Estas son las cuentas del tabernáculo - Intelecto Hebreo

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27/09/2017
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Estas son las cuentas del tabernáculo

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Estas son las cuentas del tabernáculo


Por: Luis Gottdiener



Con esas sencillas palabras comienza la perashá Fekudey, del libro de Éxodo, en la que se consignan las cantidades de oro, plata y cobre usadas en la construcción del tabernáculo. Dos observaciones, al menos, pueden hacerse sobre dicho "estado de cuenta". La primera es que Moisés lo presenta por su propia iniciativa; nadie se lo exige. Después de todo, quién iba a hacerlo y exponerse a escuchar algo así: "¿Cómo se atreve usted a pedirme cuentas a mí, a Moisés, que fui escogido por D-s para recibir las Tablas de la Ley?" Debieron entonces motivar a Moisés consideraciones de su reputación, o de acallar murmuraciones, o de que era correcto proceder así, o de sentar un ejemplo para los futuros líderes. La segunda observación es que pudo pensar: "Presentaré cuentas, pero sólo a un grupo reducido; si todos las conocen habrá objeciones y críticas". Pero no se inclina por esta opción selectiva, sino por la abierta.
Moisés interviene en numerosos episodios de intenso colorido y dramatismo. Si se pidiera a mil personas que ilustraran alguno, seguramente representarían escenas de la zarza ardiente, de Moisés ante el Faraón, del cruce del Mar Rojo, del descenso del Monte Sinaí, y otras, pero dudo que una sola de Moisés elaborando cuentas. Muchos episodios superan a éste en cuanto a la emoción que despiertan, pero pocos en la trascendencia y la pertinencia del ejemplo que encierran, en este caso dirigido a líderes sociales y comunitarios. No es necesario ir lejos para comprobar su actualidad. En las marchas de maestros que en días recientes trastornaron al D.F., uno de los reclamos era el desconocimiento del destino de las cuotas sindicales. ¿Cuántas veces no hemos oído de trabajadores que protestan por la misma causa, la cual con frecuencia no es sino el preludio de la desaparición total de los fondos? Y no son los sindicatos los únicos sitios en donde ocurren manejos poco claros, sino dependencias públicas, condominios, en fin, cualesquiera en donde se mueven recursos comunes.
Cada país tiene sus costumbres en lo que a cuentas se refiere y aquí no somos en general muy afectos a hacerlas con mucha precisión. Desde luego que las empresas grandes deben elaborarlas pero las más pequeñas, o los individuos, cuando las presentan, lo hacen sin muchas ganas. Vasconcelos, en alguno de sus libros, dice refiriéndose a Santa Anna: "En materia de cuentas, su sistema era ni pedirlas ni rendirlas", descripción que le quedaría a más de uno. A la renuencia de algunos a dar cuentas se agrega la indecisión de otros a exigirlas, por temor a parecer desconfiados. Una vez que fui a cobrar una cuota por cuenta del administrador ausente, ofrecí al condómino elaborarle un recibo, pero éste lo rechazó, diciendo: "No, ¿cómo cree?, si le tengo plena confianza".
Las comunidades judías de cada país están influidas por las costumbres del mismo. En Estados Unidos, donde hay una tradición de información y de transparencia, se saben los montos del patrimonio de muchas asociaciones judías, de la misma manera que se conocen los de universidades como Harvard, Yale y Stanford, que pueden llegar a miles de millones de dólares. En cambio, en nuestras comunidades, en parte por la tradición del país, y en parte por la de los lugares en que se originaron, el hermetismo es mucho mayor, aún en aquellas cuyos fundadores provienen de países del primer mundo. Hace bastantes años, asistí a unas reuniones sociales y culturales de un grupo de la comunidad. Cada sesión todos pagábamos una pequeña cuota. Cuando alguien pidió un informe sobre las mismas, el organizador contestó: "Los que acuden a este grupo deben tenernos total confianza; si no la tienen, mejor dejen el grupo". No sé qué tradición estaba siguiendo esta persona, pero desde luego no la establecida por Moisés en el capítulo citado. Y a propósito de nuestra comunidad, ¿cuántas organizaciones presentan cuentas abiertamente? Yo conozco una, la APEIM, que espero continúe con tan buena costumbre.
Recientemente pudimos ver cómo algunos de los candidatos que aspiran a gobernar el país o la ciudad ofrecían, como una de las bases de su programa, la transparencia en el manejo de los recursos públicos. No deja de ser impresionante que esa costumbre que hoy, en la época de los satélites, los faxes y los celulares, ellos prometen implantar, Moisés, en medio del desierto, la practicara hace más de tres mil años.

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