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27/09/2017
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De periodismo, sobre presiones e hipocresías

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De periodismo, sobre presiones e hipocresías


Por: Bill Landau

He de reiterar -aunque no se ha escrito hasta la fecha, por lo menos en esta publicación- lo que para mi significa el ser periodista. Este calificativo lo tiene aquel profesional o amateur, que por medio de la palabra escrita o medios electrónicos investiga, aclara, difunde noticias, temas de actualidad o históricos, con el fin de apegarse a la verdad y a la justicia. El periodismo -hablo del practicado en las democracias- es llamado el cuarto poder, pues sirve de testigo ecualizador de la verdad, que tiene que hacerse pública por el bien de la mayoría de los ciudadanos.

Lo anterior viene a colación y en respuesta a aquellos, que con todo el derecho -también periodístico- se refirieron a mi último artículo sobre las filantropías de nuestro medio. El apego a la verdad, siempre con fuentes lo más fidedignas posibles, sanean el ambiente y en general, lubrican las ruedas de la democracia. Si mi último artículo tiene contestación, aclarará las interrogantes que se plantearon para el bien judío y sionista.

¿Se imaginan a Richard Nixon impidiendo o suprimiendo la investigación de Watergate en el Washington Post porque "afectaría a la Democracia"?

Hipocresías
Agosto, 2001 "El Tampa en el vacío".
Así se difunde la noticia, cuando el Derecho Internacional obliga a un barco a socorrer a otro en peligro. Con esta obligación cumplió el buque de carga noruego al rescatar a 438 personas a la deriva en un buque de madera frente a la costa indonesia. Ahora ningún país se quiere hacer cargo de esos desgraciados. Tanto Australia como Indonesia se niegan a dar asilo a estos "ilegales", argumentando que sus leyes prohíben la entrada de inmigrantes ilegales. Mientras tanto en el "Tampa" hay enfermedad, muerte y desolación. Nadie quiere a los malditos del Tampa.

Mayo 1939 "La travesía de los condenados en el St. Louis".
El St. Louis, barco perteneciente a la compañía Hamburg-Amerika Line partió de Hamburgo hacia Cuba el trece de mayo de 1939. Venían 936 pasajeros, de los cuales 930 eran judíos con certificados de entrada a la Habana. Aunque estos permisos tenían legalmente que ser gratis, fueron vendidos a $160.00 dólares cada uno por el Director General de Inmigración cubano Manuel Benítez González.
Esta acción, más una combinación de celos de la burocracia hacia González, antisemitismo e inclinaciones pro-fascistas del gobierno cubano, llevaron el 5 de mayo de 1938 a que las autoridades anularan los certificados de desembarco. Cuando el St. Louis llegó a La Habana el 27 de mayo de 1939, se les negó la entrada a los pasajeros.
El Presidente cubano en esos momentos Federico Laredo Bru se, enfrentó a las protestas de la Hamburg-Amerika Line y a la American Jewish Joint Distribution Committe ordenando que el barco abandone La Habana, lo que sucedió el 2 de junio.
El Capitán del barco Gustav Schroeder, navegó el barco entre las costas de Florida y Cuba mientras se llevaban a cabo las negociaciones. Estados Unidos se negó a recibir a los refugiados. El barco partió de regreso a Europa.
Inglaterra recibió 287 refugiados, Bélgica214, Francia 224, así como Holanda l81. La mayoría de refugiados que fueron aceptados en los países de la Europa Continental, fueron más tarde víctimas de la solución final.
La compulsión a la repetición de hechos históricos, desgraciadamente se vuelve a representar ahora, no ya con judíos (malditos en su momento), sino con afganos, los malditos actuales. Esto acontece en tiempos de mayor sensibilidad a los Derechos Humanos, a mayor reconocimiento del "Otro" (la así llamada alteridad).
El paralelismo de los dos casos es extraño. Dos barcos de refugiados, dos Capitanes humanos, antisemitismo, racismo y discriminación racial.
Al tiempo de estos acontecimientos se desarrolla en Durban, Sud-África La Conferencia sobre el Racismo, donde perversamente el Secretario general de la ONU, el ghanés Kofi Annan «manda un mensaje claro contra la represión israelí». Annan calificó al Holocausto como un episodio abominable, pero esto no excusa, aseguró «los daños, ocupaciones, bloqueos y ejecuciones sumarias» a los que están sometidos los palestinos.
Mientras en altamar se desarrolla uno más de los episodios racistas de nuestros tiempos, el Secretario general de la ONU tergiversa la idea del Holocausto, o sea "La guerra de los nazis contra los judíos" ligándola en perversidad contra otra guerra contra los judíos, esta vez por palestinos.
Kofi Annan se olvida que los palestinos le han declarado una guerra de guerrillas a Israel, asesinando en muchos casos gente inocente, como se vio en las explosiones tanto a la discoteca en Tel Aviv, como a la pizzería en Jerusalem. Cuando Israel "legítimamente" (porque así es la guerra) elimina a líderes del mando intermedio palestino; lo hace en legítima defensa.
En el Medio Oriente no se trata de racismo o de discriminación, se trata de una guerra por llamarla de alguna manera, "convencional", entre dos pueblos en pugna. La ONU ya en una ocasión equiparó a "Sionismo con Racismo". Ahora de nuevo se pretende hacer lo mismo.
Como seres humanos y como judíos, debemos concientizarnos y protegernos, ya que parece ser que en lo humano "mientras más se cambia, menos se cambia". El lector deducirá desde lo individual a lo colectivo las medidas a tomar.

Esta es la labor del periodista.  


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