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27/09/2017
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El cerebro y el Envejecimiento

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El cerebro y el Envejecimiento


Por: Danielle Wolfowitz

Notas sobre la conferencia impartida por la Dra. Fey Ostrosky de Solís (Doctor en  Neuropsicología y en Bio-Medicina, y hoy Directora del Laboratorio de Investigación de Neuropsicología de la UNAM) sobre "El cerebro y el envejecimiento " el 3 de febrero de 1999 a las 20:30 hs. en el Templo Beth-Israel de esta Ciudad, para iniciar el ciclo de intercambio científico entre el Instituto Weizman de Ciencias de Israel con la Universidad Nacional Autónoma de México.

La Doctora Ostrosky de Solís nos recordó que la longevidad humana aumentó más en el siglo XX que durante los 2,000 años anteriores de historia. Aunque la esperanza de vida varía hoy de un país a otro, de 30 años en Sierra Leone a 80 años en el Japón, su promedio se sitúa más allá de los 70 años.
Conviene, por lo tanto, prepararse para que la edad posterior a los 65 años resulte placentera y fructífera. El hecho inevitable de envejecer no debe implicar forzosamente que uno se vuelva viejo. Esto explica la paradoja aparente en la expresión "morir joven, pero lo más tarde posible".
Ciertos seres han sostenido o logrado su máxima capacidad cuando ya estaban en edad muy avanzada. Frank Lloyd Wright, por ejemplo tenía más de 90 años cuando diseñó y construyó el Museo Guggenheim de Arte Moderno en la ciudad de Nueva York.
Al envejecer, el cerebro modifica su funcionamiento. La inteligencia llamada "cristalizada" que es el acopio de conocimientos aportados por la experiencia y el razonamiento consiguiente sobre ellos, tiende a aumentar con la edad, mientras que la inteligencia llamada "líquida", que es la captación rápida de nueva información, tiende a menguar si el cerebro no se mantiene muy activo.
La memoria también es afectada por la edad. Sobre todo la memoria "rápida" que es la retención de hechos recientes, mientras que la memoria "profunda", retención de hechos que sucedieron hace tiempo no disminuye.
Al envejecer, el cerebro pierde la "plasticidad" o flexibilidad para enfocar nuevas situaciones, o sea, la red neuronal ya no se adapta tan fácilmente a nuevas circunstancias. Empero, el emprender actividades distintas de las rutinarias moviliza la red neuronal, suscitando así nuevas facultades en el cerebro. Es decir, tenemos entonces cierto poder sobre nuestro propio cerebro para impedir el deterioro generalmente asociado con la senectud.
Un descubrimiento que, de confirmarse, podría ser una revolución, se refiere a las inauditas posibilidades que podrían ofrecer las células llamada "stem cells" capaces de producir diferentes tipos de células para reponer las células muertas en ciertas áreas, y por ende las neuronas muertas y los tejidos afectados por tumores cancerosos y del cerebro. Esta última posibilidad explica las remisiones extraordinarias en casos de tumores cerebrales gracias a las células diferenciadas producidas por las "stem cells" situadas en el área del cerebro nombrada hipocampo, y que parecen acudir al llamado de las áreas afectadas y necesitadas de renovación celular.
El desarrollo cerebral de un individuo será más favorable si se le cuida desde la infancia. Entre otras funciones, la memoria se desarrollará mejor si el aprendizaje de la enseñanza habitual en la infancia, se asocia con alguna otra percepción emotiva o sensorial, que facilitará la permanencia de los datos en la memoria por mayor tiempo. Los estudios realizados a este respecto descubrieron los efectos beneficiosos de la música sobre el cerebro. Se ha comprobado, para citar solamente un ejemplo, que la música de Mozart aumenta la capacidad de memorización del cerebro de los niños así como sus facultades de aprendizaje. Se ha comprobado igualmente que los niños que reciben una enseñanza musical logran mejores resultados en sus estudios que niños de la misma edad y condición que no toman clases de música. Se ha descubierto también que el juego de ajedrez estimula, en forma parecida, la capacidad para abordar el estudio de nuevas materias o asimilar nuevas experiencias con mayor éxito.
El envejecimiento afecta también la capacidad de atención o concentración. La facultad de atención "dividida" que le permite a un niño de 10 años hacer correctamente sus tareas mientras escucha el radio, ve la televisión y habla por teléfono, se ha perdido en la gente mayor. Esta ya no tiene en general la capacidad de captar simultáneamente varios estímulos y solamente puede concentrar su atención sobre un tema y luego sobre otro.
El ejercicio, una dieta adecuada, el mantener un gran interés en ciertas actividades y, sobre todo el contacto social en un medio donde uno se siente valorado, permiten envejecer sin volverse viejo. Respecto a este último punto, las sociedades occidentales demasiado enfocadas hoy sobre el éxito económico para valorar al individuo, podría tomar lecciones interesantes con las sociedades orientales, que fundan el valor del ser humano sobre su sabiduría, experiencia, inteligencia y bondad, antes que sobre el criterio del valor monetario.

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