Edmond Safra - Intelecto Hebreo

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27/09/2017
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Edmond Safra

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Edmond Safra


Doctorado Honoris Causa a un Judío Universal: Gran Banquero, Gran Filántropo,
Gran Hombre


Por: Albert Djemal

Fue a finales de la década de los cuarenta cuando tuve el primer contacto con la familia Safra. Estudiaba en la Sorbona de París y al mismo tiempo trabajaba en el periodismo francés cuando tuve la necesidad, por mis estudios y mi trabajo, de adquirir un automóvil. Pero en aquellos años de posguerra, tiempos de restricciones, de privaciones y de control de cambios, los coches se vendían únicamente en dólares. Los franceses y los residentes extranjeros, no tenían derecho a poseer dólares.
Escribí a mi padre, que vivía en Beirut, Líbano, para que mandara los dólares necesarios para la compra del coche. Pero a mi papá se le hizo más fácil, en lugar de remitirme un giro bancario, mandarme por correo un paquete con cinco mil dólares en cheques de viajero de American Express. Sobra decir que el paquete nunca llegó.
Mi padre hizo las reclamaciones pertinentes a American Express, quien contestó inmediatamente que lamentan la pérdida del dinero, que los cheques están asegurados, pero, que no pueden rembolsar su importe antes de 5 años.

Era un largo período de espera y mi papá se dirigió de inmediato a ver a su amigo Jacob E. Safra, dueño y director de Banca Safra, para pedirle consejo. El Sr. Safra, al oír la historia de los cheques perdidos y ver la angustia de mi padre, se atacó de risa y le contestó:
- No te preocupes hermano, yo tengo muchos miles de dólares depositados en los bancos de Estados Unidos. Yo le mandaré inmediatamente un giro a tu hijo por los 5 mil dólares, pero por favor hazme una carta-poder para que pueda yo cobrar este dinero dentro de 5 años...
-Así era el Sr. Jacob Safra: bueno, generoso y grande. Y como dicen los franceses: NOBLESSE OBLIGUE. Gracias a su gesto generoso, tuve oportunamente mi primer carro en París...
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Como mencioné antes, vivía yo en París con un pequeño grupo de amigos oriundos de Alepo, Damasco y Beirut, se dedicaban, unos a estudiar, otros a trabajar en la exportación e importación de mercancías varias, y el tercer grupo metido en el mercado negro de divisas que en aquellos tiempos era muy floreciente y dejaba mucho dinero.
Nos juntábamos casi a diario al medio día en el «Café de la Paix» para tomar un aperitivo y admirar a las hermosas parisinas deambulando en este hermoso barrio de la Opera, para luego dirigirnos a comer en el «Cercle Haussmann», famoso Club que tenía uno de los mejores restaurantes de París, además por ser un lugar de juegos de azar. Sus precios eran de lo más accesibles.
Un día, estando en el Café, vimos llegar a uno de los amigos acompañado de un joven de menos de 20 años.
Les presento a Edmond Safra, dijo el recién llegado.
El joven Safra, guapo, parlanchín y muy simpático se integró de inmediato al grupo y diariamente nos acompañaba a la hora del aperitivo y luego a comer en el «Cercle Haussmann».
Me acuerdo de un detalle muy significativo: mientras los amigos bromeaban y platicaban de sus aventuras y sus conquistas (reales o imaginarias de las guapas parisinas), Edmond Safra no hablaba más que de economía y finanzas, de la alza del precio del oro o la baja del franco francés con respecto al dólar...
Desde muy joven asi era su vida... y un día, a la hora de la comida, nos sorprendió invitándonos a todos a comer el día siguiente en «su casa»...
Había alquilado la mansión -o el palacete- de una Condesa o una Duquesa (no me acuerdo bien), en el barrio más elegante de París. La mansión tenía un montón de recámaras, grandes. Salones amueblados con finos muebles Luis XIV, la renta incluía al personal doméstico: tres recamareras, un «Valet de chambre» un «Chef cocinero» y sus dos ayudantes., y todo ésto para prepararle su desayuno, lavarle y planchar una camisa diaria e invitarnos a comer y jugar unos partidos de bagamon... Desde joven así era Edmond Safra: pensaba en grande, actuaba en grande y era grande...
Pasó unos meses en esta rutina. Desaparecía unos días viajando a Zurich, a Milán, a Londres; contactando grandes banqueros y estudiando los mercados y los Centros financieros, hasta que un día a principios de 1952, vino a despedirse de nosotros en su viaje a Sao Paulo, Brasil.
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Edmond Safra nació en Beirut, Líbano, en 1932 y desde muy joven tuvo la mejor escuela en las finanzas y la banca, ya que su padre, Jacob E. Safra, originario de Alepo, Siria, se estableció en Beirut, donde fundó uno de los Bancos privados más serios del país.
Por fin, en 1956 y a la edad de 24 años y muy confiado en si mismo y en su habilidad y sus conocimientos, Edmond regresó a Europa para establecerse en Ginebra, Suiza y de allí empezar su gran aventura que lo llevó a la cima del éxito.
En Ginebra fundó su primer Banco, el Trade Development Bank, precursor de su imperio que conocemos bajo el nombre de «Republic National Bank of New York», con sucursales en casi todas partes del mundo y que la revista «Business Week» lo calificó como «el imperio financiero de 50 mil millones de dólares».
Este es el hombre que acaba de recibir el Doctorado Honoris Causa por la Universidad Hebrea de Jerusalem. Además Israel había homenajeado a la gran familia con «Kikar Safra», hermosa plaza ubicada en el corazón de Jerusalem, frente a la nueva Municipalidad de la capital Israelí.
Pero estoy seguro que Edmond Safra no recibió estos homenajes por su riqueza o sus millones de dólares. Fue en reconocimiento por su inmensa obra filantrópica, cultural y educativa, no solamente en Israel y Estados Unidos, sino en muchas partes del mundo.
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Edmond Safra es miembro del Comité Internacional del Consejo Directivo de la Universidad de Harvard, donde estableció la Cátedra Robert Kennedy de Nueva York y otra cátedra en el Instituto Warton de la Universidad de Pensylvania, para Estudios de Banca Internacional.
Pero su obra maestra en este aspecto es la «FUNDACION INTERNACIONAL DE ESTUDIOS SEFARADITAS», institución que otorgó hasta la fecha más de 10 mil becas a estudiantes de todas partes del mundo, para el estudio de la Herencia Judía.
Junto a estas obras culturales y educativas, no hay que olvidar su gran obra religiosa, que consiste en Sinagogas Safra diseminadas en muchas ciudades del mundo, muchos centros para que los niños estudien la Torá y en especial la restauración, en Tiberíades, de la tumba sagrada de Rabí Meir Baal Haness, lugar de peregrinaje de los judíos que visitan Israel.
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Esta es la obra de un gigante de las finanzas, que hizo del dinero, no como un fin, sino como un medio para hacer el bien para toda la humanidad.
Este es el hombre que conocí y conviví con él en mi lejana juventud y que no volví a ver desde entonces.
Como deseo encontrarlo de nuevo, aunque sea por unos segundos, le diré únicamente estas palabras:
¡Señor, le felicito, y no por la manera de como ganó usted su dinero, sino por la manera de como está usted gastando ese dinero!..

Honor a quien honor merece.


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