Henrietta Szold - Intelecto Hebreo

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27/09/2017
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Henrietta Szold

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Henrietta Szold


Por: Manuel Levinsky

Los desafíos del destino son los que dan las medidas de la grandeza de los seres humanos. Quienes están dotados de altas cualidades saben hacer frente a los obstáculos y vencer circunstancias adversas hasta llegar a la consecución de sus nobles propósitos. Así fue ella, Henrietta Szold, la mujer menudita, aparentemente frágil pero de carácter recio y de alma templada en el mayor de los yunques y de una gran nobleza quien supo hacer realidad su sueño de fundar una organización femenina como es Hadassah, que ocupa un rango privilegiado entre las organizaciones de mujeres judías a nivel internacional.
Nuestro personaje nació en Baltimore, Estados Unidos, en 1860. Fue hija del rabino Benjamín Szold de ascendencia húngara, sobresaliente sabio y gran trabajador social. Ella comenzó a militar en el movimiento sionista en 1894, aún antes de que surgiera en la escena política Teodoro Herzl. Toda su vida fue animada por dos grandes amores: el amor a su país de origen, Estados Unidos, con sus tradiciones, su afán de progreso, su capacidad de trabajo, y el amor a Eretz Israel, su cultura, sus costumbres, su historia y su porvenir. La distinguía un afecto extraordinario por la naturaleza y siempre se le vio en su despacho y en su hogar rodeada de flores. Sus excursiones a la Tierra Prometida en primavera eran una fuente de alegría porque gustaba de la belleza de las flores silvestres y las admiraba con la sapiencia de un botánico bien informado.


Henrietta nunca asistió a clases, sino que debió la profundidad de sus conocimientos al estudio personal de las ciencias judaicas, lingüísticas y filosóficas, guiada por su padre. El rasgo de su carácter fuerte y sensible a la vez, lo heredó de su madre.
Desde muy joven, Henrietta comenzó a actuar para la causa judía, primero como secretaria del instituto científico "Jewish Publication Society" en el que tradujo numerosas obras científicas tales como "La Ética Judía" de Emma Lazarus y "Leyendas de Judíos" de Ginsberg. Asimismo, estaba en contacto continuo con los escritores judíos más famosos como Sholem Asch e Israel Zongwill. En esa importante editorial trabajó durante 25 años y en cooperación con Cyrus Adler editó el "American Jewish Year Book", que es un autorizado estudio anual de los principales eventos judíos.
A raíz de los pogroms rusos se produjo un gran movimiento migratorio desde el Este europeo hacia Estados Unidos. Entonces ella se dedicó a arraigar a los refugiados en su nuevo ambiente organizando, incluso, clases de inglés para adultos, creando así la gran institución de la escuela nocturna.
De regreso de uno de sus varios viajes a Eretz Israel y dotada de gran experiencia en la actividad intelectual y sionista, persuadió a una decena de mujeres a crear el grupo sionista Hadassah. Esto sucedió en Nueva York en 1912. Dicha organización, no obstante su modesto origen, se convirtió en la Institución femenina más poderosa de Norteamérica que en relativo poco tiempo había rebasado los 100,000 miembros.
La Hadassah se dedicó con ahínco y eficacia a la lucha contra la malaria, la tracoma, el paludismo y otras enfermedades que diezmaban a los colonos (jalutzim) que llegaban a Eretz Israel en este entonces faltos de higiene y salubridad. Fue así como la Hadassah se constituyó en la primera asistencia pública y el primer consultorio dental que fue cuna del famoso Hospital Hadassah en Jerusalén y de la Escuela de Enfermeras. Nuestro personaje a los 50 años de edad se radicó en Eretz Israel, donde desplegó una actividad extraordinaria llegando a ocupar encumbrados puestos, entre ellos, el de Directora de Salud Pública y Educación en el Comité Ejecutivo Sionista.
Con más de 73 años a cuestas renunció a sus altos cargos y decidió pasar unas vacaciones con su familia en los Estados Unidos. Fue la época aciaga de la humanidad en que el dictador nazi, Adolfo Hitler, subió al poder y desató la más cruel persecución contra los judíos. Ella comprendió entonces que debía quedarse porque tenía ante si una de las más grandiosas misiones de su vida, la de salvar niños judíos de la furia nazi y empezó luego la maravillosa obra de la Aliyá juvenil organizando la inmigración de ellos hacia Eretz Israel. Aunque no tuvo hijos propios, Dios la hizo madre de niños refugiados del infierno europeo. Para Henrietta no existían niños ajenos, todos eran suyos y no obstante su avanzada edad dedicó con ejemplar esfuerzo sus últimos años a la salvación de tan valioso elemento juvenil y educarlos luego sobre el suelo libre de Eretz Israel. Fueron más de 15,000 los infantes que constituyeron su nueva familia.
Henrietta Szold no se daba punto de reposo organizando con todo detalle el traslado de los niños a las colonias que ella misma inspeccionaba, teniendo la gran satisfacción de ver como sus protegidos crecían y se desarrollaban en un tranquilo y seguro ambiente rural. Siempre estaba presente cuando llegaban los buques al puerto de Haifa con los juveniles pasajeros.
Debemos señalar como algo extraordinario que la contribución de nuestro personaje a Eretz Israel se produjo en tres campos de acción, en los cuales no tenía experiencia alguna. No tenía conocimientos de medicina cuando emprendió la gran obra médica de Hadassah. No tenía experiencia en el trato con la juventud cuando organizó la inmigración juvenil. No tenía preparación para el servicio social cuando con casi sin ayuda constituyó una admirable red de servicios sociales en Israel.
Esta singular dama a todas luces fuera de serie, dejó de existir en la ciudad de Jerusalén en 1945. Ella no ha desaparecido, vive como la madre de miles de huérfanos, vive en cada unidad sanitaria, en cada consultorio para el cuidado de infantes, en los más distantes puntos del territorio israelí. Vive en el corazón del pueblo judío en el mundo entero. Su acción benéfica perdurará por siempre.





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