Henrich Graetz - Intelecto Hebreo

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27/09/2017
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Henrich Graetz

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Henrich Graetz


Por: Manuel Levinsky

Henrich Graetz fue el historiador que más contribuyó a la fundación de la moderna historiografía judía. Ninguno de sus antecesores llegó a escribir como él, con método científico y talento literario, la historia del pueblo judío desde sus orígenes. La obra histórica de Graetz tuvo como finalidad la reconstrucción del pasado de Israel.

Zvi Hirsch o Henrich Graetz nació el 31 de octubre de 1817 en Xions, Posen, provincia polaca que había sido incorporada a Prusia. Era hijo de una familia de muy modesta posición económica. Sus padres se empeñaron en darle una buena educación. Henrich concurrió hasta los 14 años a escuelas judías tradicionales, en 1831 se trasladó a Wollstein, donde estudió bajo la dirección del rabino Shmuel Zánvel. Aprendió alemán, francés y latín, llegando a dominar perfectamente estos idiomas. Era un brillante talmudista. Era intenso su afán de ilustrarse.
En aquel entonces leyó el libro del rabino Sansón Rafael Hirsch cuyo título "Diecinueve Cartas de Ben Uziel" le impresionó vivamente y contribuyó a devolverle la fe religiosa, en la que había vacilado por un momento. Fue entonces que le escribió una carta al renombrado rabino que lo incorporara al grupo de sus discípulos. Rafael Hirsch lo invitó a que se trasladara a Oldenbugo, donde residía. Durante tres años desde 1837, permaneció en esa ciudad estudiando bajo la dirección de Hirsch, quien le dispensó un paternal apoyo. Allí también aprendió el griego y profundizó entonces sus conocimientos en disciplinas judías y en las de la cultura europea.
Cuando regresó a su casa paterna, intentó predicar en algunas sinagogas sin éxito. Al fin de procurarse medios económicos, fue maestro privado en una familia adinerada durante un año y medio. En 1842, el Ministerio de Cultos le autorizó seguir estudios universitarios en la ciudad de Breslau. En la Universidad de aquella ciudad, obtuvo el grado de doctor en filosofía con una tesis intitulada "Gnosticismo Judaísmo".
Mientras vivió en Breslau, de 1843 a 1845 enviaba correspondencias al periódico (Orient) de Julius Furst, sobre la polémica entre el rabino reformista Abraham Geiger y el ortodoxo Gedalia Tiktin. Su primera publicación científica fuera de su tesis, fue una crítica a un importante manual de Geiger sobre la Mishná.
En 1852, nuestro personaje se dirigió a Berlín donde dictó cursos de historia judía ante estudiantes de una escuela rabínica. Estimulado por esta posición en la docencia, publicó en 1853 el IV volumen de su "Historia de los judíos desde los tiempos más antiguos hasta el presente" que abarcaba el período que siguió inmediatamente a la destrucción del Segundo Templo. Ese mismo año fue invitado a impartir una cátedra de historia y literatura en el Seminario Teológico Judío de Breslau. Además de dictar cátedra, se dedicaba intensamente a la actividad de investigador de la Biblia que le conquistó prestigio internacional. Si bien su vocación principal fue la de historiador, no descuidó la enseñanza de las letras judías.
Como complemento de su labor de catedrático en esta disciplina, publicó una Antología de la poesía hebrea moderna. Luego fue también profesor en la universidad de la misma ciudad. Constante y apasionada fue su dedicación a los estudios de la historia judía, que lo atrajeron desde su juventud.
En 1856 apareció su volumen III que comprende el período que va desde los Macabeos hasta la destrucción del Templo. Otros siete volúmenes aparecieron hasta 1870.
En 1869, la Universidad de Breslau, lo nombró profesor honorario. Ese mismo año fundó la Sociedad Teológica Judía. Con ella se proponía reunir un núcleo de estudiosos y pensadores que adoptaran una posición que se podría calificar de intermedia entre las ortodoxas y las reformistas, ya que a las primeras consideraba que necesitaban modernizarse y a las reformistas las criticaba de inaceptables por ser extrañas al genuino espíritu judío. La sociedad -decía Graetz- debía servir al desarrollo de la ciencia del judaísmo. Durante mucho tiempo fue nuestro personaje miembro del Consejo de la Aliance Israelite Universelle, de París.
Pero a Graetz le quedaban todavía por escribir los dos primeros capítulos que abarcarían la historia más antigua del pueblo judío, hasta los Macabeos. Para realizar esta parte de su labor, juzgó necesario trasladarse en 1872 a Eretz Israel, para conocer el escenario de los sucesos que debía relatar y explicar. En 1874, publicó el primer volumen de su Historia. En los dos años siguientes aparecieron los dos tomos del segundo volumen. Por lo tanto la Historia de Graetz terminó de editarse en 1876. Durante su vida se hicieron tres reediciones del texto original de la obra en idioma alemán. En 1888,1a Historia de Graetz fue publicada también en una versión popular de tres tomos.
No cabe duda, que la obra de este prominente cronista universal, fue la Historia Judía en el siglo XIX. Esta obra tiene el inconfundible sello de su personalidad tanto en lo que se refiere a la investigación de las fuentes como en cuanto a la forma de la presentación de los hechos. Pero la concepción histórica de Graetz, nos comenta en su libro León Dujovne, se vio influida por tendencias del pensamiento en los dominios de la filosofía de la historiografía en la primera mitad del siglo XIX. En términos generales, se puede decir que en Graetz influyeron la filosofía de Hegel y la doctrina de las ideas expuestas por Guillermo von Humboldt y por Leopoldo von Ranke.
Henrich Graetz, investigador laborioso era un artista. Escribía en magnífico estilo. Su temperamento poético le permitió introducir en sus escritos una calidez y una vivacidad excepcionales. Su gran poder de imaginación le permitió a su modo, llenar los vacíos que dejaban los documentos que examinaba con notable perspicacia. Graetz amaba al pueblo judío, se identificaba con él. Ello se advierte claramente en su obra.
Como estudioso y crítico de la Biblia, publicó numerosos trabajos en revistas, particularmente en alemán, en la Revista Mensual para la Historia de la Ciencia del Judaísmo. Cada uno de los volúmenes de su obra trae al final un conjunto de observaciones científicas.
Graetz tradujo al alemán el Eclesiastés, el Cantar de los Cantares y los Salmos. También escribió sobre los libros de Proverbios, de Job, Ester y de algunos Profetas.
Alrededor de 1880 se desarrolló en Alemania una intensa agitación antijudía. El historiador alemán Henrich von Trestschke publicó una serie de artículos antisemitas en los cuales atacaba al judaísmo con argumentos que pretendían ser un acompañamiento científico a vulgares calumnias y denunciaba el hecho de que, en su Historia, Graetz hubiera tratado sin respeto al cristianismo y a los grandes hombres de Alemania como Lutero, Goethe y Fichte. Graetz respondió a las críticas virulentas del historiador prusiano con un criterio judío, a la vez que defendía el derecho de los judíos a vivir como pueblo con una fisonomía espiritual propia.
La obra de Graetz pudo ser utilizada en combates contra el antisemitismo en distintos países. Ella ofrecía pruebas concluyentes de la originalidad creadora del pueblo judío y de como la Biblia con su monoteísmo ético era la más alta expresión cultural de la humanidad. Mostraba también como los valores morales del judaísmo fueron preservados y desarrollados por el pueblo en sus peregrinaciones por el vasto mundo.
Cuando Henrich Graetz cumplió 70 años, el mundo judío le ofreció testimonios de gratitud y admiración. Se editó entonces en su homenaje, un volumen que ponía en evidencia su gran prestigio de historiador. En 1889 fue designado miembro honorario de la Academia de la Historia de Madrid. Dedicó los últimos años de su vida a los trabajos de investigación de la Biblia que había iniciado cuando comenzó a elaborar el plan de su Historia.
Este singular personaje que ayudó con su obra acoger, sobre la base de la traducción judía que él evocaba ese pensamiento renovador que influyó a que cambiara el panorama del judaísmo en los últimos tiempos, murió el 7 de septiembre de 1891, cuando visitaba en Münich, a un hijo suyo, profesor de química.


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