Barón Mauricio de Hirsch - Intelecto Hebreo

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27/09/2017
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Barón Mauricio de Hirsch

Colección y Consulta

Barón Mauricio de Hirsch


Por: Manuel Levinsky

Hombre de grandes concepciones, financiero y empresario de renombre, de una generosidad tal que cambió el destino de miles de judíos oprimidos de la Europa Oriental, de personalidad impactante, de refinada elegancia en su manera de vivir y de una nobleza a lo gran señor, ese era el barón Mauricio de Hirsch, cuya fortuna se estimaba entre las más grandes del mundo de su tiempo.
Tan singular personaje nació en Münich, Alemania, en 1831, descendiente de una notable familia de banqueros; su abuelo fue el célebre barón Jacob von Hirsch, financiero distinguido durante las guerras napoleónicas. La inmensa fortuna del barón Mauricio de Hirsch procedía de sus fabulosas empresas ferroviarias que se extendían por Austria, Los Balcanes, Turquía y Rusia, y de su participación en empresas mineras y azucareras.
Sus primeros años los pasó en el país de la alta Bavaria, en medio de una atmósfera judía y con una educación esmerada que le dieron sus padres, personas extraordinariamente inteligentes. Nuestro personaje desde joven tuvo una notable inclinación hacia el bien de sus semejantes y le impresionaba mucho la desgracia de sus hermanos judíos que los veía pasar en camino hacia el Oeste en busca de mejores condiciones de vida. No perdió contacto con ellos. Más tarde, en sus viajes al oriente del continente europeo, adquirió nociones más precisas sobre la mísera situación en que se encontraban sus correligionarios.


En la tarea de aliviar los sufrimientos de los perseguidos lo ayudó su esposa Clara Bischoffisheim con quien contrajo matrimonio. Ella era hija de un senador y banquero de Bruselas, Bélgica, ciudad en la cual se estableció en 1885. Sus actividades fueron de suma importancia para la industrialización y el desarrollo económico de la Europa Central y Meridional.
Dolido por las pésimas condiciones de vida de la mayoría de los judíos en Los Balcanes y en Rusia, donó 12 millones de francas oro a la Aliance Israelite Universelle, la primera organización judía mundial fundada en Francia en 1860, cuyo objetivo era luchar por la emancipación y la igualdad de derechos de los judíos en cualquier parte del mundo. Las escuelas fundadas por esta organización, capacitaban al alumnado en sus cursos superiores para el trabajo productivo. Estas escuelas estaban abiertas también a cristianos en momentos en que en Viena, Austria, los antisemitas querían excluir a los alumnos judíos de los colegios del Estado. El barón de Hirsch consideraba que la mejor filantropía es la encauzada a abrir fuentes de trabajo y capacitar a los necesitados para las labores productivas. Tenía la convicción de que dar simplemente limosnas lo único que hace es crear más mendigos. Su teoría la podríamos representar en este pensamiento: "Si a un mendigo le das un pez, le darás de comer un día pero si le enseñas a pescar le darás de comer toda la vida".
Nuestro personaje sostenía también la idea de que es falso de que los judíos son aptos únicamente para el comercio y como ejemplo se remontaba a los tiempos de Cristo, cuando el pueblo judío era agricultor por excelencia ya que el comercio en aquella época estaba en manos de los fenicios, de los griegos y de los pueblos de los estados mediterráneos. Cuando los judíos son políticamente independientes saben cuidar sus campos, conducir sus rebaños en pastoreo y crear sus propias artesanías. En la época actual se ha confirmado la opinión del barón, al comprobar el milagro agrícola que ha tenido lugar en pleno desierto en el Estado de Israel.
Después de un cuidadoso estudio para llevar a cabo sus planes de salvar de la opresión a sus hermanos, los judíos de la Europa del Este, llegó a la conclusión de que la República Argentina, Canadá y Australia eran los países que ofrecían mejores condiciones para la colonización. Mientras planeaba la emigración, recibió el golpe más dramático del destino al sufrir el matrimonio Hirsch en 1887, la pérdida de su único hijo, Lucien, quien contaba a la sazón con 30 años de edad. Después de esta gran tragedia, pronunció las siguientes palabras: "He perdido a mi único hijo, mas no a mi heredero. La humanidad recibirá mi herencia".




De acuerdo con esta noble decisión se encomendó de lleno a la obra humanitaria de ayudar a los refugiados judíos creando en 1891 la Jewish Colonization Association, con un capital de 10 millones de dólares, aumentado posteriormente a 36 millones.
Su hombre de confianza, el profesor Leventhal de Lausana, Suiza, le recomendó la colonización en Argentina, donde ya existían algunos colonos en precaria situación económica debido a la falta de fondos y de preparación adecuada, por ello dio un fuerte impulso a la emigración hacia aquel país sudamericano y salvó de la miseria más terrible a cientos de miles de judíos perseguidos de la Rusia zarista, de Polonia, Rumania y Alemania. Así fue como se formó la grande y próspera comunidad judeo-argentina. El nombre del barón de Hirsch fue bendecido y su retrato colocado en lugar de honor de infinidad de casas judías.
Teodor Herzl atraído por las grandes obras filantrópicas del barón de Hirsch, se acercó a él para solicitarle ayuda para la colonización de Eretz Israel. El barón no compartió la idea de Herzl a la que calificó de fantasiosa, diciéndole que consideraba utópico llevar a cabo asentamientos humanos en pleno desierto. Sin embargo, más tarde se dio cuenta de que Herzl era, en efecto, un visionario y lo que parecía imposible sí podía hacerse gracias a la facultad creadora del pueblo judío. Hirsch al igual que Herzl estaba convencido finalmente de que el problema judío podía ser solucionado solamente con una patria nueva que podía ofrecer condiciones favorables para una inmigración en masa.
Por desgracia el barón ya no tuvo tiempo de rectificar, toda vez que lo sorprendió la muerte en Hungría en 1896, un año antes de que Herzl proclamara el establecimiento de un Estado Judío en el Primer Congreso Sionista de Basilea, Suiza, en 1897.
La judeidad del mundo entero lloró la desaparición de tan notable benefactor. Se calcula que los donativos totales del barón Mauricio de Hirsch y su esposa Clara, llegaron a la impresionante suma de 105,000,000 (ciento cinco millones de dólares), pero todavía más importante que esta montaña de dinero fue la benéfica acción de Hirsch de levantar ánimos decaídos y de introducir esperanzas de nueva vida a enormes sectores de población judía en varias partes de nuestro planeta.




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