Don Isaac Abravanel - Intelecto Hebreo

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27/09/2017
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Don Isaac Abravanel

Colección y Consulta
Don Isaac Abravanel
 
Por: Manuel Levinsky
 
Fue un hombre de talla gigantesca, de esos de los cuales se dice que su molde se rompe después de ser hechos. Incursionó con docta experiencia y gran sabiduría en los campos de las finanzas, de la economía en general, de la filosofía y de la literatura. Fue don Isaac Abravanel, un judío de recia personalidad, de entrañable lealtad a su pueblo y a su religión, probada mil veces en las tempestades que surgieron a su alrededor en una vida plena de frutos y de ejemplos para toda la posteridad.

Este ilustre judío nació en 1437 en Lisboa, Portugal, habiendo recibido una esmerada educación en materia científica y religiosa. Sus primeros años transcurrieron en una apacible tranquilidad, disfrutando de los beneficios del saber y de la fortuna heredada por sus padres. Gracias a su inteligencia y a los profundos conocimientos que tenía de los problemas económicos, el Rey Alfonso V de Portugal lo llamó para confiarle la dirección de sus finanzas y nombrarlo su consejero principal en todas las cuestiones de importancia relativas a su gran capacidad de asesoramiento.

Fue así como Abravanel se convirtió en hombre clave del reino y poderoso en todos sentidos. Desde su alta posición comenzó a ayudar a sus hermanos judíos residentes en Portugal, destacándose por su exquisita sensibilidad humana y su generosidad.

A la muerte de Alfonso V, subió al trono su hijo Joao II, que fue el reverso de su padre. Era un rey desconfiado, perverso y sanguinario, que odiaba a los judíos, a los príncipes y a los amigos de su padre persiguiéndolos y sospechando traición en todas partes. Don Isaac, naturalmente se negó a secundar sus planes persecutorios y criminales lo que provocó la cólera de este mal gobernante, quien lo llamó a su presencia. En el camino hacia el palacio fue abordado por uno de sus muchos admiradores, quien le recomendó no caer en la trampa que se le estaba tendiendo y huyera cuanto antes. Después de reflexionar un momento, Abravanel tomó la dolorosa decisión de abandonar el país dejando todos sus bienes, los cuales fueron de inmediato incautados.

Así fue como llegó a Castilla, donde se dedicó al estudio de la Sagrada Escritura y empezó a brillar su genio literario. Al enterarse el rey Fernando de Castilla y Aragón de la presencia de tan distinguido y valioso personaje, lo llamó a su servicio colmándolo de fortuna y honores. Otra vez Abravanel estaba en la cumbre como uno de los grandes del reino, experto en economía y finanzas.

En 1492 en el mismo año del descubrimiento de América, el rey de España conquistó la gran ciudad de Granada, uniendo a todos los reinos bajo su cetro. Tan inmenso poder originó un cambio en los reyes Fernando e Isabel que cayeron bajo la influencia de Torquemada, en la tiranía y el despotismo, expidiendo entre otros, un cruel decreto que obligaba a los residentes judíos a abdicar de su religión y adoptar la católica bajo pena de expulsión de España.

De nada valieron las súplicas de Abravanel y otros nobles del reino para que dejara sin efecto tan absurda orden. Cuentan los cronistas que cuando se conoció la terrible nueva, los judíos lloraron amargamente sobre las tumbas de sus antepasados y el suelo de España bebió lágrimas de despedida de sus hijos. Fueron 300 mil los que salieron al exilio y entre ellos nuestro personaje. Algunos tuvieron que volver desgraciadamente al reino de Portugal, otros se dirigieron a tierras de Navarra y algunos más hasta donde el viento los llevara. Muchos perecieron ahogados o tuvieron horrible muerte en incendios de barcos y varios fueron vendidos como esclavos. En medio de esta tragedia, Abravanel arribó a la ciudad de Nápoles donde nuevamente reemprendió su obra literaria.

Al igual como sucedió en Portugal y España, se ganó la simpatía del rey de Nápoles que pronto le confió elevadas funciones. Después de la ocupación francesa de este reino, acompañó con gran lealtad al soberano en su huida a Venecia. A pesar de este último contratiempo, vuelve a resurgir en la vida pública como diplomático representante de la república veneciana. Parte de su tiempo lo dedica ahora a sus estudios judaicos y a la elaboración de comentarios bíblicos y filosóficos.

Nuestro personaje logró reunir las cualidades excepcionales en terrenos aparentemente disímbolos y difíciles, y después de una vida plena de contrastes, falleció en 1509 en esta singular ciudad de Venecia dejando un caudal de conocimientos filosóficos y literarios y un ejemplo de convicción religiosa por cuyo ideal judaico no titubeó en sacrificar posiciones encumbradas y fortunas hechas a base de inteligencia y tenacidad. Abravanel fue enterrado en Padua, pero ni aún en la muerte encontró descanso. Unos años más tarde las tumbas de ese panteón fueron profanadas.

Isaac Abravanel supo dar a sus hermanos perseguidos, nuevas fuerzas y esperanza a través de su innumerable obra literaria e insistiendo en el pronto advenimiento de la era mesiánica: Su poder lo utilizó siempre en beneficio de sus semejantes. En la historia judía ha dejado una huella profunda y luminosa, legándonos el tesoro de una literatura que ha enriquecido nuestras letras.

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