Eduardo Weinfeld - Intelecto Hebreo

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27/09/2017
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Eduardo Weinfeld

Colección y Consulta

Eduardo Weinfeld

Por: Jacobo Contente

En 1977, a los 69 años de edad, fallecía en México uno de los más destacados intelectuales judíos, cuya fecunda obra en castellano versó primordialmente sobre la historia y cultura de su querido y milenario pueblo. Titánica labor que fue y sigue siendo para todo el mundo judío, un auténtico orgullo literario, en particular, para todas aquellas comunidades latinoamericanas que le alentaron y ayudaron a la realización de un noble sueño en pro de una cultura superior judía.




 

A principios de 1988, siendo el que suscribe Director de la revista «Emet» de la Comunidad Sefaradí, tuve la suerte de contar con la singular colaboración de la escritora Andrea Montiel, a la que le pedí -por su cercanía a la familia Weinfeld- hiciera un artículo especial sobre la vida y obra de don Eduardo, personaje a quien siempre he admirado y que por razones del destino; sólo tuve la suerte de haberlo visto en un par de ocasiones, ya que sus tres hijos (Daniel, Clarita e Irene) estudiaban al igual que yo, en el Colegio Sefaradí que por aquel entonces se situaba en la calle de Adolfo Prieto 133.
Andrea realizó en su columna «Locos y Cuerdos» de la citada publicación, un magnífico y ameno trabajo que a vuelta de ocho años «Foro» retoma, sumando algunos datos curiosos y rasgos personales del editor, que fueron proporcionados en una reciente entrevista concedida por su esposa Regina y su hija Clarita.


Nuestro personaje nació el 20 de junio de 1908 en Lipto, Slovaquia. Como único antecedente familiar de índole intelectual, aparece un abuelo quien era Rabino. Su inquietud por los estudios lo llevaron a estudiar Ciencias Políticas en Bélgica, pero nunca llegó a titularse profesionalmente, no obstante su capacidad lingüística que lo llevó al conocimiento de doce lenguas, dominando el Español, Alemán, Francés, Inglés y Húngaro; además del Yidish, Hebreo, Italiano, Noruego, Flamenco, Holandés y Latín.
Su privilegiada memoria -fuera de serie- y amor por la lectura -a los 13 años ya había leído 500 libros- le permitía entablar entrevistas y recopilar datos sin el apoyo de apuntes o grabadora, transcribiendo estos conocimientos en tan sólo una ocasión sin errores o enmiendas. Estos privilegiados dones, amén de las múltiples amistades que realizaba en sus constantes viajes desde su juventud, harían de Weinfeld un intelectual por naturaleza, versado en temáticas universales y un verdadero experto en temas judaicos y antisemitismo.
A los 18 años (1926) llega a Venezuela, donde adquiere una nueva ciudadanía y vive aproximadamente diez años, cambiando esporádicamente -por razones de trabajo- su residencia a Cuba (1 año) y Colombia (2 años). Al principio su trabajo consistió en atender el negocio de su padre que consistía en la venta de instrumental médico que se importaba de Europa, pero al mismo tiempo daba los primeros pasos como escritor, colaborando con artículos para varias revistas, casi siempre bajo los seudónimos «Campos» o «Viñeda».
Entre sus primeros libros encontramos:
«Influencias del judaismo», publicado en la ciudad de Bogotá con prefacio de Guillermo Valencia, uno de los más destacados poetas y ensayista de América Latina. Más tarde en 1933, arriba a México como visitante interesado en conocer los problemas de antisemitismo que existían en la región por aquella época.


Fue hasta 1938 cuando regresa a México país donde se establece definitivamente y conoce a Regina Bassat Penhas, compañera ideal de toda su vida, con quien se casa al siguiente año. En 1939 estalla la Segunda Guerra Mundial, acontecimiento que cambia su modus vivendi, dedicándose al negocio de venta de artesanías, convirtiéndose en uno de los primeros exportadores en México de artículos de plata.
Lo que no cambió, sino por el contrario se acrecentó, fue su inquietud y producción literaria. Aparece el libro «Cristianos y Nazis en Sudamérica» y llega a fundar -junto con León Weiner- la revista «Pasado y Futuro», primer intento de revista judía pagada en México, que duró tan sólo tres números debido a que la comunidad desde aquel entonces, difícilmente se acostumbraba a pagar su propia prensa.
Al conocer a Isaac Babani, éste le propone la idea de hacer una enciclopedia basada en los tres tomos, de una que estaba escrita en yidish. Weinfeld la revisó calificándola de anticuada, por lo que decidió sentarse a escribir una nueva; labor que duró siete años, para documentarse en enciclopedias anteriores más completas como: «Jewish Enciclopedia» (12 tomos 1901-1905); «Univer Jewish Enciclopedia» (1939-1943) y otras de menor extensión.

Lo notable de este escritor -independiente a su extraordinaria tenacidad -fue la recopilación y ordenamiento de datos a base de un cúmulo de correspondencia que recibía de todas partes del mundo, principalmente de Latinoamérica, algo que enriqueció el conocimiento popular judaico de la región y que otras enciclopedias, por regla general, casi no trataban. Algo que también sorprende, es el hecho de que sus escritos los pasaba a máquina usando tan sólo dos dedos para escribir, forma de trabajo que le acarreó en ocasiones serios malestares en ambas manos.
El binomio Weinfeld-Babani dio resultado por varios años a través de la «Editorial Enciclopedia Judaica Castellana», el primero como autor, y editor y el segundo como comercializador de las obras, llegando a producirse en nuestro idioma las siguientes obras: Los diez tomos de la Enciclopedia, más un onceavo de actualización que lleva en el lomo el nombre de «Judaísmo Contemporáneo», que se refiere principalmente a la creación del Estado de Israel; «Elef Milim (Mil palabras); «Buen Viaje»; «La Religión de Israel»; «Cuentos, Parábolas y Aforismos del Talmud»; «Hagadá de Pesaj» y «Cantar de los Cantares»; «Cuentos de la Biblia»; «El mundo del joven judío (3 tomos)»; «Los Macabeos»; «Tesoros del judaísmo» y otros que sería largo enumerar.
A Eduardo Weinfeld se le atribuyen más de 33 libros, además fue colaborador -junto con Gutierre Tibón- de la «Enciclopedia de México (10 tomos)», por todo ello y con justa razón, la Enciclopedia Judaica de Israel de Mc.Millan Co., le otorga en sus páginas el crédito de enciclopedista. Pensamos que si es difícil en los tiempos actuales -en donde existen infinidad de adelantos técnicos- llegar a producir el cincuenta por ciento de lo que produjo Weinfeld, el que lo haya podido realizar en las décadas de los 40's a los 60's, bien puede considerarse como un fenómeno titánico fuera de serie, que despierta el interés de conocer más de cerca al hombre y su entorno.

Al parecer desde su infancia el concepto de responsabilidad era fuerte, tal vez por ser el único hijo varón, y aunque no llegó a obtener un grado académico, nos relata su esposa, que ayudó a muchos futuros profesionistas en sus trabajos de investigación y hechura de tesis, caracterizándose por una gran generosidad que abarcaba incluso lo material, aunque nunca le sobró el dinero, pues trabajaba de acuerdo a lo que necesitaba él y su familia.

No obstante la facilidad de hacer amista en todos los lugares que visitaba, confesaba que no le gustaba vender sus libros y tampoco buscaba le hicieran homenajes, por lo que algunos de sus contemporáneos lo tachaban de altanero. Su hábito a la lectura y un curso de lectura rápida, le permitió leer hasta ocho libros por semana; tenía facilidad para el dibujo y era un buen fotógrafo, mas sin embargo, no obstante haber toma un curso para hablar en público, nunca podía concentrarse para realizar alguna disertación frente a un auditorio numeroso, saliéndose generalmente del tema por la tangente, por lo que contaba algún chiste y terminaba su intervención.
Sus dotes de estratega se hicieron notar en la planeación financiera de la edición del primer volumen de la citada enciclopedia, pues aunque él y Babani aportaron a partes iguales 10,000 pesos, resultaban insuficientes, por lo que pensó en suscripciones por volumen editado. Sus hábitos de trabajo también fueron reorganizados y por mucho tiempo se levantaba a las siete de la maña trabajaba en su negocio de artesanías hasta las 3 p.m., convivía con su familia y amistades hasta las 8 p.m. (hora en que puntualmente se dormía), para volverse a levantar a las dos de la madrugada y trabajar en sus escritos hasta las 4 ó 5 de la mañana; horas en que se volvía a acostar; horario nada común, que reafirma el gran anhelo de cumplir con sus metas.
Hombre de carácter sencillo, tranquilo y que gozaba de un buen sentido del humor, tuvo además la cualidad de involucrar e interesar a toda su familia en su apasionada y fecunda carrera como editor, llegando a obtener de ellos una ayuda incondicional y comprensión ante su eterno reto, de dar la suficiente grandeza y difusión en el idioma castellano a la historia y cultura de su pueblo.
La revista «Foro» a través de este pequeño homenaje, desea retribuir en parte, las innumerables consultas que a través del tiempo hemos efectuado en sus bien cuidados y documentados libros; luces que siempre estarán presentes para iluminar con su conocimiento, a cualquier persona investigador o institución, no importando el tiempo que transcurra.

Al gran escritor... ¡Nuestro eterno agradecimiento!

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