Andre Citroën - Intelecto Hebreo

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27/09/2017
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Andre Citroën

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Andre Citroën


Por: Manuel Levinsky

Un hombre verdaderamente extraordinario, que parece de leyenda, fue Andre Citroën. Su apellido lo dice todo porque la marca Citroën de automóviles ha subsistido hasta nuestra época. Este genial hombre de empresa dotado de un dinamismo fuera de serie provenía de una familia judía holandesa radicada en París, donde nació el 5 de febrero de 1879.

Este singular personaje de muy alto coeficiente intelectual, estudió en el Ecole Polytechnique donde realizó brillantemente la carrera de ingeniero industrial. Terminados sus estudios luchó denodadamente por ganarse la vida y ya para 1908, a las edad de 29 años, después de una ardua labor en la que concurrieron elementos básicos de visión en los negocios y tenacidad en el trabajo para reunir recursos suficientes para comprar la compañía de automóviles Mors que se encontraba en una situación económica crítica y que producía sólo 125 automóviles por año. Gracias a su empuje empresarial ya para 1914, Citroën incrementó la producción a 1200 automóviles anuales.
En este año estalla la Primera Guerra Mundial y el ingeniero Citroën se enrola en el ejército como teniente de artillería. En esta rama ingenieril militar le propuso al Ministro de Guerra, que aumentara la producción de municiones en tal forma que cubriera las necesidades del país. Como resultado, el gobierno francés le encomendó la responsabilidad de supervisar la producción de armas. Ya en tan alto puesto desplegó su actividad característica y de inmediato envió ingenieros a los Estados Unidos para comprar maquinaria con la que estableció una gran fábrica en Quai de Javol, donde produjeron 28 millones de proyectiles para el ejército francés. También creó bodegas especiales para que los soldados pudieran adquirir productos alimenticios y otros artículos indispensables para sus necesidades. Asimismo, una tarjeta especial para su compra y así evitar confusiones. Incansable, reguló la distribución de carbón y reorganizó el servicio postal del ejército. De acuerdo a lo publicado por el periódico New York Times, a Citroën se le debe más que a ninguna otra persona, la victoria francesa al asegurar una producción constante de municiones y una excelente organización del ejército en varios aspectos fundamentales.
La dirección de Citroën en la fábrica de municiones le enseñó lo importante que era la producción en serie para la industria y después de siete meses de terminado el conflicto, convirtió su fábrica en una planta de fabricación de automóviles. El propósito era producir un vehículo económico en masa y así fue como salió a la venta un auto de 10 caballos de fuerza que popularizó el uso del automóvil en Francia. La fábrica promedió 30 automóviles por día en 1919, de 300 en 1924 y esta cifra creció en forma espectacular hasta alcanzar las necesidades del mercado nacional y para exportación. En esta etapa, fueron producidos dos modelos, un pequeño automóvil de cuatro cilindros y otro de seis cilindros, ambos muy económicos. En 1928, el consorcio automotriz Citroën, ya tenía 10 fábricas que empleaban a 30,000 trabajadores. En una labor vertiginosa, nuestro personaje se encargaba del aspecto financiero, del diseño y de los sistemas de manufactura y de ensamble.

Citroën visitó los Estados Unidos en tres ocasiones, en 1912, en 1923 y en 1931. Conoció a Henry Ford con quien hizo una gran amistad. Al igual que Ford, era de opinión que la mejor manera de obtener una buena utilidad era a través de una producción en masa eficiente y con pequeño margen de utilidad por automóvil.
Citroën manejó con acierto una intensa publicidad que implicó la apertura de rutas en África que iban a través del desierto del Sahara. El resultado fue que se enlazó Argelia con África Occidental, posteriormente a Nigeria, el Congo Belga hasta la Ciudad del Cabo, en 1932, Citroën y la Sociedad Nacional de Geografía patrocinaron la expedición de Georges Hoardt en la que una caravana de 800 vehículos realizó el viaje a Beirut, Líbano hasta Pekín, China.
Nuestro personaje contribuyó también a muchas obras sociales en Francia. Ayudó a organizar el sistema de tráfico y el funcionamiento de los semáforos de París. Asimismo fue responsable de mejorar el servicio de autobuses foráneos.
No obstante tan maravilloso auge, al igual que muchos otros grandes empresarios, Citroën se vio afectado por la terrible depresión que azotó a Francia en la década de los 30. La competencia de otros fabricantes de automóviles y la baja de ventas redujeron su producción a 58,000 vehículos por año. En diciembre de 1934 sobrevino el colapso del enorme consorcio, dejando en la calle a más de 20,000 trabajadores. La caída de la empresa Citroën fue considerada como el mayor desastre industrial en la historia francesa. El New York Times lo calificó de la siguiente manera: "El auge y la caída de la Casa Citroën es una de las más dramáticas historias en la industria moderna". Citroën fue forzado a entregar sus acciones a su mayor proveedor Pierre Michelin, el dueño de la compañía más grande de llantas marca Michelin.
Se considera que las grandes facultades empresariales del ingeniero Citroën, su visión de los negocios y su capacidad de trabajo, hubieran podido sobrepasar la crisis, pero su salud grandemente mermada y su inclinación al juego, ya que era ferviente asiduo a los casinos de Biarritz y Montecarlo le impidieron reconstruir su imperio industrial.
Citroën tuvo con su esposa tres hijos, dos varones y una mujer. Su enfermedad lo postró en los últimos meses en una cama de hospital de París donde finalmente falleció en 1935 a la edad de 57 años, dejando una huella tan grande que se puede afirmar que un año antes de su muerte, un tercio de todos los automóviles que circulaban en Francia eran Citroën.


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