David Schwarz - Intelecto Hebreo

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27/09/2017
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David Schwarz

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David Schwarz


Por: Manuel Levinsky

Volar, imitar a las aves, remontarse a las alturas y salvar por el aire las distancias, ha sido un anhelo que la humanidad acarició desde sus primeras incursiones a la más primitiva técnica. Un antiguo relato de la mitología griega nos habla de Ícaro, hijo de Dédalo, quien para huir de la isla de Creta donde se hallaba prisionero del rey Minos, se valió del ingenioso procedimiento de adaptar a su cuerpo unas alas unidas por cera para volar por el aire, pero los intensos rayos del sol derritieron la cera y al desprenderse las alas cayó al mar Egeo, haciendo fracasar su sueño de volar como las aves y escapar de su captor.


Este afán de rivalizar con las aves y las nubes, prosiguió durante todo el desarrollo de la civilización y ya en los comienzos de la revolución tecnológica cuya fase más veloz nos tiene ahora asombrados, allá, por las postrimerías del siglo pasado, un inquieto judío llamado David Schwarz, de origen húngaro, fue el precursor de la aeronave rígida que tanta expectación causó llamada dirigible.
Nuestro personaje nacido en 1845 provenía de una familia muy ortodoxa judía y en un principio se ocupó en trabajar con su padre en el negocio del comercio de maderas de Sarajevo, Croacia.
En su mente se anidaba la inquietud por volar y, para lograr el fantástico propósito que su imaginación concebía, empezó a estudiar por sí mismo ingeniería mecánica cultivando las ideas fantasiosas de un Leonardo Da Vinci y de tantos otros ingenios que se preocuparon en épocas pasadas por la posibilidad de que el hombre navegue por el espacio.
Sus conocimientos fueron ampliándose con estudios ya muy serios de la aeronavegación. La fantasía de Julio Verne plasmada en su célebre novela "Cinco Semanas en Globo", su primer gran éxito publicado en 1862, fue transformada a fórmulas físico-matemática y valiosos diseños por David Schwarz, quien finalmente culminó su dedicación con el invento de un globo rígido de forma cilíndrica apto para dirigir su vuelo. Se convenció de que el material podría ser aluminio.
El ministro de guerra de Austria se interesó en el proyecto pero desgraciadamente no tuvo el dinero suficiente para financiar los experimentos requeridos. Debido a este obstáculo monetario, Schwarz se dirigió a Rusia donde le ofrecieron un cargo de ingeniero en el gobierno zarista. Allí construyó su primera nave aérea que tenía una estructura de aluminio y una cubierta como las utilizadas en los globos. Esto sucedió en el año de 1892.
A pesar de todo el esfuerzo elaborado por nuestro personaje, tan imaginativo experimento fracasó porque el material que se utilizó proporcionado por el gobierno ruso, fue de muy mala calidad y el dirigible no pudo ser llenado de gas.
Schwarz no cejó en su propósito de hacer realidad el proyecto que era el sueño de su vida y al que consideraba científicamente viable para convertirse en realidad. Los obstáculos nunca fueron para él motivo de desaliento. A finales de este mismo año de 1892, recibió una promesa de financiamiento por parte del gobierno alemán, por lo que tomó la decisión de trasladarse a aquel país donde reanudó sus trabajos referentes a la nave que había ideado, introduciendo en ella varias mejoras. No obstante, el prometido financiamiento fue postergado hasta 1897 dado que subsistía todavía cierta desconfianza por el fracaso habido en Rusia, a pesar de que el dirigible estaba listo para emprender vuelo.
Durante un viaje que este propio año efectuó a Viena, Austria, llegó a sus manos una sorpresiva carta con la magnífica noticia de que lo esperaban en Berlín donde se llevaría a cabo el anhelado vuelo de prueba de su nave. Nuestro aludido personaje que venía padeciendo de una enfermedad cardíaca, tuvo tal impresión con la buena nueva que murió de un fulminante ataque al corazón.
Su viuda, Melanie Schwarz, en memoria de su esposo, estuvo presente en la prueba de la nave, la cual prácticamente se convirtió en un homenaje póstumo a tan esforzado inventor. A este acto, además de prominentes representantes del gobierno de Alemania y destacadas figuras científicas, se encontraba presente el conde Ferdinand Von Zeppelin. Todos fueron testigos del exitoso despegue del dirigible el cual logró la proeza de mantenerse en vuelo 4 horas antes de caer a tierra.
Tan prometedor resultado hizo que el conde Zeppelin comprara a la viuda de Schwarz los planos y diseños de la nave, a la cual le introdujo sus propias modificaciones de las que surgió años después el famoso dirigible Zeppelin.
Es indudable que aunque la patente haya sido registrada por el conde Ferdinand, el creador y padre de esta aeronave rígida fue el incansable y visionario inventor judío que quedará para siempre consignado en las páginas de nuestra historia con el nombre de David Schwarz, nuestro creativo personaje de este mes.





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