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27/09/2017
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Iconoclasta

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Iconoclasta


Por: Bill Landau

Ciertamente porque una buena amiga me haya dado el adjetivo, me puso a reflexionar sobre mi posible origen iconoclástico, o sea, mi eterno cuestionamiento de las normatividades corrientes de mi cultura.

Ya en su momento Freud, en su obra "Malestar de la Cultura" atribuyó al ser humano una combinación no muy optimista, la de ser narcisista e inclinarse a lo tanático, o sea a la destrucción. Todas las religiones moderadas en el mundo han tratado de atemperar la voracidad destructiva del ser humano con poco éxito hasta ahora.

Los hechos son trágicos y tristes; cooperamos el uno con el otro por autointerés y para preservarnos ya sea a nivel individual, grupal o nacional. Desgraciadamente no abundan las conductas altruistas, y sobre éstas también Freud, pudo haber interpretado algo interesante. El vienés reconoce en su "Futuro de una Ilusión" que las religiones hayan sido "inventadas" para contrarrestar los instintos destructivos del ser humano.

Aun así las religiones y su ética penden de hilos muy frágiles. La historia está llena de acontecimientos en donde las religiones jugaron papeles dantescos: las cruzadas, las "Guerras Santas" ...árabes de entonces o de ahora. Incluso dentro de nuestra propia familia había que recordar a los Kahana, Goldsteins y Amirs ¡Sorry state of affairs! apuntaría Shakespeare.

Incluso los Amoraitas y Tanaitas que compilaron el Talmud y La Guemará, decían que "Ha'adam hu raa mi mekoró", -el hombre es malvado por origen-, o su variedad latina "homus lupus est". Realmente mi querida amiga, no es necesario ser psicoanalista, anarquista o cínico, para darse cuenta que debajo del barniz civilizatorio esta la bestia. No fue mi profesión de analista, sino mi afición por la historia, que me hizo entender que en realidad la naturaleza humana está mejor descrita en las tragedias del inglés, donde el héroe teje la trama de su autodestrucción -digámoslo así-, que en los cuentos jasídicos o las fábulas de Esopo.

El 11 de septiembre nos vuelve a enfrentar con el Horror y la Maldad, con mayúsculas. La destrucción de las Torres Gemelas es un lastimero recuerdo de lo humano, donde las religiones y otras ideologías se tornan contra el propio ser humano. ¡Viva la Muerte! Vociferaban las falanges franquistas. Hay millones de personas en este mundo que se adhieren a ese grito, estando dispuestos a auto inmolarse en aras de lo que dijo o no dijo el Profeta. Los edictos del franquismo se parecen a las fatwas islámicas o ciertas takanot (edictos rabínicos). Sólo basta recordar que ambiente imperaba en Israel antes del asesinato de Rabin y quienes azuzaron a la población.

Mi ser iconoclasta me hace comprender, tal vez de una manera simplista, que básicamente nosotros los que queremos vivir, nos enfrentamos a los que se quieren morir. Los que queremos construir, versus los que quieren destruir. Siempre nos han enseñado que nuestro potencial es infinito; lo que se nos olvida, es que también nuestra maldad tampoco tiene límites.

Charles Krauthammer, un editorialista de la revista Time escribe después de lo sucedido en Nueva York:

"¿Cómo es posible que unos pocos terroristas con cuchillos, no hayan podido ser sometidos en tres de los cuatro aviones raptados por la tripulación y los pasajeros? Krauthammer plantea lo mismo en la cuestión del Holocausto, la Shoa. Sencillamente tanto los judíos a las puertas de las cámaras de gas, como los pasajeros de los aciagos aviones, no pudieron imaginarse el grado de MALDAD. No fue sino hasta que se enteraron en otros campos de exterminio lo que pasaba en Auschwitz, que hubo levantamientos. De igual manera posiblemente los pasajeros del último avión raptado, oyeron lo que había sucedido con las otras naves, que pudieron rebelarse.

Tanto nos han adoctrinado sobre la bondad, que se nos ha olvidado la otra parte de la ecuación: la pura Maldad no adulterada. Tal vez por eso los judíos fueron sin protestar a ser fusilados en Ponar, Lituania a gaseados en Majdanek.

Querida amiga, tenemos que poner en tela de juicio, aun aquello que abrazamos como verdades eternas.

Existe la maldad, la sed de poder, la agresión, la manipulación y el amor por la muerte. La diferencia sólo está en los grados.

No dejo de creer en el potencial humano, pero después del 11 de septiembre, quiero parafrasear al Presidente americano "O están con nosotros o contra nosotros". Los que creemos que la vida ofrece para todos grandes satisfacciones, en contra de los que "aman la muerte y la destrucción".

En Auschwitz se enterró la civilización y se dio por concluida la modernidad. En Nueva York, el 11 de Septiembre empezó la era post-moderna del nuevo milenio.

¿Iconoclasta?

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