Humor y tragedia en la literatura P I - Intelecto Hebreo

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27/09/2017
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Humor y tragedia en la literatura P I

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Humor y tragedia en la literatura
-aproximaciones-

Primera Parte


Por: Eduardo Luis Feher

Hablar de humor y tragedia en la literatura en la estrechez de unas cuantas páginas, podría considerarse tarea tan imposible como temeraria. Es por ello que me voy a referir, en forma breve, a algunos aspectos de estos dos temas universales, inherentes a la condición humana.
Decía Krishnamurti que los seres humanos vivimos entre dos nadas: la nada del ayer y la nada del mañana. A la luz de esta expresión tan dramática como cierta, los seres humanos transcurrimos nuestra existencia con una bipolaridad definida.
Hay quienes afirman que así como entre el odio y amor hay solo un paso, hay otros que dicen que la vida oscila entre la tragedia y el humor.
Píndaro, con profundidad señalaba:
El hombre solo vive un día
¿Qué es el hombre? ¿Qué no es?
No es más que la sombra de un sueño
.
Como Jano, la otra cara la representa el humor. Definirlo es cosa muy difícil. Ya lo afirmaba Jardiel Poncela:
Tratar de definir el humor es tanto como pretender atravesar una mariposa con un poste de telégrafos.
Se ha dicho que el hombre es el único animal de la creación que ríe; sin embargo, al decir de Pastor Petit, «en secreto, y probablemente sin explicarse la causa, la humanidad ha visto no sé qué de inferior en el muy noble arte de cultivar, en lo literario, el género humorístico».
Largo y abrupto ha sido el camino del humorismo. Así, en el Segundo Concilio de Cartago quedó constancia en su cláusula de que «si algún clérigo o monje dijese palabras jocosas que mueven a risa, sea anatema». Más adelante las cosas cambian. Así, para el evangelista y médico San Lucas la tristeza enrarece los sentidos provocando sueño (Lucas, XXII.45) y según San Juan, amortigua la curiosidad del hombre por saber (Juan, XVI, 15). San Pablo ve la vida cristiana a la luz serena de la alegría. En los escritos qumrámicos, aparecen como contraposición a la impiedad-tinieblas-tristeza, la trinidad compuesta de justicia-verdad-alegría.
Petit agrega una gran verdad: tampoco los filósofos han sabido mostrarse, en general, más receptivos al humor. Y agrega: «Kant se nos parece un tanto frío y geométrico con su razón pura; Schopenhauier es el eterno pesimista y otro tanto cabe añadir de Hegel y Nietzsche; KirKegaardy los existencialistas semejan un cortejo de lloriqueantes y peludos espectros que han perdido algo extraño y que vagan en pos de algo más extraño aún cuyo nombre o esencia ignoran igualmente».
Pero Tolstoi sale a la defensa al afirmar sin ambages:
«El poeta oye los susurros de la semilla que trabaja
debajo de la tierra; el filósofo oye los de la germinación
de las ideas en el pueblo»

Cierto es también lo contrario. Hay un adagio escolástico sabio que señala que «la risa es copiosa en boca de los necios»
El sentido del humor es necesario a la vida como el aire. Hay quienes carecen de sentido del humor y de la historia. André Malraux pedía que no nos preocupáramos demasiado por ciertas cosas de la vida; al fin y al cabo -decía- actores y espectadores tarde o temprano nos iremos de este mundo.
Recordamos a este respecto una anécdota sobre Luis XIV, con la que, a falta de otras razones, se probaría que el rey galo tuvo numerosos defectos y no menos flaquezas, pero que no fue, en absoluto, un dictador de corte despótico; tuvo demasiado sentido de la mesura y del ridículo para ello.
Al parecer, el citado monarca tenía afición de escribir versos, que desde luego no estaban destinados a engrosar las antologías poéticas. En cierta ocasión mandó llamar a Boileau para que leyera algunos de los que había escrito. Y Boileau, poeta y preceptista calificado por Moliere como el primer escritor de Francia, previa lectura del texto real, devolvió éste a su señor.
-Y bien, ¿qué os parecen? Dadme vuestra opinión sincera.
Boileau no pudo reprimir su indignación ante un poeta deleznable y, sin titubeos repuso:
-Señor, nada imposible existe para vuestra Majestad. Ha querido hacer versos malos. . . ¡y lo ha conseguido plenamente!
Luis XIV, desde luego, rió ampliamente. Si no hubiera tenido sentido del humor, hubiera ocurrido una tragedia.
Una sonrisa a tiempo, puede salvarnos de una catástrofe.
El escritor Henry Miller, en su opúsculo «Reflexiones sobre la muerte de Mishima», hace importante análisis acerca del sentido del humor, interpretando algunas afirmaciones de Chesterton quien explicara a su vez el humorismo de Dickens-Miller dice:
«Chesterton, en unas pocas líneas nos demuele los puntales sobre los que sostenemos nuestra inadecuada concepción cultural del mundo. Es un regreso a la humanidad; a la humanidad ordinaria. Abandonen sus espectáculos, sus microscopios y telescopios, sus diferencias nacionalistas y religiosas, sus codicias de poder, sus ambiciones sensualistas. Bajen a andar a gatas y enseñen el alfabeto a las hormigas -si -pueden-. Duden todo lo que quieran pero no pierdan el sentido del humor. La vida no es solemne y agonizante, es un drama tragi-cómico. Ustedes son los actores y la obra; son todo lo que ahí hay -y no hay nada más ni nada menos-. Así es como interpreto las palabras de Chesterton.
«Si uno aspira a influir al mundo o a moverlo, qué mejor manera que la de tomar un espejo para mirarse como uno realmente es, sólo así podemos reírnos de nosotros y de nuestros problemas. El hombre que hubiera hecho reír a Hitler habría salvado millones de vidas. Esto es lo que estoy tratando de plantear. Los benefactores convenencieros, ya sean santos o monstruos, hacen más daño que bien».

Finalmente Miller dice:
«Resulta difícil conservar el sentido del humor en un mundo que produce bombas atómicas como si fueran vegetales. Si contáramos con un gran sentido del humor tal vez no fuera necesario recurrir a esa experiencia doloroso de defenderse por medio de la mutua extinción».
El humor nos tiene que llevar necesariamente, al concepto de felicidad en la literatura. Dice al respecto Borges que «ser feliz es algo muy raro, ocurre muy pocas veces. La felicidad se encuentra generalmente en el pasado, y esto es, por supuesto, una forma de desdicha presente. Por otra parte, querer ser feliz es una tarea más difícil de lograr. Para mí la felicidad consiste -agrega Borges- en haber sido feliz alguna vez, o por lo menos creer que uno lo ha sido».
En este sentido -sigue diciendo- he escrito un verso que expresa bien lo que siento con respecto a la felicidad: «Es mucho haber tocado el viviente jardín siquiera un día. Como escritor -finaliza Borges- he intentado combatir mi desdicha con mis poesías, con mis cuentos. Otros seguramente lo han hecho con su pintura, su música, su escultura».
Salvador Dalí, por su parte, roza a veces los límites de la literatura obsequiándonos con frases ingeniosas como aquella que dice: «El escritor que más me gusta es el Príncipe de Broglie. No lo comprendo y no haya nada que me interese y me encante más que lo que no comprendo. Sus libros de física nuclear son encantadores».
Dalí, considerado como surrealista quizá tomó esta posición al ver a su padre en la parte trasera de su casa, en traje de etiqueta y tocando música clásica con su violín. . . a los gansos. Al menos eso dicen algunos biógrafos de tan conspicuo personaje.
¿Sería el surrealismo una forma de humor para efectos de la literatura? André Bretón, considerado como su padre, en el primer Manifiesto consideraba al surrealismo así: Automatismo psíquico puro, por el que se propone expresar, sea verbalmente, sea por escrito, el funcionamiento real del pensamiento. Dictado del pensamiento en ausencia de todo control ejercido por la razón, y al margen de toda preocupación estética o moral.
André Bretón al referirse al humor hace suyas las palabras de Pierre Piobb quien decía: « No hay nada que un humorismo inteligente no pueda resolver en carcajadas, ni siquiera la nada. . . , la risa, en cuanto una de las más fastuosas prodigalidades del hombre, y hasta el libertinaje, está al borde de la nada, nos da la nada en garantía». Bien había de decir el propio Bretón «que México, por lo demás, con sus espléndidos juguetes fúnebres, se afirma como la tierra de elección del humor negro»

Continuará...

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