíos laicos que no cumplimos todas las "mitzvot", el judaísmo es una forma de vida, una concepción del mundo, la aplicación práctica de valores éticos y morales y la identificación total con este pueblo, se podría establecer un diálogo diferente, que sirviese de base para un acercamiento y comprensión mutua.


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