Gruby, Padre de la Micología - Intelecto Hebreo

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27/09/2017
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Gruby, Padre de la Micología

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Gruby, Padre de la Micología
 
Por: N. Zvi Avigdor (Nueva York)
 
Quien se hubiera imaginado que las plantas fueran capaces de parasitar al ser humano. Hoy tomamos esto como un hecho, sin sorpresa alguna, pero hasta mediados del siglo XIX cualquier médico diría que tal idea es absurda.
Ahora sabemos que ciertos hongos pueden producir enfermedades de piel e inclusive invadir órganos internos del cuerpo humano. La tina es un ejemplo del primer caso; la histoplasmosis el segundo. La rama de la medicina que estudia estas enfermedades se llama la micología.
Fueron las brillantes observaciones clínicas y microscópicas del Dr. Gruby las que por primera vez en la historia permitieron llegar a la conclusión que en efecto, eran hongos los que causaban ciertas enfermedades.
David Gruby (1810-1898) nació en Novy Sad, Hungría (hoy Serbia-Montenegro). Sus padres vivían en una finca y eran sumamente pobres. Querían que David se volviera relojero pero éste rechazó la idea ya que desde muy pequeño quiso ser médico. Se dirige a Pest, Hungría, donde le informan que no tiene derecho a solicitar admisión en la universidad. De todos modos toma las clases, parado en la puerta de las aulas de instrucción. Meses después, al encontrarse satisfecho de haber absorbido «todo lo que Pest le podía brindar», se va a Viena, Austria, donde continúa, ahora en forma oficial sus estudios de medicina, graduándose en 1834. Es interesante notar que durante sus estudios, David desarrolla un interés muy grande en la patología, pero como era tan pobre, no podía comprarse un microscopio. Va adquiriendo las partes por separado poco a poco, y construye uno él solo. A propósito, su primer artículo científico trató acerca de características de ciertas células que contiene el pus que él observó con ese microscopio. Este escrito influyó en gran manera para que el microscopio se popularizara en el ámbito médico (con el tiempo, Gruby se volvió el microscopista más experimentado de su época y durante su vida profesional cientos de médicos y estudiantes de todo el mundo acudieron a sus "conferencias microscópicas").
Fue tan brillante, que al graduarse, a pesar de ser judío se le acepta de inmediato como cirujano titular en la Escuela de Medicina de Viena. Poco después, la universidad le ofrece el puesto de catedrático, pero con la condición de que se convirtiera al cristianismo. A pesar de que muchos profesionistas de su época aceptaban la conversión para poder ascender en sus puestos. Gruby rechaza la propuesta, y con enojo y "por principios" se muda a París en 1839.
Al llegar a Francia, Gruby se dedica exclusivamente a la investigación. Comienza a interesarse en las enfermedades de piel y especialmente hace estudios sobre los parásitos que la atacan. Al analizar microscópicamente el absceso de cabeza llamado favus (tumor fávico), vio que había filamentos de hongo en éste. Gruby sospechó que había una asociación entre la enfermedad y las células micóticas que él veía. Sus colegas se reían de él pues hablaba el día entero acerca de hongos y esporas y pasaba mucho tiempo en el jardín botánico estudiando plantas y recogiendo muestras para analizarlas bajo el microscopio. Finalmente establece que la masa fávica es causada por un hongo y que además, es contagioso.
En 1841, hace el descubrimiento de que la tiña de piel era producida por un hongo. Es más, por el mismo hongo que produce el favus. Demuestra también que la moniliasis (candidiasis) no era más que "un cultivo de filamentos de hongo". Durante los próximos 10 años hace varios descubrimientos que permitieron sentar las bases de la micología. Él fue quien inventó el término «microsporum», que se volvió base de la nomenclatura celular micótica.
Imaginemos la sorpresa y el shock cultural causado por los descubrimientos del Dr. Gruby. Los resultados de sus investigaciones marearon una nueva era en la medicina. Gracias a sus contribuciones se abrió un horizonte que hasta entonces era inimaginable: la micología médica. Podemos entender mejor la importancia de su legado si colocamos en perspectiva que se calcula que por lo menos 5% del total de consultas al médico general son por alguna micosis. En la pediatría, el porcentaje que se presenta por enfermedades de hongos es aún mayor. Obviamente los dermatólogos dedican gran parte de su tiempo al cuidado de éstas. En tiempos pasados quizá las micosas eran aún más prevalentes debido a la falta de conocimientos de higiene. Tantos pacientes y nada se sabía de estos padecimientos antes de Gruby.
Con gran pesar para los círculos médicos de investigación, el Dr. Gruby decide dejar el laboratorio y dedicarse en tiempo completo a la práctica clínica. En 1854 recibe la licencia francesa para ejercer medicina y no tarda mucho en darse a conocer como gran clínico. Tenía un don diagnóstico tan extraordinario y sus tratamientos eran tan innovadores que fue notado por la alta sociedad parisina. Su fama llegó a tal nivel que se volvió médico de cabecera del poeta Heinrich Heine, de los músicos Federico Chopin y Franz Liszt y del escritor Alejandro Dumas.
El Dr. Gruby destacó también en otras áreas: Inventa el nombre "tripanosoma" al ver a estos parásitos por primera vez en 1843 en la sangre de una rana (le pareció que tenían forma de taladro, y en griego taladro es tripanon); posteriormente se observaron también tales parásitos en el hombre como causantes de varias enfermedades.
Fue de los primeros médicos generales -si no el primero- en usar terapia de sugestión en pacientes neuróticos. Esclareció algunos efectos desconocidos del cloroformo. Inventó, en 1859, el algodón absorbente. Instaló un observatorio astronómico y meteorológico en una casa en la colina de Montmártre en París y era tan eficaz que el gobierno, con su permiso, lo utilizó durante la guerra de 1870. Durante ésta, se ofreció como médico voluntario civil. Ideó nuevas formas para la evacuación de enfermos y heridos, y diseñó una camilla con ruedas, una silla de ruedas, y un esterilizador portátil de ropa. Ya en 1867 había escrito dos volúmenes llamados: "Aparatos e Instrumentos del Arte Médico". Después de la guerra, en 1884, publicó su famoso trabajo acerca de la organización y materiales de socorro militares. Por todas sus aportaciones, la República Francesa lo hizo Chevalier de la Legión de Honor en 1890.
Es también recordado por sus grandes donativos monetarios tanto privados como a sociedades caritativas y asociaciones científicas. Su compasión era tal que al terminar de dar consulta a sus pacientes pobres, a veces les daba dinero en efectivo para que pudieran comprar sus medicinas. De su propia cuenta bancaria tomó para erigir una estación de socorro y un servicio de ambulancia para los soldados defensores de su ciudad durante el sitio de París por las tropas prusianas.
Finalmente, del Dr. Gruby se cuentan varias anécdotas chuscas: que su letra era tan ilegible que al finalizar sus consultas le dictaba al paciente la receta; que cuando los pacientes lo obligaban a escuchar sus vidas privadas, él se hacía el dormido; que era tan descuidado con su dinero que decenas de cheques por consultas se hallaban esparcidos por todas partes en su oficina. Coleccionaba plantas exóticas. Hablaba muy poco francés y con un acento alemán tan acentuado que con frecuencia no se le entendía. Dejaba libros y revistas médicas por doquier al punto que los pacientes a veces tenían que quitarlos de las sillas para poder sentarse, o de la mesa de exploración para poder ser examinados.
Pero nada de esto le impidió enseñarle a los hongos quien era su dueño.

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