Doña Gracia Mendes - Intelecto Hebreo

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27/09/2017
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Doña Gracia Mendes

Colección y Consulta

Doña Gracia Mendes

Por: Manuel Levinsky

En la antigua Granada de Andalucía, España, en el palacio La Alhambra, fragante todavía con los perfumes de los jardines de sus antiguos dueños moros, los soberanos católicos Isabel y Fernando firmaron el 31 de marzo de 1492, el despiadado Edicto de Expulsión de los judíos de España. Todos los caminos que llevaban a la costa o a las fronteras, estaban atestadas de refugiados. Cuando divisaban el mar, que señalaba el límite de su amada España y el comienzo de la angustia del destierro, podía verse a las víctimas estallar en llanto y clamar al Altísimo para que los favoreciera también a ellos con un milagro como lo había hecho con sus antepasados en la época del éxodo de Egipto. Aquí, las aguas permanecieron sin abrirse. Los que llegaban a Sevilla vieron en el puerto de Palos tres carabelas. Era la minúscula flota del judío sefardita Cristóbal Colón en vísperas del más trascendental viaje marítimo de la historia.

Lo que perdió España al expulsar a los judíos lo reflejó la historia de su decadencia política y económica en el siglo XVI. Entre tanto Italia, Francia, África, Holanda y Turquía comienzan a florecer al absorber esos elementos valiosos. Su arribo a estos países coincidió con el derrumbe medioeval basada en el trueque de productos y el comienzo de la época moderna con su nueva economía y sus transacciones en dinero.

La rica cultura del Renacimiento abarca lo más granado de la sociedad y se desarrolla sobre la base de la nueva economía incipiente. El judío sefardí del Renacimiento es hombre de miras amplias, liberal y emprendedor.


La figura de Gracia Mendes se destaca de ese fondo renacentista como judía sobresaliente. El papel de la mujer judía en la historia había sido esencialmente doméstico. Gracia Mendes es una de las escasas excepciones, una de las mujeres más extraordinarias de todos los tiempos.

El siglo XVI fue la edad de las mujeres famosas, Isabel María y María de Escocia en Gran Bretaña; Lucrecia Borgia, Isabel del Este, Catalina de Médicis en Francia; y tantas otras. Es interesante el hecho de que doña Gracia pertenecía a la misma época, pero hay una diferencia digna de observarse: las otras mujeres que alcanzaron eminencia en la historia europea en esa época, en muchos casos fueron discutibles, en cambio la heroína judía fue intachable.

Doña Gracia nació en Portugal en 1510, de padres marranos que emigraron de España y que practicaban fervorosamente su judaísmo en sótanos y cavernas. En su bautismo recibió el nombre de Beatriz de Luna. Se casó a los 18 años con su primo Francisco Mandes Nazi, propietario de una firma bancaria de Lisboa.

Después de unos cortos años de dicha, su esposo murió y la dejó viuda en el año 1536 cuando tenía únicamente 26 años. Doña Gracia tomó sobre sí el manejo de la firma bancaria "Casa Mendes", para así salvar la fortuna de su única hija llamada Reina y la de su cuñado y socio Diego, esposo de su hermana menor Brianda, a quien había enviado a abrir una sucursal en Amberes y quien se volvió una figura prominente en la vida comercial de aquella ciudad.

No pasó mucho tiempo y Gracia tuvo oportunidad de probar su valor. El emperador Carlos V para financiar sus guerras, consideró la muerte de Diego Mendes, ocurrida en 1543, como una oportunidad excelente para apoderarse de los bienes de los Mendes. Nada más fácil que acusar al difunto Diego de haber practicado el judaísmo en secreto y así tener la oportunidad para confiscar la fortuna entera de los Mendes, una de las más grandes de Europa. Con gran habilidad diplomática, Gracia persuadió al poderoso emperador de aceptar un "gran empréstito voluntario" de la Casa Mendes a cambio de anular la acusación. Carlos V aceptó el préstamo y por extraño que parezca lo pagó después de dos años. Tan pronto el dinero fue devuelto, Gracia y su familia se embarcaron para Venecia. Al enterarse Carlos V de la huida y furioso por haber perdido a uno de sus contribuyentes famosos, expidió la orden de incautar los bienes de la Casa Mendes, pero doña Gracia, logró eliminar el peligro concertando un empréstito considerable con otras firmas bancarias y gratificando a funcionarios para que pudiera rescatar una gran parte de su capital.

En Venecia su hermana menor Madonna Brianda, viuda de Diego Mendes, egoísta, voluble e irresponsable, celosa de la autoridad de su hermana mayor Gracia, la denunció ante los tribunales como judaizante, afirmando que había venido a Venecia únicamente para poner en orden sus asuntos, después de lo cual se proponía trasladarse a Turquía con todos sus bienes, lo que significaba una pérdida manifiesta tanto para la República como para la ortodoxia cristiana. Esta acusación despertó la codicia del gobierno veneciano. Deploraban que una de las mayores fortunas de la época se transfiriera al país enemigo del cristianismo. Gracia Mendes y su familia fueron encarceladas. Su joven sobrino político y colaborador, José Nasi, conocido como el Duque de Naxos, viaja a Constantinopla y logra ganar el interés del Sultán Bajazet II por doña Gracia, su familia y su fortuna. El Sultán manda un enviado especial a Venecia para la liberación inmediata de las presas. Llega demasiado tarde. Gracia se había escapado (no se sabe cómo lo logró) a Ferrara, Italia. Allí vive durante varios años en armonía con la hermana Brianda, con la cual se reconcilió. En Ferrara gozó de la libertad de profesar la fe de sus padres. Desde entonces pudo actuar abiertamente en pro de su pueblo perseguido. Fue patrocinadora de literatos y gracias a su ayuda aparecieron varias obras judaicas, entre ellas, una reimpresión de la Biblia traducida al español, la llamada Biblia de Ferrara. Su actividad más importante fue sin embargo la organización de la ayuda a los refugiados. Los agentes de Casa Mendes formaron una verdadera red de hombres de confianza que facilitó la huida de numerosos criptojudíos de la península Ibérica.

En 1553, Gracia Mendes se trasladó a Constantinopla gracias a la intervención del Sultán quien mandó un ultimátum al Papa Pablo IV exigiendo que doña Gracia, su familia y su fortuna fueran trasladadas a Turquía. Amenazó con represalias a los católicos de su país. Allí, nuestra heroína continuó sus obras de caridad y de ayuda a sus correligionarios. Su nombre ya no era Gracia sino Jana. Fundó escuelas, sinagogas no sólo en la capital de Turquía, sino en Salónica, Tiberíades y otras ciudades. Su hija Reina se casó con su sobrino el Duque de Naxos.

Su acto más memorable fue haber iniciado un boicot del puerto papal de Ancona después de que el fanático Papa Pablo IV, autor del sistema del ghetto de Italia y de numerosas medidas infames contra los judíos, causó la destrucción de la comunidad de criptojudíos de Ancona y envió a 24 de ellos a la horca. El boicot inspirado por la Señora Mendes fue primer intento de acción política directa contra los perseguidores del judaísmo en muchos siglos.

La muerte de doña Gracia Mendes acaecida en Constantinopla en 1569 fue recibida en todo el mundo judío con un sentimiento del más profundo pesar. Sadia Lungo, uno de los grandes poetas de Salónica, escribió una elegía, la única de todas sus obras que dedicó a una mujer:

"De todo lo que más preciábamos estamos despojados, a través de las tierras de tu dispersión, Ariel; Y cada metrópoli de Israel llora por el destino de los que quedaron angustiados. Desapareció el resplandor. Mi duelo es amargo y quebrado está mi corazón”.

Su ejemplo no murió. Los que leyeron las obras que le fueron dedicadas no pudieron menos que impresionarse por su personalidad. Además, en su gran palacio que dominaba el Bósforo, su ejemplo fue seguido largo tiempo por su hija doña Reina y su yerno Duque de Naxos, cuya carrera sobrepujó a la suya en lo novelesco, aunque no en nobleza.

A propósito del auge que los judíos impulsaron en Turquía, existe el recuerdo de una frase que Sultán dirigió a Fernando, el rey católico de España que dice: "¿Cómo puede usted llamarse sabio, si ha empobrecido sus dominios para enriquecer los míos?



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