Edouard Herriot - Intelecto Hebreo

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27/09/2017
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Edouard Herriot

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Edouard Herriot
(1872-1957)


Por: Albert Djemal

Aquí en México los llaman dinosaurios y los mandan a sus casas a freír espárra En Europa, y especialmente en Fran a los grandes y viejos políticos se los respeta y los veneran como grandes héroes, y en las gran crisis y en los momentos difíciles, se los con y el país recurre a su experiencia, a su inte y talento.

Uno de estos grandes políticos franceses fue sin duda Edouard Herriot. En 1905 entró a la política y fue elegido por primera vez por el Par Radical Socialista, al cargo de alcalde de la ciudad de Lyon, cargo que ocupó durante casi medio Siglo por su talento y su entrega.

Diputado en 1919, fue encargado en 1924 de formar un gobierno por primera vez, ya que fue Primer Ministro otras dos veces, en 1926 y en 1932. Su obra de gobierno fue muy importan pues reconoció a la URSS, mandó a la Socie de Naciones su Plan de desarme y apoyó al Frente Popular de León Blum.

Cuando los alemanes ocuparon Francia en 1940, Edouard Herriot se opuso al régimen de Vichy y los alemanes lo detuvieron y lo manda preso a Alemania. Al terminar la segunda guerra mundial fue elegido miembro de la Asam Nacional que presidió durante siete años.

Pedí cita para una entrevista, pero sinceramente no era tanto la entrevista lo que me interesaba, como el honor de conocer a un político de leyenda.

Su secretario me dio la cita para el 17 de Mayo, día glorioso para mi, por ser día de mi cumpleaños. Y para este día tenía yo grandes planes, como pueden ser los planes de un joven soltero en París. Pero como el trabajo era siempre primero para mi, me dirigí a la Asamblea Nacional. Pero no sé si fue por mi buena o por su mala suerte, su secretario me informó que la cita estaba cancelada por la enfermedad de monsieur Herriot.

Al día siguiente me dirigí a la casa del viejo políti pero nuevamente el valet que me abrió la puerta, me informó que no recibía visitas.

Le rogué al valet transmitir al Sr. Herriot mis res y mi gran deseo de poder estrechar su mano por unos segundos. El valet se introdujo en la casa y a los pocos minutos me franqueó la puerta para introducir a un salón lujosamente amueblado. El señor Herriot sentado en un sofá inmenso, se veía enfermo y muy débil. Pero al dirigirme a él para saludarlo, en su cara se dibujó una sonrisa y me dijo de buen humor aunque con voz muy débil:

-Sinceramente no me imaginaba a un periodista tan joven como tú entrevistando a un viejo político como yo. ¿Acaso aceptarías cambiar conmigo mi puesto de Presidente de la Asamblea Na de Francia, contra diez años de tu juventud?
Yo  también me reí: "No Sr. Presidente, porque hace años leí la historia de Fausto y decidí jamás vender mi alma..."
Ahora su sonrisa fue más franca: "Muy bien dicho hijo, muy bien dicho".

-Hubiera querido, Sr. Presidente, oír algo de sus recuerdos de las batallas políticas memorables que tuvo usted, en 1924, con el Presidente Reymond Poincaré.

-También a mi me hubiera dado gusto contarlos a un joven reportero que no había nacido todavía en aquellos tiempos. Pero mejor será para otra ocasión.

Platicamos unos minutos más. Se veía débil y muy cansado y no quise molestarlo más. Me despedí del Presidente Edouard Herriot, no sin antes pedirle autografiarme su libro, cosa que hizo con mucha dificultad. Le desee un pronto restablecimiento y le pedí una nueva cita.


Me tendió su tarjeta de visitas y con su voz débil y su cara triste me dijo: "Con esta tarjeta no necesitas ninguna cita. Puedes pasar a verme cuando quieras..."
Nunca volví a verlo porque a los pocos meses, su estado de salud se agravó, renunció a la Presidencia de la Asamblea Nacional y anunció su retiro definitivo de la política.


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