Irena Kirszenstein - Intelecto Hebreo

Son las:
27/09/2017
Vaya al Contenido

Menu Principal:

Irena Kirszenstein

Colección y Consulta

Irena Kirszenstein


Por: Manuel Levinsky


Con motivo de los IX Juegos Macabeos Panamericanos que tendrán brillante realización del 11 al 19 de julio en curso, en esta ciudad de México, y en homenaje a ese gran esfuerzo de los deportistas judíos que han dado grandes figuras al deporte internacional, es nuestro deseo destacar la personalidad carismática de Irena Kirszenstein, que ha consumado la hazaña de ganar ocho medallas de oro participando en cuatro olimpiadas, cosa nunca lograda por corredora o corredor alguno. Ella ha sido reconocida como la más grande mujer atleta en pista y campo de todos los tiempos y los soviéticos la nombraron, la más grande mujer atleta de este planeta.
Nuestro personaje nació el 24 de mayo de 1945 en la antigua Leningrado, Rusia. Sus padres, judíos polacos que vivían en Varsovia, al estallar la Segunda Guerra Mundial y cuando los nazis invadieron Polonia, se vieron obligados a emigrar a la entonces Unión Soviética. Terminado el conflicto bélico, la familia Kirszenstein regresó nuevamente a Varsovia.
Cuando a Irena se le notaron amplias aptitudes para los deportes atléticos, su madre la inscribió en clubes deportivos locales convirtiéndose en corredora de velocidad y competidora de salto de longitud.
Al cumplir Irena los 18 años, sorprendió en la Olimpiada de Tokio en 1964, ganando medalla de oro en los 400 metros de relevos, medallas de plata en los 200 metros planos y salto de longitud. En este aspecto en salto de longitud estableció un récord nacional y en relevo de 200 metros, récord europeo. Asimismo recuperó para su equipo el récord mundial de relevos de 400 metros.
Además de extraordinaria deportista, Irena era una magnífica estudiante, ingresando a la Universidad de Varsovia para estudiar la carrera de economía. Sus preparadores físicos, conociendo sus grandes habilidades en atletismo, le pidieron que sin descuidar sus estudios universitarios continuara sus entrenamientos deportivos. Fue así como en 1965 compitió contra el poderoso equipo de atletismo de Estados Unidos, ganándole a las campeonas olímpicas americanas, en las carreras de 100 y 200 metros planos. En esas competencias ganó con su equipo de relevos de 400 metros y obtuvo también el triunfo de salto de longitud. En la carrera de 200 metros planos, rompió el récord mundial con un tiempo de 22.7 segundos. Los norteamericanos quedaron asombrados. No se imaginaban que a su invencible equipo de atletas femeninas alguien pudiera haberlas superado. La fama de Irena se extendió por todo Estados Unidos, de costa a costa y de frontera a frontera. Con esas victorias, nuestro personaje regresó a Polonia convertida en una heroína. La gente la paraba en las calles para pedirle autógrafos, para aclamarla, y los periodistas se peleaban por obtener entrevistas con ella. Era la locura, Polonia nunca había dado una deportista de la talla gigantesca de Irena.
No obstante que Polonia era claramente antisemita, al grado de que Hitler escogió a este país para ejecutar la más terrible masacre de tres millones de judíos, y a pesar de que el antisemitismo permanecía anclado en muchas mentes polacas como lo manifestaban las pancartas que decían: Que se prohíba a los deportistas judíos representar a Polonia, los antijudíos callaban y reconocían la grandeza de esta sensacional mujer judía polaca. Como sucede en muchas partes del mundo cuando un judío destaca, es un valioso ciudadano del país, francés, británico, ruso o polaco, en cambio, cuando comete algún error es judío.
Irena fue nombrada la Atleta Polaca del Año 1965 y la Agencia Oficial Tass de la Unión Soviética, la designó la Mujer Atleta más Sobresaliente del Mundo, después de ganar tres medallas de oro y una de plata. En el campeonato europeo celebrado en Budapest, Hungría en 1966, la revista inglesa World Sport la escogió también como la Mujer Deportista del Año.
En 1967, Irena contrajo matrimonio con su entrenador Janusz Szewinska que también fue corredor. Él no era judío. En los Juegos Olímpicos de México en 1968, obtuvo la medalla de oro en 200 metros planos, rompiendo el récord mundial con un tiempo de 22.5 segundos. También ganó la medalla de bronce en 100 metros planos.
Después de estos sonados triunfos tomó un descanso dado el embarazo que tuvo para dar a luz a su hijo Andrzej en febrero de 1970. En todo el mundo deportivo y principalmente en Polonia se creía que la estrella polaca empezaría a declinar, pero no fue así, ya que ella decía que se sentía mejor, que entrenaba perfectamente y corría como nunca. Toda esa energía la desplegaba después de atender a su familia. Contra todos los pronósticos, Irena entre 1971 y 1973, era todavía una gran corredora de velocidad pero ya no la número uno del mundo. De todas maneras obtuvo dos medallas de bronce después de haber dado a luz. Poco a poco, a base de esfuerzo y de intensos entrenamientos, fue recuperando su condición de súper deportista, siendo nuevamente la primera en los campeonatos europeos en 1971 en la carrera de 200 metros planos y la segunda en la Olimpiada de Münich, en la misma carrera.
Después de la Olimpiada de Münich se concentró en la carrera de 400 metros planos, siendo la primera mujer en batir récord de 50 segundos, logrando un tiempo de 49.9 segundos.
Todos los pronósticos de los críticos deportivos acerca de su declinación fracasaron y regresó triunfalmente en 1974, rompiendo su propio récord mundial en 200 metros planos con un tiempo de 22.0 segundos. También logró el segundo mejor tiempo mundial en la carrera de 100 metros con un tiempo de 10.9 segundos.
Era tal su recuperación atlética que asombró a los críticos más exigentes ganando los campeonatos europeos en las carreras de los 100 y 200 metros planos derrotando a la campeona olímpica de Alemania del Este. Igualmente obtuvo el tercer mejor tiempo en toda la historia para una mujer en los 100 metros planos y todavía añade a sus grandes logros un tiempo increíble de 48.5 segundos como última corredora del equipo de relevos de Polonia en los 400 metros.
Por sus triunfos, la United Press International la nombró la Deportista del Año 1974 y en los Juegos Olímpicos de Montreal en 1976, volvió a ganar la carrera de 400
metros estableciendo un nuevo récord mundial. Para ella fue su séptima medalla de oro olímpica. Cuando se le preguntó si esto era una victoria para el sistema comunista, ella contestó: Yo sé de la gran felicidad para el pueblo polaco cuando vieron izar nuestra bandera y tocar nuestro himno, pero yo corro porque me da un gran placer y satisfacción, yo también corro para mí y por lo que soy.
El año de 1977 fue de los más exitosos para Irena, ganando la carrera de 400 metros en los campeonatos mundiales de Dusseldorf, estableciendo un nuevo récord mundial.
En 1978 y 1979 se preparó para ser la primera mujer u hombre en ganar ocho medallas de oro en juegos olímpicos, superando las 7 medallas de oro que ganó el también judío americano Mark Spitz en Münich en 1972.
En abril de 1987, viajó a los Estados Unidos en una visita de buena voluntad y en la que tomó parte en una competencia de exhibición de 2 millas en el Central Park de Nueva York.
Irena Kirszenstein es miembro del Salón de la Fama de Deportistas Judíos que se encuentra en Israel. Esta maravillosa mujer, no obstante su incansable actividad deportiva, se dio tiempo para terminar su carrera universitaria, graduándose en la Universidad de Varsovia como economista. Actualmente presta sus servicios en el Centro de Investigación de Transporte en Varsovia, dando ejemplo a todos sus admiradores de lo que es capaz la voluntad, la dedicación y la entrega a todo lo que se hace con un espíritu increíble de superación.

Regreso al contenido | Regreso al menu principal