El Merolico - Intelecto Hebreo

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27/09/2017
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El Merolico

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El Merolico


Por: Paulina Rubio


En México se usa la palabra merolico para describir a un charlatán callejero, un embaucador o al que anuncia lo que vende, generalmente medicamentos, por medio de altavoces en mercados públicos y ferias populares,
El origen de esta palabra que es utilizada únicamente en México es muy curioso. Hay una serie de versiones acerca del personaje que propició el uso de esta expresión. Por los años 1864 y 1865 cuando estaba en su apogeo el gobierno imperial de Maximiliano de Habsburgo llegó a Veracruz un vapor mercante de bandera francesa cargado de telas, provisiones y parque destinadas a las tropas imperiales y en éste venía como pasajero un individuo de larga melena rubia, largos mostachones y espesa barba que le cubría el pecho. Dijo llamarse Dr. Rafael Meralyouck y se cree que era un judío proveniente de Polonia.
Una vez habiendo desembarcado con cuatro voluminosos baúles se alojó en la Casa de Diligencias. Al día siguiente, los asombrados jarochos vieron unos carteles a colores impresos en un taller tipográfico de Londres en que aparecía el "doctor" vestido con una larga túnica entre griega y oriental, llena de galones, borlas, bordados y caireles. En las líneas inferiores de estos carteles decía que este personaje era portador del famoso aceite de San Jacobo, elixir infalible para la curación de todas las dolencias, cólicos, malos humores, asperezas de la piel y hasta para la extirpación completa de callos. La noticia corrió rápidamente por toda la población y acudieron cientos de personas a ver a este portento que podía curar aún a los enfermos desahuciados por los médicos profesionales.



El Doctor Meralyouck apareció bajo el sol tropical de Veracruz poco después parado en un carruaje y llevando una sombrilla, de vivo color rojo en la mano derecha. A su lado había dos cajas: una llevaba los frascos que contenían el milagroso aceite de San Jacobo y en la otra había dos serpientes enroscadas que él sacaba, acariciándolas. En un español champurrado hacía los elogios de su aceite que comenzó a venderse con una rapidez pasmosa.
Alentado por ese éxito, el doctor se adentró en el país, parando en Puebla y llegando a la capital donde este vulgar charlatán logró recaudar muchísimo dinero pues el pueblo siempre ha estado ávido de encontrar la panacea universal aún a sabiendas de que ésta es una vana ilusión.
Otra versión más sencilla dice que llegó en 1879 y que usaba una combinación de yerbas y malvaviscos así como polvos innocuos para elaborar sus medicamentos pero lo que le dio enorme fama era su habilidad como sacamuelas pues lo hacía con gran eficacia y disparaba un tiro al aire al momento de extraer la muela enferma.
El paradero del Dr. Meralyouck es desconocido. Un buen día desapareció sin dejar rastro alguno.
Con la dificultad del apellido del supuesto médico, no es de extrañarse que el pueblo haya trocado su nombre por el del Dr. Merolico que ha quedado en el habla popular. Todavía hoy en día, podemos ocasionalmente oír a sujetos vendiendo casi cualquier cosa a voz en cuello ofreciendo más y mejores productos por nuestro dinero y la gente acude a su llamado. A todos estos y a muchos más, que ofrecen no únicamente algo en venta, sino también las promesas de un mejor mundo por venir, cualquiera que sea éste, se les conoce como merolicos aún actualmente en el siglo XXI.


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