El México de mis recuerdos - Intelecto Hebreo

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27/09/2017
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El México de mis recuerdos

Colección y Consulta

El México de mis recuerdos
(Tercera y última parte)


Por: Enrique Elías

En los años 1920's y 30's, la sociedad en México vivía bajo la tremenda in de las culturas y costumbres europeas que trajeron consigo los inmigrantes de diferentes países durante el gobierno del Gral. Porfirio Díaz, que abrió las puertas del país y otorgó preferencia a la inversión extranjera.
Conforme llegaban más inmigrantes, éstos se sumaban a las colonias étnicas en formación o ya formadas, constituyendo agrupaciones que existen hasta la fecha, conocidas como colonias, como lo es "la colonia francesa, o la colonia española", etc.

En aquel tiempo los niños obedecíamos a nuestros padres sin discusión ni con muestras de enfado; salir de nuestra casa y cami hasta la esquina era ir muy lejos, e ir al centro, (el primer cuadro de la actualidad) era un privilegio que reía preparación previa. Era todo un acontecimiento acompañar a nuestra madre al centro, y ver a los señores vestidos impecablemente de traje con chaleco, corbata y sombre Por su parte las señoras vestían elegantemente, con sus joyas y som generalmente de ala ancha.
Invariablemente nuestra primera parada era en Hnos. Sanbor, ubi en La Casa de los Azulejos, donde el gran patio techado se conía en una gran sala de té. Las señoras se reunían allí puntualmente a las 5:00 de la tar para cambiar chismes o criticar a las comensales de otras mesas; y una hora después, como movidas por una señal invisible, se retiraban. Ya habían celebrado el five o’clock tea de tradición inglesa. Al mismo tiempo los señores celebraban su café de las cinco en el salón de atrás de la chocolatería Lady Baltimore. Esta cos originó que brotaran por toda la ciudad salo de té y de café, principalmente los de Café Teka.
De allí caminábamos lo largo de la calle Fran I. Madero, atisbando en los aparadores de High Life, de la Casa Vogue, de las joyerías La Princesa y La Esmeralda, hasta llegar al zócalo, un precioso jarín con bancas y su kiosco, y haciéndole marco los majestuosos edificios de la Catedral Metropolitana, el Palacio Nacional, la Tesorería del Dis Federal y el Portal de los Mercade en cuya esquina con 16 de Septiem se encontraba el lujosísimo almacén El Centro Mercantil, con sus escaleras de mármol blanco, sus barandales de siempre reluciente bronce y su elevador panorámico como jaula de barrotes de bronce. El edificio es hoy el Hotel de México y todavía conserva el gran tra emplomado que tanta admiración ha provocado en tantas generaciones.
En el centro se encontraban toda cla de negocios, desde telas y modas has ferreterías como Casa Boker, o Casa Sommer; pastelerías como Panificadora Ideal; famosos restaurantes como Pren cines como Palacio y teatros como Principal, de triste historia, pues se queó durante una función matando a va centenares de espectadores; y ban incluyendo el Banco de México, que en ese tiempo era comercial. Lo más sor es que por doquier se veían empleados cargando bolsas de lona lle de monedas de plata (pesos) que se dirigían a los bancos sin temor a nada.

De regreso a casa, después de una deliciosa tarde de aventura en el centro, el recuerdo nos duraba días y nuestro relato de lo que vimos era motivo de conversación constante con nuestros amiguitos, especialmente si nuestra visita había sido en tiempos de Navidad, cuan se exhibían los más preciosos juguetes.


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