Arreglar el mundo, ¿una obsesión judía? - Intelecto Hebreo

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27/09/2017
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Arreglar el mundo, ¿una obsesión judía?

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Arreglar el mundo, ¿una obsesión judía?


Por: Tzila Chelminsky (Israel)

Uno de los temas que siempre ha despertado mi curiosidad es la gran proporción de judíos que han militado en los movimientos de protesta y de justicia social. Para limitarnos a la época moderna, el cuadro abarca desde Karl Marx, con su teoría de la lucha de clases y sus ideales de igualdad social, en los cuales se basaron los regímenes comunistas del siglo XX, hasta la gran proporción de judíos desaparecidos en la Argentina en la lucha contra la dictadura militar.
Parecería existir un común denominador entre los radicales e idealistas judíos, desde Marx y Lazar Kaganovich hasta Rosa Luxemburgo y Ana Pauker. ¿Se trata de una obsesión social judía? Y si es así, ¿se ha desarrollado ésta como respuesta a siglos de obsesión cristiana en contra de todo lo que fuese judío? Los activistas por una sociedad justa creyeron que en ella encontrarían también una respuesta contra el antisemitismo y la discriminación.
Se podría hablar de un virus de '"tikun olam", que atacó tanto a los cabalistas medievales como a los ardientes comunistas, a los ingenuos capitalistas y a los estrategas del Medio Oriente, con una actitud casi soberbia por asumir la responsabilidad divina y tratar de arreglar el mundo. Este virus apareció también en los ambientes musulmanes donde se desarrolló el misticismo judío a fines de la Edad Media. Los estudiosos judíos de la época llegaron a la conclusión que los sufrimientos de su pueblo se debían a que la creación misma se había desvirtuado, y era responsabilidad judía tratar de repararla y colocarla en el camino correcto.
Toda esa teoría de una creación descarriada se dejó sentir en la psicosis de falsos mesías como Shabetai Zvi, cuyo perjuicio tanto a sus seguidores como a la idea mesiánica misma se percibe hasta el día de hoy. El Prof. Gershon Sholem, experto en Cábala, asevera que ese fenómeno sacudió las paredes del ghetto desde adentro, mucho antes de que las fuerzas seculares lo destruyesen desde afuera. En cualquier caso, una vez fuera del ghetto un gran número de judíos se propusieron no sólo cambiarse a sí mismos, sino también al mundo entero. Al aparecer los movimientos que trataban de encontrar soluciones de justicia e igualdad social, los judíos hicieron su aparición en ese escenario en número significativo y desproporcionado a su presencia en la población total. Como si, junto con la leche materna, hubiesen absorbido la idea de que había que reparar el mundo. Al mismo tiempo, también traían consigo los valores judíos de un pueblo orientado hacia el estudio, un serio sentido de responsabilidad comunal y la busca de soluciones para mejorar la vida en este mundo y no sólo esperar la recompensa divina.
Y así aparecen Ferdinand Lasalle, el padre del socialismo utópico en Francia, y Rosa Luxemburgo, luchadora por los derechos de los trabajadores en Alemania y Polonia. En los primeros soviets supremos se destacan luchadores y líderes como Trotsky (León Davidovich Bronstein), Lazar M. Kaganovich, Grigori Zinoviev, Lev Kamenev y Yakov Sverdlov. El hecho de que Trotsky fuese judío jugó un papel importante en la antipatía que le profesaba Stalin. Pero junto con sus diferencias personales había discrepancias ideológicas auténticas entre ellos: Stalin quería fortalecer los logros revolucionarios en su país mientras que Trotsky sostenía que había que exportar e imponer el comunismo en todo el mundo.
La tragedia se ensañó sobre todos estos visionarios que, alrededor de Lenin, trataron de corregir el mundo. Todos ellos fueron liquidados por Stalin, al igual que otros ideólogos fuera de la Unión Soviética, como el húngaro Bela Kuhn y el checo Rudolf Slansky. Es cierto que las purgas fueron irracionales y sus víctimas fueron en su mayoría no judíos; pero persiste el hecho de que esos ideólogos fueron judíos y sus enemigos y aniquiladores no lo fueron.

El caso de Ana Pauker es uno de los más trágicos. Nació y se educó en Rumania como judía ortodoxa con el nombre de Hanna Rabinoff. Su marido fue liquidado por Stalin mientras visitaba la Unión Soviética. Después de años y torturas en la cárcel, llegó a ser Primer Ministro de su país y la primera feminista del mundo, a tal grado que la revista "Time" consideró a esta ex-maestra de hebreo la mujer más poderosa de su época. A la edad de 52 años fue despojada de todos sus poderes, acusada de traición, y murió bajo arresto domiciliario desposeída y olvidada.
Situaciones similares se presentaron entre los judíos capitalistas que trataron de cambiar el mundo. En Alemania, Walter Rathenau, filósofo amateur, heredero del conglomerado AEG, trató de imponer una sociedad planificada y una prohibición en la producción de bienes de lujo, para que el capital privado se pudiese utilizar en la mejora de la situación espiritual. Dirigió la economía alemana durante la Primera Guerra Mundial y posteriormente fue nombrado Ministro del Exterior. Paradójicamente, fue asesinado por ser judío, a pesar de que estaba convencido que la asimilación era la solución al problema de su pueblo.
En Francia no olvidemos a los socialistas León Blum y Edward Berenstein. Hoy en día, un caso destacado es el genio financiero George Soros, quien, quizá por su origen humilde, ha criticado la injusticia capitalista y se propuso, a su manera, corregir el mundo. Primero financió grupos democráticos como el de Solidaridad en Polonia y el Charter 77 en Checoslovaquia; ayudó a mejorar la administración en el bloque postcomunista y empezó a financiar proyectos de infraestructura en el Tercer Mundo. Este esfuerzo, que requiere billones de dólares, lo ha convertido en el inversionista extranjero más grande del mundo después de Japón y los Estados Unidos.
Es trágico que todos estos esfuerzos sólo hayan provocado antisemitismo, como en los casos del capitalista Henry Ford, el comunista Stalin, y el líder de Malasia que atribuye a Soros todos los males que han aquejado a su país. Ojalá no llegue el día en que todos los que se oponen a la globalización liguen el excesivamente alto perfil de "tikun olam" de Soros con el de otros jugadores importantes de la economía global como Stanley Fischer del Fondo Monetario Internacional. James Wolfensohn del Banco Mundial, y el amo de la Reserva Federal americana Alan Greenspan.
El caso de Argentina es ilustrativo. De aproximadamente 25.000 desaparecidos perseguidos por el gobierno militar, un 10% eran judíos, número desproporcionado en relación a su porcentaje en la población argentina.
Si Dios hubiese querido que los judíos tratasen de componer el mundo, los hubiese dejado en Egipto y no los habría hecho vagar 40 años por el desierto. El movimiento sionista fue el único que trató de encontrar una solución al problema judío sin tratar de arreglar el mundo entero. Asumió que al haber un hogar nacional se impondría en él la justicia social y el antisemitismo se solucionaría. En realidad, a pesar de la existencia del Estado de Israel, el antisemitismo no sólo no ha desparecido sino que ha aumentado de manera alarmante.

¿Fueron también soñadores
los padres fundadores del sionismo?

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