Humor y tragedia en la literatura PIII Última - Intelecto Hebreo

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27/09/2017
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Humor y tragedia en la literatura PIII Última

3er Lustro Rev. Foro

Humor y tragedia en la literatura
-aproximaciones-
(Tercera y última parte)


Por: Eduardo Luis Feher

Compartimos las ideas de Waalter Muschg en el sentido de que:
«El escritor y el poeta trágicos se entregan al dolor más profundo, que desvirtúa todas las explicaciones optimistas de la existencia. Reconoce disonancias y estridencias que sólo pueden resolverse a costa del hombre, y revela la verdad que nadie puede soportar desnuda: el hombre no es dueño de su destino, no es irremplazable, sino está en manos de poderes que actúan sin tomarlo en cuenta. Pero este sufrimiento libera las fuerzas que no se darían de otra manera, y se establece como un valor último que por sí mismo ya es una respuesta. En esto consiste el secreto del arte trágico, que es la afirmación más profunda del mundo, pues aún encuentra una revelación en lo que aparentemente no tiene sentido. En el sufrimiento experimenta un sentido de la vida que debe ser así y de ninguna otra manera.» Holderlin percibió este sentido gracias a Sófocles, y lo expresó en los versos:
«Algunos buscaron en vano palabras del gozo supremo; a mí me hablan por fin, aquí, en mi sufrimiento».
A veces la vida se ensaña con el escritor y poeta; muchos superan esas especies de pruebas y trascienden a ellas, lo mismo que a su tiempo. Muchos otros proyectan sus «defectos» en sus obras.
Mientras para los profetas y videntes la enfermedad es algo natural, para otros es una estaca viva en la carne. Píndaro tenía una voz débil; Gotthelf tenía un defecto al hablar; no era -se dice- un buen predicador, y cuando lo hacía hablaba con una voz aguda en su iglesia casi vacía. Virgilio se adiestró como orador, pero hizo una figura tan lastimosa cuando se presentó por primera vez en un juicio, que renuncia para siempre a esta carrera. Wieland, autor de inimitables charlas literarias, informa Mozart en una carta a su padre que, aquel autor, «tiene un defecto en la lengua que le obliga a hablar muy quedo y no puede decir seis palabras de corrido». Kleist tartamudeaba. Grillparzer tenía un defecto al hablar. El mismo Moliere era un mediocre actor trágico y sólo excelente en papeles cómicos. Su voz era cavernosa, podía hablar muy de prisa, pero sufría de un hipo patológico que no pudo remediar. Comoens, como Cervantes fue herido por un disparo de cañón en una batalla naval y perdió el ojo derecho. El Duque de Rochefoucauld Se enredó en una lucha contra el Cardenal Mazarino hasta que una herida grave en el ojo izquierdo terminó abruptamente con sus ambiciosos planes. Culpando del delito de lesa majestad, se retiró a sus posesiones y escribió sus libros llenos de escepticismo pesimista ante el gran mundo. Alfred de Vigny entró al mundo literario y no al militar por un accidente sufrido.
Walter Scott, quien desde su infancia se vio afectado por una parálisis de su pierna derecha, nunca se curó a pesar del largo tratamiento. Para poder soportar esto, se refugió en el mundo imaginario de héroes y caballeros».
Alguna vez Kikegaard señaló lo siguiente: La deformación física tiene algo de demoníaco y pone al hombre terriblemente cerca del mal. Al respecto Walter Muschg dice que «el deforme lleva en su seno un odio abismal contra el sano y oscila ante el horror ante sí mismo, la susceptibilidad exagerada y el orgullo cínico con que trata de alejar la atención sobre su defecto».
No compartimos, desde luego, ninguna de las opiniones anteriores. Claro que los tiempos cambian y la perspectiva ante tan singulares y dolorosos problemas también se ha transformado. Recuérdese que en otros tiempos los defectos físicos eran considerados como obras del demonio.
Muschg señala lo siguiente:
«En el Ricardo III de Shakespeare encontramos toda la gama demoníaca de estas características, que sin duda alguna también obraron en muchas vidas de poetas y escritores. Muchos satíricos y polémicos famosos adolecían de tales defectos físicos. Esopo. Swift. Lichtenberg y Kicrkegaard fueron jorobados; Lichtenberg luchó toda su vida por encontrar un sentido a este hecho, en una ocasión escribió lo siguiente: « La gente que tiene el cuerpo más sano, más hermoso y más regular es la más tolerante. Apenas tiene alguien una deformación, ya tiene también una opinión propia». Thomas Murner, el enemigo de Lutero, nació tan desfigurado que sus padres lo creyeron embrujado y lo sometieron a un proceso de exorcismo; él mismo estaba firmemente convencido de que su nacimiento había tenido algo de sobrenatural. Scarron, el burlón de París clásico, el autor del «Vergile travesti» y del «Román Comique», era un hombre contrahecho, paralítico de brazos y piernas. Grimmelshausen debe haber sufrido por sus cabellos rojos, pues escribió su Bartkrieg («Guerra de barbas») en defensa de los pelirrojos. Shakespeare se llama a sí mismo, en los Sonetos, un hombre tullido, feo y despreciado; aunque aquí entra en juego su fogosa imaginación, estas palabras significan que su aspecto físico era diferente de lo que se cree».
Voltaire, Hoffman, Leopardi, Andersen y Verlaine, se distinguían por su fealdad. Víctimas de la tuberculosis fueron Bürger, Novalis, Keats, Jacobsen, Chéjov, Kafka, Proust. Epilepsia la padecieron Byron, Swinburgne, Flaubert, Dostoyevsky, Incluso éste último escribió sus novelas bajo los efectos de sus ataques, que consideraba visitaciones divinas.
¿Y qué decir, finalmente, sobre la creencia extendida en el siglo XVIII que conoció una corriente subterránea de «tristeza de este mundo», que fue considerada por la gente piadosa como un castigo de Dios para la soberbia humana?

Schubert, el enorme compositor, en su diario, de gran valor Proust humano y literario escribió en 1823 un poema llamado «Mi plegaria».
Debemos señalar que él se consideraba a sí mismo «el hombre más infeliz y miserable de la tierra» Su poema dice así:
Mira cómo yace destruido en el polvo
presa de dolor nunca visto
el martirio de mi vida
en vísperas de la muerte eterna
Mátalo y mátame también a mí
Arroja todo al Leteo
Y deja, oh Grande, que florezca
Un ser puro y vigoroso.
Hay autores, por otra parte, que participan casi simultáneamente del humor y la tragedia; tal ambivalencia quizá como resultado de algún defecto físico. El caso más clásico de lo anterior lo fue el terrible Quevedo, quien vino al mundo en 1580 con el nombre de Francisco de Quevedo Villegas. Morel-Fatio, dijo lo siguiente del escritor español: «Desde su entrada en el mundo, acumuló una cantidad de bilis que necesitaba descargar sobre no importa qué o quien»
Y aquí volvemos a la teoría de Muschg quien afirmara, refiriéndose a las personas con defectos físicos y talento: «. . .el orgullo cínico con que trata de alejar la atención sobre su defecto».
El propio Quevedo en un verso acerca de su nacimiento dice ni más ni menos»
«Nací tarde, porque el sol
tuvo de verme, vergüenza
en una tarde templada
entre clara y entre yema».
Quevedo, en un cierto dejo de queja y a la vez mordacidad, en un poema sobre su nacimiento escribió lo siguiente»

(fragmentos)
Dióme el León su cuartana
dióme el Escorpión su lengua
Virgo, el deseo de hallarle

y el Carnero, su paciencia
Murieron luego mis padres
Dios en el Cielo los tenga
porque no vuelvan acá
y a engendrar más hijos vuelvan;
como a imagen de milagros
me sacan por las aldeas
si quieren sol, abrigado
y desnudo porque llueva

No hay necio que no me hable
ni vieja que no me quiera
ni pobre que no me pida
ni rico que no me ofenda

Quise casarme estotro año
por sosegar mi conciencia
y dábanme un dote al diablo
con una mujer muy fea
Finalmente:
En mí lo picado es roto
ahorro, cualquier limpieza
cualquier bostezo es hambre
cualquier color vergüenza.
Dice René Bouvier, su biógrafo, que «Quevedo se batirá toda su vida, con la espada tanto como con la pluma. Irascible, rencoroso y vengativo, no pide ni tampoco da cuartel a sus enemigos. Es estudiante cuando hiere gravemente de una estocada a un compañero a quien la había birlado su novia y por quien había sido motejado de cobarde. Se echó a tierra el asunto gracias a la intervención del Duque de Medinacelli».
Quevedo, filósofo de la vida, al final de sus días habría de escribir estos párrafos que pintan un poco la tragedia de su existencia:
«Dios lo sabe; que hay muchas cosas que, pareciendo que existen y tienen que ser, ya no son nada sino un vocablo y una figura».
«Menester desnudarse de las tinieblas quien se quiere vestir de claridad».

«-Dime- pregunta Villarroel a la sombra de Quevedo: ¿pasaste mucho tiempo en el purgatorio por las sátiras que escribiste? En verdad que son libres y osadas, y duras para tus contemporáneos».
Quevedo responde: «Viví mi purgatorio aquí abajo. Durante muchos años sufrí destierro y prisión por largo número de años. Fui pobre; pasé mi vida enfermo; y esta persecución incesante, sin tregua, es quizás castigo para mis defectos, pero no para la libertad de lenguaje de que hablas. . . »
En el complejo mundo de la literatura, el humor y la tragedia van de la mano siempre. Ambos abrevan de la vida misma, ambos pastan en las llanuras eternas de la imaginación humana. Difícil en verdad ubicar los diversos géneros del humor y afirmar de manera tajante si realmente lo son. La mordacidad, la sátira, la befa, la ironía y el sarcasmo, ¿pertenecen al humor? ¿quien puede asegurar, sin temor a equivocarse, dónde empieza uno y termina el otro?
La tragedia, vista en cierta perspectiva, ¿puede a veces mover a risa y caber dentro del humor? Wilde, al respecto decía lo siguiente, que es muy ejemplificativo de lo anterior:
«El mundo se ha reído siempre de sus propias tragedias como único medio de soportarlas»
Respecto del humor, hago mías las palabras de Pastor Petir quien señala que «el humor se coge del brazo de la vida, con una sonrisa un poco melancólica, quizá porque no confía mucho en convencerla. Se coge del brazo de la vida y se esfuerza en llevarla ante un espejo cóncavo convexo, en el que las más solemnes actitudes se deforman, hasta un límite que no puede conservar su seriedad. El humor no ignora que la seriedad es el único punto que sostiene muchas mentiras».
La vida nos parece a veces, parafraseando al filósofo Liechtemberg como un cuchillo sin hoja cuyo mango se ha perdido. ¿Será la literatura una solución?
Cernuda en un poema señala lo que su propio demonio le reclama; le dice:
«Ha sido la palabra tu enemigo: Por ella de estar vivo te olvidaste» Y Cernuda la responde:
Hoy me reprochas el culto a la palabra.
¿Quién si no tú puso en mi esa locura?
El amargo placer de transformar el gesto
En son, sustituyendo el verbo al acto.
Ha sido afán constante de mi vida.
Y mi voz no escuchada, o apenas escuchada,
Ha de sonar aún cuando yo muera,
Sola, como el viento en los juncos sobre el agua
En el mundo de la literatura -trátese de humor o tragedia- siempre quedará flotando en el aire la gran interrogante humana. La misión del escritor es muy compleja. Mientras el poeta Haine, desesperado alza su vista al cielo e, implorando pregunta:
«... Decidme, ¿qué es el hombre? ¿De donde viene? ¿A donde va? ¿Quien habita allá sobre las estrellas de oro? Las ondas murmuran su sempiterno arrullo; sopla el viento, vuelan las nubes, los astros centellean fríos e indiferentes. Y entretanto, un pobre necio espera que se le conteste. . . «Ornar Khayyam, a muchos siglos de distancia parece contestarle:

«Salimos a cazar
Los días huyen como gacelas asustadas
y la noche nos acecha como fiera salvaje.
Nosotros sólo atrapamos imágenes inmortales».


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