El Violinista Húngaro y la Vedette*s - Intelecto Hebreo

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27/09/2017
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El Violinista Húngaro y la Vedette*s

Colección y Consulta

"Andalusian Serenade"
Violín: Elías Breeskin
Piano: Theodore Saidenberg

El Violinista Húngaro y la Vedette.
Casi una novela.


Por: José Galicot (Tijuana)

Un violín gitano irrumpe en la noche silenciando misteriosamente el bullicio de los jóvenes jacarandosos que deambulan en busca de farra, el violín a veces romántico, lento, como soltando y estirando notas, de pronto se vuelve frenético ensartando sonidos en un ritmo enloquecedor.

Elías Breezkin toca con pasión mientras el mundo desaparece a su alrededor pues en su mente surgen los recuerdos de la llegada de los Nazis a Budapest, a la escuela de música donde estudiaba y de donde lo arrancaron para lanzarlo a un tren que lo llevó a un campo de concentración. En el campo de concentración por suerte había un general alemán que amaba la música clásica y que organizó una orquesta con los judíos presos ahí, a los que obligaba a dar conciertos cada dos semanas a cambio de un par de panes más en la magra comida y de no ser enviados a los hornos crematorios siguiendo la ruta de cientos de miles de hombres, mujeres y niños que murieron ahí.

La Orquesta de la Vida como irónicamente la llamaron los presos tocaba música de Bach, o de Mozart, tratando de evitar poner temas de Wagner que era el músico favorito de los Nazis.

Para el joven Elías la música clásica no era suficiente él necesitaba tocar melodías húngaras como las "czardas", y las preciosas Rapsodias de List, así que entre concierto y concierto se escabullía mentalmente del campo tañendo sones de su patria con la rabia, gracia y fuerza de los gitanos.

Todo esto recordaba el violinista mientras deleitaba a los transeúntes de la Avenida Revolución (de la ciudad de Tijuana) quienes lo rodeaban embelesados con su arte, e inevitablemente reparaban en una chiquilla flaca, alta de ojos grandes, negros, muy bellos, que acompañaba inevitablemente al músico: Su hija Olguita, quien había perdido a su madre en el momento de nacer, que permanecía siempre al lado de su padre y que también amaba el tocar el violín.

Un mal día, Elías que no tenía recursos dio un cheque sin fondos al hotel donde se hospedaba, pues esperaba recibir dinero de un contrato que tenía para tocar en una boda, pero los novios se pelearon, no hubo fiesta ni matrimonio, Elías no recibió los recursos esperados, el cheque botó, los dueños del hotel lo acusaron ante las autoridades a pesar de sus suplicas: Elías fue a dar a la cárcel, y más tarde a las Islas Marías, donde estuvo preso un par de años, hasta que obtuvo su libertad y se fue a vivir a la Ciudad de México donde se reencontró con Olga que había permanecido esos años en casa de unos amigos de su padre que generosamente le dieron refugio.

Esos mismos amigos húngaros juntaron dinero y ayudaron a Elías a instalar un restaurante cerca de la Avenida Reforma, justo atrás del cine Chapultepec, al que nombro "Czardas" y donde cada noche (durante muchos años), deleitaba a la concurrencia con las maravillosas melodías que arrancaba al violín, lo que hizo del lugar un éxito extraordinario convirtiéndose en el lugar más popular de los "riquillos" de la capital, que se deleitaban con el platillo nacional de Hungría el delicioso "Goulash".

Elías murió y Olguita se convirtió en una bella mujer quien entró al vaudeville y a la farándula como vedette pues bailaba, cantaba y (lógicamente) tocaba el violín con ropa muy sexy. Mucha gente pensaba que era un truco lo del violín y que alguien tocaba entre las bambalinas pues no podían creer que Olga tocara tan bien. La hermosa mujer logró triunfar en un medio muy difícil, haciendo espectáculos de éxito, apareciendo en una multitud de programas en la televisión y convirtiéndose eventualmente en una estrella conocida en el ámbito internacional.

Después de años de andar metida en los espectáculos, y de convertir a su violín en su "trade mark" (su símbolo de reconocimiento) poco a poco dejó las tablas y empezó a dar conferencias donde hablaba del ejercicio, la dieta y los maquillajes adecuados para la mujer. Se alejó de la Ciudad de México y se fue a conquistar California donde realizó algunos anuncios para la televisión y finalmente fue invitada a Las Vegas a hacer un espectáculo en el escenario de un casino, donde llegan muchos mexicanos a verla con el cariño y reconocimiento que dejó en México.

Así el violín húngaro, que tocara en el campo de concentración, luego en las calles de Tijuana, después en la prisión, más tarde en el Restaurante, después ante el país en mil presentaciones, hoy desde Las Vegas, evoca con sus melodías la historia increíble de un gran músico y una preciosa mujer... casi una novela de un violinista húngaro y una vedette.


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