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27/09/2017
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André Spire

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André Spire


Por: Manuel Levinsky

En el ámbito de la literatura francesa es muy difícil llegar al pináculo. Sobre todo si se arriba tarde pero el hecho de encontrarse a sí mismo, de saber cual es su camino en la vida proporciona a los seres humanos una fuerza y una tenacidad increíbles para lograr las grandes metas trazadas. Así fue como André Spire, poeta y escritor judío francés, proveniente de una familia acomodada brilló con luz propia, en un mundo estremecido por el affaire Dreyfus que le dio la pauta a su verdadero destino.

Nuestro personaje nació en Nancy, Francia el 28 de julio de 1886. Sus antepasados se establecieron en esta ciudad cuando era la capital del gran ducado de Lorena. En su familia figuraron hombres tan prominentes como Jacobs Callot, pintor y grabador maravilloso que fuera maestro de Goya y Picasso y de Abraham Spire que fue Presidente del Tribunal Rabínico de la comunidad de Metz de Nancy. El  padre de André fue abogado de la Cámara de Apelaciones de su citada ciudad natal.

André recibió una educación esmerada y mientras cursaba sus estudios veía a los obreros que cumplían jornadas agotadoras a cambio de un salario que apenas bastaba para sus necesidades más apremiantes y ello hería su sensibilidad prometiéndose que nunca sus escritos serían para entretener a los lectores sino que su meta sería el de despertar inquietudes de justicia social.

A los 18 años termina su bachillerato en el Liceo e inició sus estudios de Derecho, Ciencias Políticas y Letras. Al término de su carrera asume la administración de los más elevados cargos en los ministerios de Trabajo y Agricultura. Al mismo tiempo empezó a distinguirse como literato y exquisito poeta, logrando que sus poemas tuvieran resonancia en el mundo literario francés introduciendo la modalidad de verso libre, basado en el ritmo propio del lenguaje, en la música de las palabras y en su simbolismo para presentar en forma escueta, casi monosilábica, bellezas de pasión y de pensamiento.

En todo este trayecto de su vida, André había mostrado poco interés por los asuntos  judíos, pero el caso Dreyfus lo sacudió y avivó su temperamento impetuoso, participando en revueltas callejeras, ocupando tribunas y escribiendo páginas vibrantes que le ocasionaron la pérdida de su cargo como jefe de despacho del Ministerio del Trabajo. Él se encontró cesante pero el judaísmo ganó un combatiente ilustre y un gran poeta. Spire se interesó profundamente por la obra de Herzl, por los problemas judíos en general y por el territorialismo preconizado por Israel Zangwill. Este escritor encaró el problema judío con un criterio concreto e inmediato. Ante los horrendos pogroms que se produjeron en la Rusia zarista y ante la situación insegura en que se encontraban los judíos, en la mayoría de los países europeos, Zangwill tuvo la convicción de que no era conveniente aguardar a que Palestina volviera a convertirse algún día en una patria judía. Era menester crear un hogar nacional en los países que ofrecieran posibilidades para ello. Y cuando en 1904, Gran Bretaña propuso a los judíos el territorio de Uganda, África, para que construyeran allí, bajo su amparo un hogar nacional, Zangwill fue uno de los que aceptaron esta idea en el Sexto Congreso Sionista. También Herzl era inicialmente partidario de esta misma idea. Zangwill, el creador del Partido Territorialista Judío, ejerció una gran influencia sobre Spire.

Como se sabe en el caso Dreyfus, a finales de 1897, fue denunciado el verdadero autor un mayor del ejército, el húngaro de nombre Estherazy lo cual originó que el 13 de enero de 1898, Emilio Zolá, dirigiera al Presidente de Francia, M. Félix Fauré su famosa carta Yo acuso que conmovió a la opinión francesa, e hiciera ver a André Spire su verdadera personalidad. Zolá fue condenado a un año y cuatro meses de prisión y a pagar mil francos de multa. El eminente escritor Jules Renard, el autor de Pelo de Zanahoria, escribe el 23 de febrero de 1898: Declaro que me siento asqueado de todo corazón, desbordante de asco por esa condena de Emilio Zolá. Que jamás volverá a escribir una línea en L'Echo de París. Juro que Zolá es inocente y que no tengo ningún respeto por los jefes de nuestro ejército. Este suceso reavivó en Spire su temple y su identidad.

Nuestro personaje fue el primer judío, y durante mucho tiempo el único, que sirvió al ideal sionista en Francia, precisamente en una época en que el sionismo era como una espina en los ojos de los asimilacionistas. En 1919, durante la Conferencia de Paz, en Versalles, Spire se presentó ante los líderes y expuso sus exigencias sionistas después que lo hicieran Weizmann, Sokolov y Ussischkin, en abierta contradicción con lo expuesto por el antisionista Silvain Levy, de la Alliance Israelite Universelle. Spire no sólo se batió por Dreyfus. Estuvo junto a Zangwill, junto a Max Nordau, junto a Weizmann, quien, no bien llegaba a París corría en busca del poeta.

André Spire había escrito dos años antes, en 1917, el poema Econte Israel que fue considerado una Marsellesa judía. Los sionistas acogieron fervorosamente la canción, galvanizados por su acento pionérico y por su llamado final ¡Israel a las Armas! También escribió sus Poemas Juifs dedicados a los que viven, luchan y mueren por la dignidad judía. Estos poemas tuvieron una fuerza más poderosa que los artículos periodísticos o los discursos. Su objeto era abrir los ojos a quienes más amaba, fustigarlos, despertarlos, devolverles la conciencia de su fuerza y de sus derechos, para defenderlos mejor, para infundirles coraje, para salvarlos.

A comienzos de 1920, Spire acompañó al Dr. Weizmann a Palestina. Allí negociaron con el general Couraud, Alto Comisionado de Francia en Siria, y regresó radiante y satisfecho del viaje. Al año siguiente aparecía un poema dramático suyo, ilustrando su preferencia por los luchadores, por los que no se doblegan. Su título Samuel. Su ideal central: la negación del pecado original.

Habiendo enviudado de su primera esposa Gabriela, nuestro personaje contrajo segundas nupcias pasados los 72 años con Therése Marnix, de quien tuvo una hija Marie Brunette, talentosa profesora y distinguida mujer.

Hombre de enorme capacidad de trabajo y terriblemente inquieto, alternaba su permanencia en París con cuatro meses de vacaciones campestres en Avaray. Se acercaba a los 90 años, cuando fue atropellado por un automóvil en una calle de París, sufriendo la fractura de la tibia, de cuyo accidente no se recuperó totalmente, viéndose obligado a usar bastón por primera vez en su vida.

Entre las muchas interesantes anécdotas que se cuentan de su vida, vale la pena mencionar la que sucedió en 1908, cuando los restos de Emilio Zolá fueron trasladados al Panteón Nacional. Un fanático antisemita, disparó contra Dreyfus que asistía a la ceremonia y fue precisamente André Spire quien haciendo gala de admirable sangre fría y valor, desarmó al peligroso sujeto.



Después del fallecimiento de nuestro brillante personaje, el literato Edmund Fleg, escribió: Spire supo condensar en sus poemas, una franqueza temeraria y bajo una forma perfecta, esos sentimientos aparentemente contradictorios que conceden a tantos judíos de hoy un alma tan compleja. Inquietudes, nostalgias, tentaciones, debilidades y heroísmos.

El poeta argentino César Tiempo se expresó:

Si alguna vez existió en el mundo un poeta de porvenir,
ese poeta fue André Spire, judío universal.


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